No, la solución no está en el mesianismo

La apuesta debe ser, no el endiosamiento de un líder por más carismático y preparado que sea, sino el fortalecimiento de las instituciones, de la sociedad civil, de los cuerpos intermedios, de las familias mexicanas. 


sociedad responsable


Quizá uno de los males endémicos de nuestro país es la creencia de que necesitamos un líder fuerte y enérgico, tirado para adelante y con las riendas bien firmes, para poder resolver todos nuestros problemas.

No es algo nuevo, nuestra historia nacional, o mejor dicho, la historia que nos quieren hacer creer está plagada de este tipo de ejemplos: desde aquel cura de Dolores que dicen, a pesar de no ser cierto, nos llevó hacia la independencia, o el indio humilde que se superó y asumió la presidencia nacional para guiarnos en el periodo de Reforma, el “apóstol de la democracia” que se enfrenta al tirano exigiendo elecciones libres, o el “Tata” que repartió tierras y nacionalizó el petróleo para que sea de “todos los mexicanos”.

Ejemplos hay muchos. El culto a la personalidad, el fortalecimiento del paladín que nos salvará, prócer de bronce, incuestionable pero cuyos designios inescrutables tienen como único objetivo un México más justo y próspero.

Qué mejor ejemplificación que la dada hace unos días por nuestro diputado Porfirio Muñoz Ledo a través de un tuit refiriéndose a nuestro tlatoani macuspano: “La entrega que ofreció al pueblo de México es total. Se ha dicho que es un protestante disfrazado. Es un auténtico hijo laico de Dios y un servidor de la patria. Sigámoslo y cuidémoslo todos”.

La historia es una gran maestra, y haríamos muy bien en volver la vista a ella para tomar conciencia que el prescindir de nuestra responsabilidad social, y delegar las grandes decisiones nacionales a una sola persona no tendrá nunca un buen desenlace.

El engrandecimiento de nuestro México es tarea de todos. El desarrollo y crecimiento de nuestros ciudadanos es responsabilidad conjunta. La apuesta debe ser, no el endiosamiento de un líder por más carismático y preparado que sea, sino el fortalecimiento de las instituciones, de la sociedad civil, de los cuerpos intermedios, de las familias mexicanas.

El reto es grande porque implica poner de nuestra parte, salir de nuestra zona de confort e involucrarnos en una realidad que nos interpele y exige dar lo mejor de nosotros. Es un acto de generosidad y responsabilidad.

Generosidad, porque representa salir de nosotros mismos, pensar en nuestra patria, nuestra ciudad, nuestra colonia, nuestro vecino, nuestra familia, en fin, pensar en el prójimo y salir a su encuentro.

Responsabilidad porque tenemos un deber social, un compromiso que cumplir con nuestra comunidad, con nuestro país que no debemos endosarle a ningún “redentor de la patria”. Sólo así es como podremos dar el paso necesario a una sociedad madura y responsable, consciente de su futuro y con la determinación para alcanzarlo.

El tiempo apremia, y nos ha tocado vivir un momento crucial. La tentación de cobijarse bajo la sombra del caudillo que salvará la patria está más latente que nunca. Por ello la insistencia de espabilar como nación para asumirnos como los constructores de nuestro propio destino.

@yoinfluyo
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