No importa el pueblo, importa el poder

“La política es demasiado a menudo el arte de traicionar los intereses reales y legítimos, y de crear otros imaginarios e injustos.” Arturo Graf, poeta.


Mentir, robar, traicionar


“No mentir, no robar y no traicionar” fueron los mandamientos de López Obrador que durante la campaña repitió en muchísimas ocasiones; pero la más emblemática tuvo lugar en pleno Zócalo el 1 de diciembre del 2018 tras haber tomado protesta y frente a los representantes de los 68 pueblos indígenas que hay en el país.

Ese mantra se convirtió en el pilar de su discurso junto con otras frases por todos conocidas como “primero los pobres” o “se va a acabar la corrupción”. A tal grado es medular, que el 4 de junio de 2020, en un momento en que el incremento de los contagios por el COVID-19 ya había rebasado múltiples veces las equivocadas predicciones del gobierno, AMLO en la conferencia mañanera cuestionado sobre las medidas que sigue para evitar el contagio respondió: “estar bien con nuestra conciencia, no mentir, no robar, no traicionar, eso ayuda mucho para que no dé el coronavirus”. Ese día se alcanzó el récord de mil 92 muertes en un solo día.

Podríamos decir que en un político, la mentira es casi imposible de evitar, lo es porque en campaña las promesas hechas en la mayoría de los casos son irrealizables. Andrés Manuel es la excepción, no por evitar mentir, sino por hacerlo de forma descarada. La consultoría SPIN encabezada por el Dr. Luis Estrada ha analizado las 421 “Mañaneras” que han tenido lugar, identificando que en promedio el 70 por ciento de las afirmaciones diarias del presidente son falsas; al cierre de 2019 se le habían contabilizado 15 mil 790 afirmaciones de las cuales no se puede comprobar su veracidad. Una de las más recordadas fue esa en la que se atribuyó que bajó el precio de las gasolinas, cuando todos fuimos testigos del desplome de los precios internacionales del petróleo.

Bueno, podríamos entonces pensar que en esta administración si la verdad no es su fuerte, sí lo es su repudio total y cero tolerancia a los malos manejos como advierte el 2º mandamiento de AMLO: No robar. Si bien no hay hecho imputable a él directamente, ha quedado en entredicho la honorabilidad de muchos de sus más cercanos colaboradores, perfiles por él defendidos a capa y espada, y que derrumban su hipótesis de que una vez encumbrado en la Presidencia se acabaría la corrupción porque seguirían todos su “poderoso” ejemplo. Para muestra los casos que han expuesto diversos medios de comunicación, casos como el de Manuel Bartlett y sus 23 casas y 12 empresas que después dijo que no eran de él sino de su pareja a la cual negó pese a llevar viviendo con ella más de 20 años; o su hijo que pretendió vender ventiladores pulmonares para enfermos con COVID-19 con un inmoral sobreprecio; las denuncias en contra de Ana Guevara por serias irregularidades en la CONADE; los señalamientos a Rocío Nahle por un supuesto beneficio a su compadre con contratos en la construcción de Dos Bocas; o las 5 casas y un terreno regalado por el gobierno al matrimonio Ackerman-Sandoval que no coinciden con el patrimonio que podrían acumular con sus propios ingresos ya que ascienden a 60 millones de pesos (monto superior al valor de la Casa Blanca de Peña Nieto) y de las cuales aún no se ha explicado con certeza su procedencia; hecho que resulta todavía más escandaloso tratándose de la responsable precisamente de combatir la corrupción en este gobierno. El silencio de AMLO ante esto es abrumador.

Pero la parte quizá más dolorosa de los violados mandamientos de AMLO es: la traición. Los 30 millones de mexicanos que votaron por él, probablemente lo hicieron porque los convenció un político que se salía del molde y que aparentaba ser confiable. Uno con supuestos principios, uno que venía del pueblo y abanderaba las causas del pueblo. ¿Hoy no se sentirán traicionados aquellos que tacharon su nombre en la boleta y que en plena crisis les ha dado la espalda? La pandemia no se le puede atribuir, pero sí el negarse a apoyar decididamente a quien es empleado por su cuenta, trabajador informal o a quien tiene un pequeño negocio. Los Créditos a la Palabra de 25 mil pesos son préstamos, no son una transferencia que permita salir a flote; no todos pueden acceder a ellos, solo los que sus “servidores de la nación” encuestaron tras la campaña; y no ha habido siquiera apoyos en materia de condonación de impuestos o del pago de la energía. De hecho, la CFE ha cortado la luz a más de medio millón de usuarios. AMLO se olvidó de los 10 millones de mexicanos que según CONEVAL terminarán en la pobreza en los próximos meses, y también olvidó a las y los trabajadores y dueños de las 10 mil empresas que ya quebraron entre las que se encuentran 262 hoteles y 2,000 restaurantes.

¿Se sentirán traicionados los padres de los niños sin quimioterapias al ver que su gobierno prefirió invertir 70 millones de pesos en una escuela de beisbol que en los tratamientos de sus hijos? ¿O las mujeres, en especial quienes han sido víctimas de violencia al ver que en una mañanera a pregunta expresa de activistas AMLO prefirió pedir que de ese tema no se hablara y se concentraran en los “cachitos” para la rifa de un avión que no se va a rifar?

Impacta ver que el presidente no sólo traicionó a quienes votaron por él, sino que se traicionó a sí mismo. Prostituyó sus principios. Aquel que vociferaba que terminaría con la corrupción, acabó por trasladar a Lozoya –uno de los principales imputados por la corrupción del sexenio anterior– en un vuelo privado desde España, llenarlo de escoltas y camionetas blindadas, evitarle pisar la cárcel llevándolo a un hospital de lujo, permitir que su juicio no sea transmitido públicamente sino a través de mensajes vía Whatsapp y concederle que no pise el reclusorio sino que firmará semanalmente el libro de procesados desde la comodidad de su casa. ¿Esta es la 4ª Transformación prometida?

Resulta increíble que sea un corrupto el salvavidas para una administración desastrosa; desde ahora se puede anticipar que será el arma que utilizarán electoralmente para atacar a la oposición de cara a la elección de 2021. No importa el pueblo, importa el poder. Entonces, ¿cómo iba el mantra? ¿No mentir, no robar, no traicionar?

 

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