Mesa en familia y mesa en sociedad

Es necesario recuperar la importancia de la comida familiar, cuidar la calidez del trato, la conversación estimulante y los platillos de gusto general.


Mesa servida


Hay pueblos que valoran muy especialmente el bienestar y la distención que ofrece una buena comida, por eso, se apoyan en esta realidad para ofrecer un menú cuidadosamente preparado para, en torno a ese ambiente, lograr la firma de importantes convenios.

Hemos de detenernos en los beneficios de una mesa preparada para hacer pasar un rato de disfrute y para lograr beneficios. Obviamente se excluye cualquier intento de ganar la partida de mal modo, por ejemplo, no se trata de aprovecharse del otro con excesos de comida o de bebida.

Hay tres necesidades básicas que son casa, vestido y sustento. A partir del sustento, convendrá reflexionar en la relación con las otras dos. En la familia estos tres aspectos son asuntos importantísimos a los cuales el padre y la madre han de atender, son parte de sus responsabilidades. El alimento es en convivencia, la madre alimenta al recién nacido.

Poco a poco se incorpora a los pequeños a la mesa familiar y así adopta una cultura, un ritual propio de cada hogar: el uso de los cubiertos, el modo de llevar el alimento o la bebida a la boca, el orden de los platillos. La atención a los demás y el aprender a compartir o ceder lo mejor para el disfrute de otros.

Todos estos detalles forjan aspectos del carácter y capacitan para la vida extra familiar. En la casa se adquiere soltura para entender los rituales sociales entorno a la mesa. La educación une la satisfacción de compartir los alimentos con la atención a los otros comensales, los buenos modales y una apropiada conversación.

Aunque la vida laboral ha complicado los momentos de encuentro de los miembros de la familia. Es un reto para todos conseguir tenerlos en días fijos y respetarlos como un medio de estrechar lazos y conservar los vínculos familiares. Para ello, conviene planear los menús, aprender a elaborarlos y valorar la cultura del propio país y la de otros pueblos, haciendo de estos asuntos temas de la conversación en la mesa.

Esto no es trivial, tiene su importancia, revalora la cocina del propio país y se aprende a valorar la de los demás. Así los miembros de la familia amplían su cultura e impiden que la globalización les uniforme e insensibilice. Además, el afán de saber más puede enriquecerse con la historia de los pueblos y el conocimiento de los productos alimenticios que se encuentran en cada territorio.

Cuando las familias de un determinado pueblo dejan de interesarse por conocer y conservar lo suyo, están labrando su fin. Pierden cohesión y muy fácilmente las personas se masifican porque sus raíces se debilitan y ya no tienen nada que ofrecer a los demás.

Aunque el motivo de la mesa son los alimentos, la dignidad y riqueza de la persona se refleja en la elaboración de los platillos y la combinación de sabores, así como los complementos: manteles, vajilla, cubiertos, cristalería y adornos que embellezcan como pueden ser las flores, velas u objetos decorativos. Por supuesto es indispensable la buena presentación de los comensales.

Se pueden aprovechar fechas especiales para inyectar un nuevo entusiasmo a esas reuniones, desde simples aniversarios de cumpleaños, bodas, bautismos, hasta fiestas patrias, ceremonias oficiales o eventos artísticos o deportivos en compañía de amigos o parientes que hace tiempo no se frecuentan. De esta manera se impulsa la armonía social.

Actualmente se cuenta con comidas preparadas que simplifican las tareas domésticas. Sin embargo, no conviene abusar de esas facilidades, porque se pierden las tradiciones locales. Un aspecto que puede evitar la masificación es el de utilizar condimentos que realcen los sabores, o buscar el modo de presentar los platillos con cierta originalidad.

Es necesario recuperar la importancia de la comida familiar, cuidar la calidez del trato, la conversación estimulante y los platillos de gusto general. Esta manera de fomentar recuerdos gratos fortalece los lazos e incorpora a quienes tienen más dificultad para asistir. Se trata de recuperar la intimidad y el sosiego, por lo tanto, es importante advertir que la conversación prevalece sobre los recursos tecnológicos.

Este estilo familiar es adecuado proyectarlo a la vida social. La palabra latina socius significa amigo. Por lo tanto, con un amigo se comparte un tiempo de intimidad y sosiego. Hay enseñanza y aprendizaje porque se atiende a las necesidades y se discuten las soluciones. Generalmente se pueden aprovechar los horarios de comidas.

También con los compañeros de trabajo se organizan discusiones para solucionar problemas, durante un desayuno, comida o cena. Se ha de calcular un tiempo de calidad, íntimo y adecuado para lograr la serenidad que requiere el estudio de los asuntos y la toma de decisiones ponderadas.

También hay eventos que se organizan alrededor de la mesa. Hay que disponerse a dedicarles el tiempo íntimo y sin precipitación. Puede ser el agasajo de un compañero de trabajo, o el festejo de una fecha significativa para la empresa o la firma de un convenio con otra institución.

La comida tiene un ritual se garantiza un principio de orden. Eso facilita la marcha de una comida de negocios que puede ser difícil por los temas que se aborden, y por la urgencia de cerrar tratos. Una buena mesa ofrece la posibilidad de una experiencia donde se inicien o se consoliden lazos de amistad. Quienes tienen esas experiencias de las mesas familiares tendrán más soltura en las mesas en sociedad.

Una mesa bien preparada puede fomentar las relaciones humanas y fortalecer las amistades.


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