La deuda familiar alcanzó más de 90 millones de pesos en 2025

El endeudamiento se ha consolidado como una de las expresiones más visibles de la fragilidad financiera de los hogares en América Latina y, en particular, en México. Más allá de los números, la deuda dejó de ser únicamente un instrumento para adquirir bienes de largo plazo y se transformó, para millones de personas, en una vía para sostener el consumo cotidiano. Alimentos, servicios básicos, gastos médicos o imprevistos se financian cada vez con mayor frecuencia a crédito, lo que genera una relación compleja entre ingresos, obligaciones financieras y bienestar económico. En este contexto, la morosidad aparece no solo como un indicador técnico del sistema financiero, sino como un reflejo de tensiones estructurales que atraviesan a las familias.

Según un análisis de Finanzas en Línea en México, el fenómeno adquiere una dimensión particularmente relevante. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Salud Financiera (ENSAFI), el 36.2 por ciento de los adultos reporta tener algún tipo de deuda, ya sea a través de tarjetas de crédito, préstamos personales o financiamientos diversos. A esto se suma que, según datos del Inegi, el 16.1 por ciento de las personas considera que su nivel de endeudamiento es alto o incluso excesivo, una percepción que da cuenta de la presión financiera que enfrentan amplios sectores de la población. Lo más preocupante es que una parte creciente de estos compromisos no se destina a proyectos productivos o a la adquisición de activos duraderos, sino a cubrir necesidades básicas, lo que reduce el margen de maniobra futura.

Esta dinámica ha derivado en un círculo difícil de romper. Para muchos hogares, una deuda sirve para cubrir otra, los pagos mínimos se vuelven la norma y los intereses comienzan a acumularse. Informes privados, como el reporte Deudas de los mexicanos: motivos, soluciones y retos, elaborado por Bravo en 2024, revelan que el 65 por ciento de los deudores sólo paga el mínimo de sus tarjetas de crédito, una práctica que prolonga el endeudamiento y encarece de manera significativa el costo total del crédito. A ello se suma que el 82 por ciento de los usuarios, según una encuesta interna de la misma firma en 2025, utiliza sus ahorros para cubrir gastos cotidianos, debilitando su capacidad de enfrentar imprevistos o de planificar objetivos de mediano y largo plazo.

El crecimiento de la deuda de los hogares confirma esta tendencia. Datos del Banco de México indican que en mayo de este año el endeudamiento total de las familias alcanzó los 90 mil 875 millones de pesos, lo que representa un aumento anual de 12.3 por ciento y el nivel más alto registrado para un mes de mayo desde la etapa más crítica de la pandemia. En solo 12 meses, el monto se incrementó en aproximadamente 10 mil millones de pesos, en un contexto marcado por inflación persistente, tasas de interés elevadas y un mercado laboral con señales de fragilidad. En promedio, cada hogar mexicano mantiene una deuda de 40 mil 749 pesos, cifra que implica un crecimiento de 15.3 por ciento respecto al año anterior y que refleja una mayor presión sobre los ingresos familiares.

De acuerdo al reporte, se destaque que al analizar la composición de este endeudamiento, se observa una combinación de compromisos de largo y corto plazo. Según la Encuesta Nacional de Financiamiento de los Hogares (ENFIH) 2019, el 38.7 por ciento de la deuda corresponde a créditos hipotecarios, mientras que el 44.6 por ciento se concentra en deuda no hipotecaria, donde destacan tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos de nómina. En particular, las tarjetas de crédito representan alrededor del 11.5 por ciento del total, un segmento altamente sensible a las variaciones en tasas de interés y condiciones de pago, pero atractivo por su disponibilidad inmediata.

De hecho, el uso de tarjetas de crédito continúa en expansión. Cifras de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores muestran que el número de contratos pasó de 35.1 millones en agosto de 2024 a 38 millones en el mismo mes de 2025. En paralelo, el saldo de la cartera alcanzó los 645 mil 100 millones de pesos, con un crecimiento real anual de 8.3 por ciento. Instituciones como BBVA México y Banamex concentran la mayor cantidad de plásticos emitidos, seguidas por Santander y BanCoppel, lo que evidencia la relevancia de este producto dentro del portafolio de consumo.

A pesar del aumento en el uso del crédito, la morosidad en tarjetas bancarias se ha mantenido relativamente contenida. En agosto, el índice se ubicó en 3.23 por ciento, ligeramente por debajo del mes previo y del mismo periodo del año anterior. No obstante, existen diferencias importantes entre instituciones, con niveles más elevados en entidades como BanCoppel y Banco Azteca. Este control en la morosidad convive, sin embargo, con tasas de interés elevadas, ya que en febrero, el costo promedio de las tarjetas se situó en 38.3 por ciento, lo que incrementa el riesgo de sobreendeudamiento para quienes no logran cubrir más que el pago mínimo.

Frente a este panorama, han ganado espacio las fintech como alternativa a la banca tradicional. Plataformas digitales de crédito y gestión financiera ofrecen procesos más ágiles y, en algunos casos, mejores condiciones. Modelos como el financiamiento entre personas han permitido consolidar deudas y reducir costos. Yotepresto, por ejemplo, reporta haber facilitado créditos por más de cuatro millones de pesos y un ahorro acumulado en intereses superior a los mil millones para sus usuarios. La consolidación de deudas, que agrupa varios compromisos en un solo crédito con tasa menor y pagos claros, se ha posicionado como una herramienta para ordenar las finanzas y evitar el deterioro del historial crediticio.

Aún así, estas soluciones no son universales. El acceso sigue condicionado por el historial crediticio, el nivel de ingresos y la conectividad digital, y su efectividad depende de una gestión responsable del nuevo crédito. Además, persisten mitos en torno a la deuda, como el temor a sanciones penales por falta de pago, que generan ansiedad y decisiones financieras poco informadas. En este sentido, la educación financiera emerge como un elemento central. Fortalecer el conocimiento sobre presupuestos, ahorro e inversión, permite redefinir el papel del crédito y evitar que se convierta en una carga permanente.

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