La tarde del 24 de diciembre de 2024, cuando Roma comenzaba a encender sus luces navideñas y el frío del invierno europeo se hacía sentir en la Plaza de San Pedro, un gesto silencioso —pero cargado de historia— volvió a ocurrir: la apertura de la Puerta Santa que inauguró oficialmente el Año Santo 2025. No fue un acto aislado ni meramente ceremonial. Fue el inicio de un Jubileo pensado para un mundo cansado, herido y fragmentado.
El protagonista fue el papa Francisco, quien, con un estilo sobrio y profundamente pastoral, dio inicio a uno de los jubileos más esperados del siglo XXI. Lo hizo en un contexto singular: una humanidad que salía de la pandemia, conflictos armados activos, crisis migratorias y una juventud que busca sentido más allá de los discursos institucionales.
Esta tercera entrega reconstruye la crónica de esa apertura, el ambiente que la rodeó, las primeras ceremonias jubilares, la participación de comunicadores, artistas y representantes del mundo cultural, y la atmósfera navideña que marcó el arranque del Jubileo 2025 entre diciembre de 2024 y enero de 2025.
La noche del 24 de diciembre: liturgia, silencio y expectación
Desde primeras horas del día, peregrinos de todos los continentes comenzaron a congregarse en torno a la Basílica de San Pedro. Familias con niños, jóvenes con mochilas, religiosos, periodistas, voluntarios y turistas convivían en un ambiente inusual: no era solo Navidad, era inicio de Jubileo.
A diferencia de otros grandes eventos mediáticos, el Vaticano optó por una liturgia contenida, cuidada y profundamente simbólica. La apertura de la Puerta Santa no fue un espectáculo, sino un acto de oración.
Francisco llegó en silencio, visiblemente concentrado. Tras la proclamación del Evangelio, se acercó a la puerta sellada desde el cierre del jubileo anterior. Golpeó suavemente el muro que la cubría y, lentamente, la puerta fue abierta.
No hubo estridencia. Hubo aplausos contenidos, lágrimas discretas y un silencio que decía más que cualquier discurso.
Un peregrino mexicano, Jorge, de 31 años, compartió con un medio latinoamericano: “No sentí que se abriera una puerta de piedra. Sentí que se abría una oportunidad para todos”.
El mensaje de Francisco: esperanza sin ingenuidad
En la homilía que siguió a la apertura, el papa Francisco dejó claro el tono del Jubileo 2025. No habló de triunfalismo ni de certezas fáciles. Habló de esperanza, pero una esperanza concreta, exigente, vinculada a la realidad.
“La esperanza cristiana no es evasión ni anestesia. Es la fuerza que permite atravesar la noche sin negar la oscuridad”, afirmó.
El mensaje conectó con jóvenes y adultos por igual porque evitó el lenguaje abstracto. Francisco habló de guerras, de migrantes, de pobreza, de soledad urbana y de una economía que excluye. Y recordó que el jubileo no tiene sentido si no se traduce en gestos reales de justicia y misericordia.
Esta línea discursiva reafirmó la coherencia del Jubileo 2025 con la Doctrina Social de la Iglesia, subrayando que la fe no puede separarse de la dignidad humana y el bien común.
Primeros pasos tras la Puerta Santa: peregrinos en movimiento
Una vez abierta la Puerta Santa, comenzaron las primeras peregrinaciones organizadas. Desde la madrugada del 25 de diciembre, miles de personas cruzaron el umbral de la basílica en filas ordenadas, acompañadas por voluntarios multilingües.
El gesto fue simple: caminar, orar, cruzar, salir. Sin embargo, para muchos tuvo un peso simbólico enorme. Ana Lucía, estudiante universitaria de Guadalajara, lo describió así: “No crucé la puerta pensando en pecados abstractos. Pensé en miedos, en cansancio, en decisiones que tengo que tomar”.
Este tipo de testimonios se repitieron en múltiples idiomas y reflejaron por qué el jubileo conecta especialmente con Millennials y Centennials: no ofrece respuestas prefabricadas, sino un espacio para decidir.
Las primeras ceremonias jubilares: fe, cultura y comunicación
Desde los primeros días del Año Santo, el Vaticano puso en marcha una serie de celebraciones temáticas, pensadas para dialogar con distintos sectores de la sociedad.
Entre las primeras destacaron:
- Encuentros con comunicadores y periodistas, subrayando la responsabilidad ética de la información
- Celebraciones con artistas, músicos y creadores, reconociendo el papel de la cultura en la construcción de esperanza
- Jornadas dedicadas a jóvenes y voluntarios, muchos de ellos protagonistas silenciosos del Jubileo
En un encuentro con comunicadores, Francisco señaló: “La comunicación puede ser puente o muro. El Jubileo es una invitación a volver a construir puentes”.
Artistas provenientes de distintos países participaron en conciertos, exposiciones y momentos de reflexión, mostrando que el jubileo no se limita al espacio litúrgico, sino que dialoga con la sensibilidad contemporánea.
Navidad en Roma: un Jubileo que nació entre luces y frío
El arranque del Jubileo coincidió con uno de los momentos más simbólicos del calendario cristiano: la Navidad. Roma vivió esas semanas con una intensidad particular.
La Plaza de San Pedro lucía el tradicional árbol navideño, el nacimiento monumental y un flujo constante de peregrinos que combinaban la celebración del nacimiento de Cristo con el inicio del Año Santo.
La ciudad, acostumbrada a recibir turistas, se transformó en un espacio de encuentro intercultural. Se escuchaban villancicos en distintos idiomas, se compartía comida caliente y se multiplicaban los gestos de ayuda espontánea.
Un voluntario italiano lo resumió así: “Nunca había visto una Navidad tan diversa y, al mismo tiempo, tan unida”.
Seguridad, orden y humanidad en el arranque
El inicio del Jubileo también implicó un despliegue logístico importante, especialmente en términos de seguridad y movilidad. A pesar de ello, la percepción general fue de orden y respeto.
Las autoridades italianas y vaticanas insistieron en un enfoque de seguridad con rostro humano, evitando medidas intimidatorias y privilegiando la orientación y el acompañamiento.
Este equilibrio fue clave para mantener un ambiente de recogimiento, incluso en medio de grandes concentraciones humanas.
Un inicio que marcó el tono del Año Santo
Los primeros días del Jubileo 2025 dejaron claro que no se trataba de una celebración autorreferencial. Desde su apertura, el mensaje fue inequívoco: la fe cristiana se vive hacia afuera.
Francisco insistió en que cruzar la Puerta Santa carece de sentido si no se cruza después la puerta del encuentro con el otro, especialmente con el pobre, el migrante, el enfermo y el excluido.
Este énfasis conectó profundamente con una generación joven que exige coherencia entre discurso y acción.
La apertura del Año Santo 2025 no fue solo un acto litúrgico. Fue una señal pública en medio de un mundo que parece acostumbrarse al desencanto. Entre luces navideñas, frío invernal y pasos silenciosos, Roma fue testigo de un gesto antiguo que sigue diciendo algo nuevo.
La Puerta Santa se abrió. Pero lo verdaderamente desafiante es qué hacemos después de cruzarla.
En la próxima entrega analizaremos cómo el Jubileo 2025 puso en el centro a los pobres, migrantes, presos y trabajadores, llevando el simbolismo jubilar a la vida concreta.
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