¿La qué?

La castidad implica el dominio de uno mismo, hacer uso de una libertad plena y de actuar por amor no por los instintos.



La castidad. Cuesta trabajo hasta mencionarla. Suena a algo parecido a la “Emulsión de Scott”. Ya no se usa y nadie sabe realmente para qué sirve.

Para la sociedad en general, la castidad es algo indeseable, que solamente quienes no tienen la posibilidad de disfrutar del sexo pueden soportar, pero que nadie en su sano juicio querría practicar.

Contrario a lo que se piensa, la castidad es algo bueno, es el dominio de uno mismo y se hace realidad en el uso de la propia libertad, porque se actúa por una decisión de amor, no dominado por los instintos.

Los medios no nos hablan de castidad, pero si nos hablan de esforzarnos por conseguir lo que queremos, en realidad el autocontrol está de moda. Todos los health coaches lo confirman, entendemos perfectamente el concepto de salud holística, esperamos con paciencia que nuestro cuerpo sane de forma natural.

Hay que controlar las ganas de comer, porque es necesario estar en forma. Nadie verá mal que te reprimas de las azucares procesadas en una deliciosa dona de chocolate con chispas. Todo por una decisión libre de amor, de amarse a uno mismo, que no es otra cosa más que cuidar de uno y eso ¡está súper bien!

¡Hay que controlar el temperamento! Vive feliz, aléjate de las personas tóxicas. No vale la pena que eches a perder tu día por alguien que no sabe lo que dice. Respira, enciende una vela, y deja que el aceite de lavanda haga su efecto.

Hay que dominar nuestro cuerpo, vencernos cada día e ir al gym, a caminar, a hacer ejercicio… no podemos pasar el día frente al televisor.

Una vida saludable es una vida en la que frecuentemente tenemos que vencernos a nosotros mismos. Y nos dominamos porque libremente decidimos que queremos algo mejor. ¡Enhorabuena!

Lo que no entiendo es porque la persona casta, que domina sus pasiones sexuales, para darse libremente por amor a su marido/esposa es un pasado de moda, retrograda. Incluso se piensa que existe una relación entre la castidad y el comportamiento sexual anómalo.

Ningún doctor, en su sano juicio, le dirá a un paciente: come todas las donas que quieras para cubrir tu necesidad de azúcar. Existen muchas investigaciones que declaran que el azúcar, a diferencia de las grasas y otros alimentos, interfiere con el apetito del cuerpo creando un deseo insaciable a seguir comiendo. Quienquiera que coma azúcar quiere más y más, incluso cuando ya no tienen hambre. Dale unos huevos y dejará de comer en cualquier momento. Dale unas galletas y comerá y comerá

De la misma manera el comportamiento sexual anómalo, no es generado por una vida de castidad, sino todo lo contrario. Esto ha quedado demostrado con el efecto Coolidge y la adicción a la pornografía. De tal manera que si un sacerdote o religioso o cualquier persona lleva una vida sexual anormal (pedofilia o lo que sea) es precisamente por un poco dominio de sí mismo y el efecto Coolidge, que es el mismo que el de la azúcar, pero sexual. En pocas palabras es precisamente la sobreestimulación la que lo ocasiona.

Las personas que te dicen que no hay que reprimirse nada, que el autocontrol es malo, están equivocadas. Las violaciones, pedofilia y demás agresiones sexuales son el resultado de una falta de dominio de uno mismo. Y esta idea de no controlarse ha llegado tan lejos que en algunos países como Alemania, Austria, Bulgaria, Estonia, Estonia, Hungría, Italia, Portugal y Bulgaria es permitido tener relaciones sexuales a partir de los 14 años… no importa que la pareja tenga 20, 30, 60… porque no debemos de reprimirnos…

¿Cómo una sociedad que busca lo saludable, por un lado, comprueba que el dominio de sí es lo mejor y por otro lado lo niega?

¿Qué es lo que hace la diferencia? El propósito: El autodominio es un vencerse por amor. Amarse a uno mismo y cuidarse está bien, pero nos hemos quedado en eso. No hemos llegado al amor a los hijos, a la esposa o esposo, a la comunidad, a Dios. El individualismo nos está comiendo y lo que en un principio comenzó como amor propio, termina siendo ahogado por el egoísmo.

El mundo necesita más castidad y más autodominio por amor a los demás. Porque cuando decidimos libremente dejar de hacer algo por amor, no nos estamos limitando. Estamos haciendo lo que se nos da la gana. ¡Y eso es precisamente vivir a plenitud y sin límites!


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