Así no es, Andrés

Las cosas ya no serán como antes, ha señalado Andrés Manuel. Y eso ya nos queda claro, ahora todo se realizará bajo la visión unipersonal del caudillo que se cree salvador de la nación.



La decisión del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, de suspender los trabajos del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, para dar paso a la construcción de dos pistas nuevas en el aeropuerto militar de Santa Lucía, así como adecuar el actual aeropuerto capitalino y el de Toluca, debe analizarse más allá de las controversias que ha generado, ya sea por consultas hechas a modo, o por las repercusiones económicas que tendrá dicha decisión.

La cancelación del aeropuerto en Texcoco es una muestra previa del estilo con que el López Obrador ejercerá su gobierno. La cancelación del aeropuerto es su primer acto pleno de autoridad; sintomático que éste sea cuando ni siquiera ha asumido la presidencia de la nación.

A pesar de que las encuestas y sondeos reflejaban que la mayoría de los mexicanos están a favor de continuar con el aeropuerto en Texcoco (Expansión, El Universal, El Financiero) , la consulta a modo reflejó lo que piensan los amigos de Andrés, como él mismo los llamó: 



Ahora bien, la participación en la consulta organizada por Morena por indicación de su líder moral, no supera el 1% de la población nacional y la Constitución es muy clara en materia de consultas: se necesita una participación de al menos un 40% para que pueda considerarse vinculante.

Ése es pues el verdadero mensaje: el estilo unipersonal para ejercer el poder absoluto en el país.

Ya no caben las dudas, por si alguno todavía las tenía; el López Obrador presidente será el mismo que el López Obrador candidato, el mismo de siempre, el “peligro para México”: autoritario, impositivo. El propio presidente electo ha sido claro al respecto y sentencia: “Váyanse acostumbrando a las consultas ciudadanas”.

Pero ese váyanse acostumbrando aplica para toda una revolución en la manera en que se gobernará a partir del primero de diciembre.

Las cosas ya no serán como antes, ha señalado también Andrés Manuel. Y sobre advertencia no hay engaño. La cuarta transformación va en serio y ésta será bajo la visión unipersonal del caudillo que se cree salvador de la nación. Nada puede estar fuera de su concepto de país y las consecuencias ya se vislumbran.

La cancelación del aeropuerto en Texcoco fue sólo el primer acto. Ahora viene la derogación de la Reforma Educativa, la fiscalía a modo, dos nuevas refinerías, la designación de auténticos “virreyes” sumisos a la figura presidencial en cada uno de los estados, el tren maya, consultas bajo cualquier pretexto… Todo ello en medio de la opacidad y discrecionalidad, pues para Andrés el poder se ejerce y punto, no se dan explicaciones al respecto.

Las instituciones, la sociedad civil quedarán relegadas. Aquel “al diablo con las instituciones” de 2006 no parece tan lejano cuando vemos a López Obrador descartar una reforma al artículo 102 para contar con un fiscal general plenamente autónomo.

Sumemos a ello su mensaje en marzo de este año: “Le tengo mucha desconfianza a todo lo que llaman sociedad civil”. Para él sólo vale el “pueblo bueno”, el que es sabio, que no se equivoca y que curiosamente está alineado con la voluntad del caudillo. Ya quedó claro en la consulta del fin de semana pasado.

Pero así no es, Andrés. La construcción de un México mejor, sin corrupción, con instituciones sólidas y un ejercicio transparente de los recursos no es responsabilidad de una sola persona, debe ser el resultado del trabajo en conjunto de sociedad y gobierno. Ojalá pueda entenderlo nuestro próximo presidente.


@yoinfluyo
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