Haití, de la emergencia al olvido

El 12 de enero es una fecha tatuada en la memoria del continente. En 2010, un sismo de magnitud 7.0 devastó Puerto Príncipe, cobrándose la vida de más de 200,000 personas y dejando a un millón sin hogar. Hoy, al conmemorar 16 años de aquella catástrofe, el panorama en Haití no es de reconstrucción, sino de una crisis multidimensional que parece haber agotado la paciencia —y la atención— de la comunidad internacional.

Para las generaciones jóvenes de México, que crecieron viendo las imágenes de los cascos azules y las colectas masivas en las escuelas, Haití se ha convertido en un recordatorio incómodo. ¿Qué pasó con los miles de millones de dólares prometidos? ¿Por qué la solidaridad de entonces no se tradujo en una nación estable? Al inicio de 2026, el caso haitiano nos obliga a confrontar un fenómeno psicológico y social peligroso: la fatiga de compasión.

El colapso de la ayuda asistencialista

Tras el terremoto de 2010, Haití recibió una de las mayores movilizaciones de ayuda humanitaria en la historia moderna. Sin embargo, informes de organismos como Center for Economic and Policy Research (CEPR) y diversas auditorías internacionales han revelado que gran parte de ese capital se diluyó en la burocracia de las grandes ONG internacionales o en proyectos que no tomaron en cuenta a la población local.

El error histórico fue tratar a Haití como un paciente en estado crítico permanente, inyectando ayuda de emergencia (asistencialismo) en lugar de fortalecer sus instituciones. La Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es muy clara al respecto: el principio de Subsidiaridad exige que la ayuda internacional no suplante la iniciativa local, sino que la potencie. En Haití, se creó una “economía de la ayuda” que, irónicamente, debilitó la producción nacional y fomentó la dependencia.

La Fatiga de Compasión: Cuando el dolor ajeno se vuelve “ruido”

En 2026, habitamos un mundo en “policrisis”. Ucrania, Gaza, los desplazamientos en México y las crisis climáticas compiten por un recurso cada vez más escaso: nuestra atención. La fatiga de compasión es el agotamiento emocional que sufren las sociedades tras ser expuestas continuamente a imágenes de sufrimiento sin ver soluciones tangibles.

Para los Millennials y Centennials, bombardeados por notificaciones de tragedias en TikTok e Instagram, el cerebro activa un mecanismo de defensa: la indiferencia. “Ves tanto dolor que dejas de sentirlo. Sientes que Haití siempre ha estado mal y que nada de lo que hagas va a cambiarlo”, comenta “Sofía”, una estudiante universitaria que participó en brigadas de ayuda hace años.

Combatir esta fatiga es un deber ético. La solidaridad no es un sentimiento pasajero de lástima, sino la determinación firme y perseverante de empeñarse por el Bien Común. No ayudamos porque “sentimos bonito”, ayudamos porque el otro tiene una dignidad intrínseca que debe ser protegida.

Haití hoy: Una crisis de seguridad y legalidad

Al inicio de 2026, Haití no solo lucha contra las secuelas del clima, sino contra un vacío de poder que ha permitido que las pandillas controlen cerca del 80% de la capital. El respeto a la legalidad es inexistente. Sin un marco jurídico mínimo, la ayuda humanitaria ni siquiera puede llegar a quienes más la necesitan.

México ha jugado un papel relevante, no solo como donante, sino como receptor. En años recientes, miles de haitianos han cruzado nuestra frontera sur buscando refugio. Aquí, los valores de los mexicanos se han puesto a prueba. La hospitalidad y el reconocimiento del “hermano migrante” son pilares de nuestra identidad, pero también nos recuerdan que la crisis de Haití es, ahora, una crisis compartida en nuestro propio territorio.

Solidaridad Sostenible: El camino a seguir

¿Cómo podemos honrar la memoria de las víctimas de 2010 sin repetir los errores del pasado? La clave está en transitar de la caridad reactiva a la Solidaridad Sostenible.

 * Fortalecer lo local: La ayuda más efectiva hoy es la que apoya a las organizaciones haitianas que siguen en pie (cooperativas agrícolas, escuelas parroquiales, clínicas comunitarias). Ellos conocen el terreno y no se irán cuando la cámara se apague.

 * Enfoque en la educación y el trabajo: Como dice el proverbio y refuerza la DSI, no solo hay que dar el pez, sino enseñar a pescar y, sobre todo, asegurar que el pescador sea dueño de su red.

 * Incidencia política: Exigir que los mecanismos de transparencia internacional funcionen. La corrupción no solo ocurre en los gobiernos, también puede ocurrir en la gestión de la ayuda.

¿Cómo apoyar desde México de forma segura en 2026?

Si sientes el llamado a actuar, la buena intención debe ir acompañada de prudencia. No todas las colectas son legítimas, especialmente en la era de los fraudes digitales.

 * Canales Institucionales: La Iglesia Católica, a través de Cáritas Mexicana y la red global de Caritas Internationalis, tiene una presencia histórica en Haití que garantiza que el recurso llegue directamente a proyectos de desarrollo humano integral.

 * Organizaciones con Rostro: Busca fundaciones que presenten informes de transparencia y que tengan años de trabajo ininterrumpido en la isla.

 * Apoyo a la Integración Local: Ayudar a Haití hoy también significa ayudar al haitiano que está en México. Apoya albergues locales o iniciativas de inserción laboral para migrantes en tu ciudad. Es la solidaridad más inmediata y verificable.

El valor de no apartar la mirada

A 16 años del terremoto, la lección más grande que Haití nos deja no es sobre la fuerza de la naturaleza, sino sobre la fragilidad de la constancia humana. Una sociedad que se olvida de los que sufren termina por deshumanizarse a sí misma.

Desde Yo Influyo, hacemos un llamado a renovar nuestra capacidad de asombro y de respuesta. Haití no es una causa perdida; es un pueblo de una resiliencia extraordinaria que hoy, más que nunca, necesita amigos, no solo donantes. La solidaridad real es aquella que permanece cuando el hashtag deja de ser tendencia.

Que este 12 de enero nuestra oración y nuestra acción demuestren que México no olvida. ¡La esperanza de Haití también depende de nuestra memoria!

Fuentes y Referencias:

 * Caritas Internationalis. Informe de Situación Humanitaria Haití 2025-2026.

 * Organización de las Naciones Unidas (ONU). Plan de Respuesta Humanitaria para Haití.

 * Center for Economic and Policy Research (CEPR). Análisis de la efectividad de la ayuda post-terremoto.

 * Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. El principio de solidaridad y el destino universal de los bienes.

 * Cáritas Mexicana A.C. Programas de apoyo a la población migrante haitiana en México.

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