Educación, antídoto contra el engaño

La educación inhibe al gobierno y a los medios de comunicación de intentar el engaño, o si lo hace pronto se le viene abajo.


Verdades distorcionadas


En medio de la situación que estamos viviendo no es cosa para ignorarse que, hasta donde he podido enterarme hay más de tres personas que no creen que sea verdad lo que se informa en las redes, noticieros y prensa acerca de la pandemia Covid-19.

Las versiones corren desde que están haciendo un escándalo tremendo por un catarro fuerte quien sabe con qué intenciones, que se nos ofrece una exageración tremenda para distraernos de algo, hasta un montaje de las potencias para asustarnos y controlarnos. Esta postura es absolutamente diferente de otra corriente que son las versiones de una guerra bacteriológica provocada por conspiraciones mundiales, la versión a la que me estoy refiriendo simplemente niega o ignora lo que está pasando en otros países y en México a causa de un virus que ha desatado una epidemia.

Mientras que los propagadores de las teorías de la conspiración aceptan la necesidad de protegerse y guardar cuarentena y otras precauciones, los que no creen en la veracidad de los hechos y su gravedad se exponen y exponen a todos los que se encuentran a su derredor.

¿Por qué puede existir en nuestro país un grupo importante de personas que no creen en la verdad de lo que se está informando?, ¿será porque en más de una ocasión hemos estado expuestos a la oferta de mentiras o verdades deformadas por gobiernos y medios de comunicación?, ¿será porque “ya que somos tontos vamos siendo desconfiados”?

La desconfianza que nace de la inseguridad efectivamente lleva a la incredulidad. Esa inseguridad es hija de la falta de conocimiento, dicho de otra forma, falta de ilustración.

Además, esta postura en parte viene a ser también alimentada por la necesidad de seguir trabajando, de ganarse el pan de cada día, que proporciona un “valor” muy peculiar ante la adversidad. “Si no opero no tengo ingresos, “tengo” que correr el riesgo y me animo diciendo: “tal vez ni es cierto, ya otras veces nos han engañado”.

Mala mezcla es la necesidad de ganar el sustento día por día, la poca ilustración y el saberse más de una vez engañado.

Si vemos por detrás de esta frase no podemos menos que reconocer que nosotros como ciudadanos no hemos sabido darnos los gobiernos que den solución a estas tres llagas.

La primera obligación de un gobierno es ofrecer seguridad física y jurídica a sus ciudadanos, establecer y sostener un estado de derecho soporte de la sociedad, pero inmediatamente después está el reto de la educación.

Educación tanto como promoción de valores, desarrollo de virtudes, como ilustración en destrezas. Los valores compartidos y la vida virtuosa hacen que el estado de derecho sea soportado por la misma ciudadanía, siempre habrá infractores porque “en el hombre existe mala levadura”, dijo Rubén Darío, pero valores y virtudes disminuyen su número. Virtudes y destrezas son fuente de conocimiento teórico, práctico y finalmente de riqueza.

La educación es también una vacuna que protege a la sociedad de propuestas irracionales, inconvenientes, perniciosas, es sin duda una herramienta poderosa para el entendimiento humano, por ello puede en buena medida ser la protección para otra de las tres llagas.

Hemos sido otras veces engañados, suele decirse en el interior, “ya que somos tontos, vamos siendo desconfiados”. La frase misma muestra que no hay realmente tontería, es falta de ilustración, declaración que podría ser más clara y menos simpática así: “no tenemos las herramientas para aquilatar lo dicho, por lo mismo suspendemos nuestro juicio”. La educación inhibe al gobierno y a los medios de comunicación de intentar el engaño, o si lo hace pronto se le viene abajo.

Educar, educar, educar. Si ha de predominar la educación pública debemos exigir que sea de calidad y con una importante participación de los padres de los alumnos, no dejarla en manos de intereses políticos o ideológicos, si se crea el cheque escolar y florece la educación privada mucho mejor. Educar, educar, educar en valores y en virtudes.

La tercera llaga puede también abordarse mejor con mejor educación. El gobierno tiene que establecer una economía capaz de promover la iniciativa, la iniciativa creadora que favorece el autoempleo, que también favorezca establecer nuevas empresas creadoras de empleos, con un sistema tributario equilibrado. El ciudadano no es una carga, es un motor.

Por supuesto que ciudadanos dependientes quedan a disposición del gobierno, son votos, ciudadanos independientes cuestionan y exigen a los gobiernos. Esto no es una novedad, Suetonio nos relata acerca de Julio César que, en su aproximación al pueblo, lo que significaba votos: “Prometió al pueblo en memoria de su hija, [pretexto] espectáculos y un festín, cosa desconocida y sin ejemplo: finalmente, y para satisfacer la impaciencia pública, utilizó a sus esclavos en los preparativos de aquel festín, que había encomendado a contratistas”. El pueblo de la ciudad de Roma no era el que criaba ovejas y sembraba trigo, era el que votaba para los puestos de elección.

Escuelas de economía hay varias y algunas contradictorias, sin embargo, hay criterios elementales por encima de cualquier escuela.

La previsión es mejor que la imprevisión, prever es acumular para los tiempos de escases justo, los bienes que escasearán. Esto es crear riqueza. Los griegos lo plantearon con la fábula de Esopo de la cigarra y las hormigas. Otro, no gastar, no consumir, más de lo que se tiene. El que gasta más de lo que puede producir se endeuda y finalmente pagará a veces hasta con la vida.

Hay que crear riqueza. Las ofertas y las acciones que limitan la creatividad y favorecen la dependencia nunca serán las que sanen la llaga de vivir al día.

Una vez que salgamos del aislamiento requerido para evitar el contagio, necesitamos ejercer una fuerte vida ciudadana para proporcionarnos los gobiernos que verdaderamente nos convienen.


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