El crimen gana cuando la sociedad calla y abandona el espacio público. La paz llega cuando los ciudadanos recuperan la idea de lo común: la calle, la plaza y la ley son de todos. Sin participación ciudadana, la legalidad nunca será la opción más fuerte.
La señora Sheinbaum y todo su narco régimen llevan meses tratando de poner su mejor cara, para convencerte de que están tranquilos y de que todo lo que ha sucedido es normal.
México envía alimentos y combustible; el régimen cubano administra la escasez. La ayuda no empodera al ciudadano, sostiene al sistema. La verdadera solidaridad no es subsidiar la ineficiencia, sino exigir libertades civiles y económicas para que los cubanos recuperen su futuro.
De Pemex al Infonavit, de fiscalías al sistema electoral, el reciclaje de perfiles es constante. Algunas ideas y personas ya fueron probadas y fracasaron. Insistir en ellas no es transformación: es repetir errores con otro discurso. Y en justicia, como en la basura, lo que huele mal no se vuelve limpio por decreto.
El arte de legislar, de convencer y de entender muchas problemáticas se ha eliminado por el dominio total, y la falta de necesidad de lo anterior, para pasar lo que a la administración más le convenga.
La reforma electoral no debe decidirse solo desde la clase política. Reducir costos exige una revisión pareja del sistema, no solo ajustes que protejan intereses partidistas. Este es un momento clave para informarnos, debatir y ejercer una oposición ciudadana activa antes de que la decisión esté tomada.
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