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 La palabra riqueza se volvió una palabra sucia. No tiene importancia que el diccionario de antónimos establezca que el antónimo de pobreza sea riqueza.
La inquietud y el miedo ante lo desconocido genera adrenalina que bien canalizada da una fuerza emocional útil para superar situaciones difíciles.
Algunas personas no creen en la información sobre el COVID-19, esto es consecuencia de que en el tiempo se han difundido verdades deformadas.
El gobierno federal no ha actuado con transparencia le ha faltado actuar responsablemente ante la presencia del COVID-19.
En México hay un sector para el que las mujeres no tienen importancia: es el que conforma el gobierno federal encabezado por el presidente de la República.
Los grupos radicales feministas incitan a la violencia para reclamar por los conflictos sociales. Con la violencia llaman la atención mediática.
El desprecio por la vida forma ya, tristemente, parte del paisaje. Es un dato para la estadística.
Hoy podemos corroborar que la frase de “Al diablo las instituciones” fue real, era una frase que llevaba un mensaje claro de la forma de pensar de AMLO.
Ante los feminicidios que vive México, la sociedad civil exige que se haga justicia y se castigue a los delincuentes responsables de los crímenes.
Entre los puntos presentados por Miguel Gallardo, vicepresidente nacional de Coparmex, se encuentra aislar el proceso de cálculos políticos, paridad de género, establecer metas y criterios, entre otros.
AMLO ha hecho una mezcla de todas las formas de gobierno para desubicar al ciudadano, para volverlo incrédulo y apático y todo a su favor.
La autoridad moral del presidente es falsa y se está convirtiendo en la concentración de poder más excesiva que hayamos vivido en décadas.
AMLO no entiende que ya no está en campaña, no entiende que lo que dice y hace tiene repercusiones en la vida diaria de los mexicanos.