Aunque la gente lea que hay menos pobreza por ingresos, al mismo tiempo, siente que la necesidad y la tragedia aumentan porque la calidad de vida en realidad no ha mejorado.
Es indignante que en un país donde el derecho a recibir medicinas era parte de la vida diaria, hoy se ignore esta necesidad con la arrogancia y la soberbia propia de los funcionarios morenistas.
El gobierno —que quiere espiarnos a todos— es incapaz de investigar el lugar donde se imprimieron los acordeones que han manchado al Poder Judicial tanto federal como local.
El ciudadano prefiere quizás vivir con seguridad incluso a costa de su libertad. Pero ni el legislador ni el poder público pueden optar por la “Seguridad” y, al mismo tiempo, anular las libertades.
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