Al cierre de 2025, México registró una inflación anual de 4.2%, ligeramente por encima del objetivo de Banco de México (3% +/- 1), mientras la tasa de referencia se mantuvo cercana al 10%, según las decisiones de política monetaria publicadas en noviembre y diciembre. Aunque el incremento de precios ya no avanza con la fuerza que marcó a 2022 y 2023, el crecimiento económico continúa moderado: el Inegi reportó para 2025 una expansión estimada de apenas 1.4%, muy por debajo del promedio latinoamericano y del impulso observado en Estados Unidos.
La estabilidad de precios ha tenido un costo: crédito más caro, inversión cautelosa y menor dinamismo económico. “Las familias sienten el alivio en la inflación, pero no en el bolsillo”, señala Edgar Vielma, especialista del Inegi, quien subraya que la recuperación real del ingreso aún está lejos de alcanzarse. El testimonio de Laura Rodríguez, madre de dos niños en Ecatepec, resume la paradoja: “Sí, ya no sube todo tan rápido, pero no alcanza. La quincena se va igual de rápido y los trabajos pagan casi lo mismo desde hace años”.
Este entorno coloca a México en una antesala desafiante para 2026: estabilidad a costa de crecimiento y un modelo económico que sigue sin brindar movilidad social amplia, especialmente para jóvenes y clases medias.
Lead: Inflación controlada, crecimiento limitado
Los datos recientes de Banxico confirman que la inflación general continúa desacelerándose. El banco central ha advertido, sin embargo, que la inflación subyacente —aquella que no considera energéticos ni productos agropecuarios— permanece “persistente”, cerrando 2025 en 4.1%. La tasa de interés, tras algunas reducciones cautelosas a lo largo del año, se mantiene en niveles altos para contener presiones inflacionarias.
El crecimiento económico, en cambio, no muestra señales sólidas de aceleración. El FMI proyectó para México un avance de 1.5% en 2026, condicionado a la estabilidad estadounidense y a la evolución del nearshoring. No obstante, la realidad cotidiana muestra que la expansión económica no se traduce de manera automática en bienestar ni empleo digno.
Contexto macroeconómico
El panorama internacional en 2025 siguió marcado por tensiones geopolíticas, ciclos de aumento en tasas globales y una desaceleración del comercio mundial. Para México, la dependencia con Estados Unidos continúa siendo determinante: el crecimiento estadounidense del 2.3% sostuvo las exportaciones mexicanas, pero no fue suficiente para detonar un efecto derrame interno.
Banxico ha insistido en mantener una política monetaria prudente. En su comunicado del 14 de noviembre de 2025, señaló: “El panorama inflacionario continúa involucrando riesgos y requiere una postura restrictiva para asegurar la convergencia hacia la meta de 3%”.
La apreciación del peso frente al dólar —que promedió entre 16.80 y 17.20 pesos durante el segundo semestre de 2025— ayudó a contener precios de bienes importados, aunque también generó presiones sobre exportadores y sectores manufactureros con bajo margen.
Política monetaria y decisiones de Banxico
A lo largo de 2025, Banco de México aplicó recortes graduales a la tasa de referencia, bajándola desde niveles superiores al 11% hasta ubicarse cerca del 10% al cierre del año. La autoridad monetaria ha sido explícita en su cautela: cualquier relajación excesiva podría reactivar la inflación.
Especialistas como Gabriela Siller, directora de análisis económico de Banco Base, advierten que:
“México enfrenta un dilema: tasas altas para controlar precios o tasas más bajas para impulsar inversión. El problema es que el país arrastra rezagos estructurales que no dependen solo de política monetaria”.
El próximo año estará marcado por esta tensión. Mientras Banxico busca consolidar su credibilidad, empresarios y familias enfrentan créditos hipotecarios y empresariales todavía caros.
Crecimiento económico y productividad: el talón de Aquiles
México no crece porque no produce más ni mejor. La productividad laboral lleva más de diez años prácticamente estancada, de acuerdo con datos de la OCDE. La inversión fija bruta se ha mantenido por debajo del 20% del PIB, insuficiente para generar un crecimiento sostenido.
El nearshoring —la relocalización de empresas hacia México aprovechando el T-MEC— ha sido un rayo de esperanza. Sin embargo, organismos como el American Chamber México han reiterado que el país desaprovecha su potencial por falta de infraestructura, energía suficiente, seguridad jurídica y capacitación laboral.
En palabras de Luis de la Calle, exnegociador del TLCAN: “México tiene condiciones inmejorables para convertirse en un imán de inversión global, pero requiere decisiones de Estado, no mensajes ambiguos ni incertidumbre regulatoria”.
Impacto social y en las familias
La economía debe estar al servicio de la persona humana y del bien común. Este criterio ayuda a iluminar la realidad mexicana: estabilidad de precios sin crecimiento implica hogares con empleos precarios, salarios insuficientes y dificultad para cubrir necesidades básicas.
Según Coneval, en 2024 la pobreza laboral afectó a más del 37% de la población. Aunque el salario mínimo registró aumentos, el empleo formal no crece a la misma velocidad. Entre 2023 y 2025, más del 55% de los trabajadores permaneció en condiciones informales.
Laura, la madre entrevistada, expresa esa tensión: “Mi hijo mayor está buscando trabajo desde agosto. Tiene carrera, pero le ofrecen 10 mil pesos. Yo no sé cómo quieren que los jóvenes vivan con eso”.
La Iglesia recuerda que el trabajo digno debe garantizar no solo ingresos, sino seguridad social, estabilidad y desarrollo personal. México aún está lejos de consolidar ese horizonte.
Sectores más afectados
Los más golpeados por el entorno económico actual han sido:
- Pymes: Representan el 70% del empleo, pero enfrentan créditos caros y baja demanda. Muchas han decidido posponer inversiones. La Cámara de Comercio estima que solo 20% planea expandirse en 2026.
- Jóvenes: El desempleo juvenil duplica el promedio nacional. La falta de experiencia, empleos mal pagados y competencia tecnológica los coloca en vulnerabilidad permanente.
- Trabajadores informales: La mitad del país vive sin seguridad social. Para ellos, la inflación baja poco significa: sus ingresos fluctúan según demanda diaria.
- Clase media: De acuerdo con la OCDE, México fue uno de los países que más redujo su proporción de clase media tras la pandemia. El aumento en vivienda, transporte y alimentos limita su capacidad de ahorro.
Riesgos y escenarios para 2026
Los analistas coinciden en tres riesgos principales:
1. Desaceleración estadounidense: Si Estados Unidos reduce su demanda manufacturera, México resentirá de inmediato la caída en exportaciones.
2. Incertidumbre regulatoria: Cambios abruptos en reglas energéticas, fiscales o de comercio inhiben nuevas inversiones.
3. Persistencia de tasas altas: Podrían mantener bajo el crédito y la inversión.
El escenario más probable para 2026, según el FMI, es un crecimiento moderado cercano al 1.5%, siempre sujeto a la estabilidad financiera global.
Responsabilidad del Estado y de la sociedad
El Estado debe garantizar reglas claras, invertir en infraestructura, fortalecer el Estado de derecho y promover la formación de capacidades. La iniciativa privada tiene la responsabilidad de generar empleos dignos y apostar por la innovación. La ciudadanía, por su parte, debe participar activamente, exigir transparencia y promover el bien común.
La política no puede renunciar a la búsqueda del bien común. Es una de las formas más preciosas de la caridad. México necesita esa visión para romper la trampa del bajo crecimiento.
La economía mexicana llega a 2026 con señales mixtas: inflación controlada, pero crecimiento débil; estabilidad financiera, pero empleos precarios; promesas de nearshoring, pero rezagos profundos.
Si las decisiones económicas no se orientan hacia el fortalecimiento de la dignidad humana, el empleo digno y la movilidad social, la estabilidad será insuficiente. México tiene talento, valores y capacidad productiva. El reto es que la política económica deje de administrar la escasez y empiece a construir oportunidades reales para las familias.
El futuro no está escrito: depende de las decisiones de hoy.
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