El Centro Comunitario San Martín brinda paz, enseñanzas y fe a comunidades marginadas de Chihuahua

En el Centro Comunitario San Martín, las comunidades de Vistas y Riberas de Sacramento, ambas ubicadas en Chihuahua, han encontrado un oasis lleno de paz, apoyo, amor y las bases para desarrollarse espiritual, emocional y personalmente, alejados tanto chicos y grandes de adicciones, violencia, pandillerismo, deserción escolar, entre otros problemas.

El Centro Comunitario San Martín fue creado por “1,2,3 por mí y Parque Sacramento A.C”, tuvo una inversión de 33 millones de pesos y desde hace un año ofrece a las comunidades actividades de formación integral de todo tipo y se ha vuelto un ejemplo en proyectos sociales, que buscan priorizar la inclusividad, seguridad, resiliencia y sostenibilidad de la sociedad.

En entrevista con Yo Influyo, Edgar Alonso Cruz Alvarado, director ejecutivo del proyecto, explicó que el Centro beneficia a cerca de 500 niños, niñas, adolescentes y adultos con actividades variadas como: futbol, basquetbol, tochito, guitarra, violín, flauta, trompeta, pintura, fotografía, grabado, zumba, robótica, catecismo, talleres de desarrollo humano, pláticas de temas variados, entre muchas otras actividades.  

El Centro Comunitario San Martín cuenta con un auditorio para 600 personas, ocho salones de usos múltiples equipados (cada uno para 400 personas), canchas deportivas para 100 personas, áreas de juegos y explanada. El aforo del centro es de mil 400 personas y las construcciones son modernas y con lo necesario para la comunidad.

Vistas y Riberas de Sacramento, zonas en exclusión y marginamiento

Manuel Fitzmaurice Castro, empresario y vicepresidente del consejo directivo de “1,2,3 por mí y Parque Sacramento A.C” y del Centro Comunitario San Martín, explicó a Yo influyo que el Centro fue producto del trabajo de un grupo de empresarios de Chihuahua preocupados por la paz, el desarrollo y por la fe.

Fitzmaurice Castro comentó que los empresarios comenzaron a hacer estudios en la zona que estaba conformada por 80 mil habitantes y se dieron cuenta que era un punto donde había bastante violencia, pandilleros, adicciones y deserción escolar y además, sólo había una parroquia para los miles de fieles que se albergaban.

“Estructuralmente Ribera es una zona en exclusión, construida hace 25 años a 25 kilómetros de Chihuahua”, dijo el empresario y recalcó que el 61 por ciento de las mujeres de la comunidad son “damas guerreras”, pues trabajan en maquilas ocho horas al día, más una hora de ida y una de vuelta, quienes se ven forzadas a dejar solos a sus hijos.

“Estas criaturas son carne de cañón, los niños están solos y a los 12 o 13 años es la edad en la que se inicia en el consumo de drogas y otros vicios”, comentó Manuel y destacó que la zona está sumergida en el alto consumo de cristal, una droga sumamente adictiva y barata, por lo que es accesible para las poblaciones más pequeñas.

Además, la zona se volvió más violenta de lo que ya era, pues con la pandemia de COVID-19 y el hacinamiento en casas duplex de 45 m2, las que se ubican casi por todas las colonias, la violencia familiar se disparó y la situación de la zona empeoró.

Un proyecto que no deja a nadie atrás

Luego de hacer estudios en la zona y con las ganas de los empresarios de hacer más por su gente, Manuel logró contactar a David Noel Rodríguez Padilla, rector emérito del Tecnológico de Monterrey, quien les mostró cómo funcionaban los centros, mismos que había en Monterrey y también en Colombia, donde se originaron.

Y fue así como en 2019, se colocó la primera piedra del Centro Comunitario San Martín, que desde un inicio ha generado paz en la comunidad, con actividades tanto deportivas, culturales, escolares y también ha fortalecido la fe, pues el Centro también tiene una parroquia a cargo del padre Ricardo Gómez.

“El jefe de jefes quería este centro y de no tener nada se fueron dando las cosas”, explicó Manuel Fitzmaurice y recalcó que el Centro acerca a las personas a Cristo, pues algo de lo que está convencido es que “la parte espiritual y de fe es fundamental para la plenitud y la felicidad, aún cuando las personas vivan en condiciones difíciles”.

Fitzmaurice Castro subrayó que las personas que no son creyentes y que no son de fe, son respetadas en el Centro Comunitario San Martín y todo el personal y los maestros se concentran en potencializar a la persona en su integridad, mente, cuerpo y alma, llenándolos de valores y respeto por quienes los rodean.

Por otra parte, Manuel Fitzmaurice afirmó que es vital que se volteen a ver las problemáticas y realidades que viven otras personas y los empresarios necesitan darse cuenta que muchos de sus colaboradores están viviendo en colonias con problemáticas y realidades difíciles, lo que los daña, daña su desarrollo y por ende también daña su desempeño.

Yo necesito que mi gente venga tranquila y en paz, tengo que poner mis ojos allá en su realidad y tratar de mejorar sus condiciones de vida, para que el colaborador venga más tranquilo, más en paz”, destacó el representante del Centro y puso como ejemplo la situación de las mujeres de la maquila que trabajan todo el día y se la pasan preocupadas porque sus hijos están solos y rodeados de peligros.

No es lo mismo que los niños se queden solos en casa y sus mamás estén preocupadas a que los niños vengan al centro y que el corazón de ellas sepa que ellos están en catecismo, o en clases de robótica, que se les da un refrigerio, todo en un entorno seguro”, recalcó el empresario y afirmó que los menores están en el centro mínimo siete horas al día.

A un año de operaciones, el centro está cumpliendo su objetivo, ha alejado la distribución de droga en gran parte de la zona, ha reducido índices de violencia y ha conseguido que decenas de personas sepan que pueden tener un futuro lejos del crimen o adicciones; además las personas de la comunidad se sienten acompañadas y su fe se ha fortalecido.

“Ni la iglesia, ni empresarios, ni el municipio, pueden solos, pero todos juntos en un polígono trabajando por un objetivo concreto sí podemos”, comentó Manuel Fitzmaurice y finalizó subrayando que, como dice el papa Francisco, todos estamos en una misma barca y todos tenemos que hacernos responsables de todos y ayudarnos unos a otros.

El trabajo de “1,2,3 por mí y Parque Sacramento A.C” busca llegar más lejos, pues a un año de su primer centro y con resultados exitosos, se planea construir otros dos centros, uno en Ciudad Juárez y el otro en Punto Oriente, zonas con problemáticas similares a las que se hallaron en Vistas y Riberas de Sacramento.

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