A propósito de fábulas

El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren.


Obrador


Invitación a leer

Mis preciosérrimas lectoras y gallardos lectores se manifiestan sorprendidos, porque jamás pensaron –señalan en sus tuits, perdonando la tropicalización del neologismo– que el ciudadano presidente fuese devoto de la lectura. Las recientes declaraciones del mandatario evidencian sentidos diferentes, en particular, cuando el mandatario recomienda a Esopo (//www.animalpolitico.com/2019/11), el tartamudo y jorobado fabulista del siglo VII a C, cuya existencia –sostienen los que dicen que saben– es semilegendaria.

Semejanza

Este escribano se niega a comparar al presidente con el fabulista, porque, de entrada, no es jorobado y aunque, eventualmente, sus manos se muevan más rápido que las ideas que expresa verbalmente, no puede darse una comparación cercana entre ambos.

Sin embargo, es necesario develar algunos secretos del arcano. Según Harolda Lasswell, uno de los más grandes gurús de la comunicación y base fundamental para la comunicación políticas, sostenía en su modelo, la importancia de identificar el efecto que el mensaje conlleva. Los comentócratas usualmente buscan al destinatario a quien va dirigido el obús; y este amanuense pontifica: En política, las improvisaciones se planean, y las espontaneidades se programan.

En otros términos, cada vez que el mandatario mexicano abre la boca, valen la pena varios ejercicios: Primero, agáchese el que pueda; segundo, ¿con quién se va a desquitar, sea chico o sea grande?; y tercero, las repercusiones: denuncias de Santiago Nieto, resoluciones de su señoría Delgadillo Padierna, torpedos de Fernández Noroña, o chistoretes bonillescos de doña Olga Sánchez Cordero.

¿Qué dijo que dijo?

De “Las ranas pidiendo rey” se desprende la grandiosidad de la moraleja, bastante bien adaptada a la realidad política nacional. Veamos, moraleja: A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de uno emprendedor, pero malvado o corrupto.

Aquí no hay la más mínima oportunidad para los Huertas, los Francos, los Hitler o los Pinochet. El México de hoy no es tierra fértil para el genocidio ni para canallas que lo imploren.

En la fábula, don Esopo explicó que Zeus, primero le envió a las ranas algo rígido, duro, inamovible e inexpugnable para gobernarlas. Resultado: las ranas se quejaron de todas esas cosas. Zeus se molestó y les mando una serpiente que una a una, se fue comiendo a todas las ranas.

Novena entrada de la moraleja macuspanensis

Al elegir a un gobernante, se dijo, hay que escoger a uno sencillo y honesto, no al emprendedor malvado y corrupto.

Esto adquiere una gran coincidencia con otro aserto presidencial: Para gobernar se necesita ser 90% honesto y 1% capaz. El mensaje fue un bumerang: el presidente es sencillo y honesto: solo posee un billete de 200 pesos, va en avión comercial, y lo protege el pueblo –porque los escoltas también son pueblo– en hummer artilladas y camionetas blindadas hasta las orejas.

La otra parte del mensaje fue más intensa, por decirlo amablemente. Todos los emprendedores y empresarios son malvados y corruptos, aunque hayan tenido –todos– primera fila en el Informe V.I.P. de Gobierno, y todavía no se cumpla la promesa de “separar” el poder político del poder económico. O sea, Salinas Pliego, Salazar, Romo y Slim, Deschamps, Napito, la Maestra o José María Riobóo, deben ser extraterrestres.

Bola ensalivada

Aunque no sea del todo cierto, tiene su parte de verdad. Hay una parte de la población que respalda, todavía, las decisiones presidenciales; así como hay chairos arrepentidos y mexicanos que, de plano, no comulgan con ruedas de molino.

¿A quién se dirigió la patada en la espinilla, cuando el presidente asegura que, no existe ninguna posibilidad de un golpe de estado que, desde luego, le pegaría a él en primer término?

Un destinatario lógico sería el Ejército y la Marina, tan humillados, vilipendiados, bocabajeados y reducidas sus funciones, por órdenes de su comandante supremo, a corretear migrantes en vez de ejercer la labor constitucional que les fue conferida. ¿Habrá otro más? El escribano sólo pregunta, porque otra “fábula” mexicana sostiene: “Óyelo, Pedro, que te lo digo a ti, Juan”.

 

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