¡No se vale solo quejarse!

Hemos caído en el paternalismo y el victimismo, actitudes que se retroalimentan mutuamente. 



Hoy en día sobran los motivos para estar enojados e indignados, Aumentan los impuestos, sube la inflación, trabajamos más horas, cobramos menos, se alarga la edad de la jubilación y el riesgo de perder el empleo se incrementa.

Escuchamos y vemos constantemente los fraudes, escándalos y violencia públicos y privados que están sucediendo en nuestra sociedad. Frente a este panorama nos surge el miedo y la confusión, una especie de virus que es muy contagioso.

Y como reacción de la mayoría, esperamos que de algún modo el gobierno o quienes encabezan las instituciones se encarguen de solucionar nuestros problemas. Hemos caído en el paternalismo y el victimismo, actitudes que se retroalimentan mutuamente: alguien es quien está protegiendo y dando, y la otra parte recibe tranquilamente sin hacer nada.

¡Tenemos que salir de esta situación y hacer algo! ¡No se vale solo quejarse! Como bien afirma George Bernard Shaw: la libertad conlleva responsabilidad. Por eso, a la mayoría de personas, les aterroriza.

En el artículo escrito por Alberto Vázquez en la revista el País sobre este tema, el autor menciona cuatro estados anímicos que presentan las personas que quieren cambiar el orden social:

– El primero es el que hace más ruido; de ahí que sea el más conocido: la indignación. Y aparece cuando sentimos que las decisiones y los actos de otras personas o instituciones perjudican nuestros intereses. Esta emoción mueve a la queja y la protesta, que ponen de manifiesto el creciente malestar de los ciudadanos, pero no suelen cambiar el modo en que funciona la sociedad.

– Surge entonces el segundo estado anímico: la frustración, que es el sentimiento de decepción que nos invade cuando no se cumplen nuestras expectativas. Nos sentimos sin fuerza ni energía para seguir combatiendo.

– Y esta frustración se convierte en un tercer estado de ánimo; la resignación, en la cual experimentamos una impotencia por no poder cambiar el sistema en que vivimos.

– Y con el tiempo, está emoción cambia y llegamos al cuarto estado de ánimo que es la indiferencia. Nos volvemos insensibles, tratando de que lo que pasa a nuestros alrededores nos afecte lo menos posible.

Esto es muy grave y preocupante, porque dejamos de luchar por nuestra sociedad. Necesitamos comprender que la manera en la que el mundo ha venido funcionando está cambiando.

Debemos de experimentar un cambio de mentalidad, en el lugar en que vivas y convivas debes de hacer lo que te corresponde para mejorar el ambiente que estamos viviendo. No es fácil. El primer paso es atrevernos a asumir la responsabilidad u el protagonismo de resolver por nosotros mismos nuestros propios problemas laborales, financieros y personales.

Como bien nos dijo Ghandi: sé tú el cambio que quieres ver en el mundo.

Ha surgido una nueva tendencia ciudadana el movimiento de los responsables, que están adoptando una visión más proactiva. En vez de preguntarse qué puede hacer el gobierno o las empresas por ellos, invierten su tiempo y energía en reinventarse profesionalmente y superarse.

Te invito a seguir su ejemplo. El quejarte, protestar y culpar a los demás no va a traer ningún cambio en la sociedad. Lo que sí podemos modificar es nuestra mentalidad, nuestra actitud y nuestras decisiones. Este camino sí depende de nosotros, de nuestro esfuerzo, talento y compromiso.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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