¿Por qué el aumento al salario mínimo nunca parece alcanzar?


Una paradoja resuena en las cajas de los supermercados y en las terminales de transporte público de todo México. Por un lado, las portadas de los diarios celebran un nuevo incremento porcentual al salario mínimo, continuando con la política de recuperación iniciada años atrás. Por el otro, el ciudadano de a pie, ese joven que inicia su vida laboral o el padre de familia que estira el presupuesto, se enfrenta a una realidad persistente: los precios de los bienes y servicios esenciales parecen correr una carrera que el sueldo nunca alcanza.

La discusión sobre el salario en México ha dado un giro cualitativo. Ya no basta con hablar de “supervivencia”. En 2026, la conversación se ha desplazado hacia el concepto de Salario Digno. ¿Es posible que un trabajador mexicano promedio no solo coma, sino que también viva? Analizar la brecha entre el ingreso mínimo y la canasta básica no es solo un ejercicio estadístico; es una radiografía de la justicia social y el termómetro de nuestra salud como comunidad.

La brecha técnica: El costo de la vida en 2026

Según los datos más recientes del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), la Canasta Alimentaria y no Alimentaria ha registrado incrementos significativos debido a la volatilidad de los precios agrícolas y el costo de los energéticos. Aunque el salario mínimo general ha alcanzado niveles históricos en términos nominales, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) ha erosionado gran parte de ese avance.

Para un joven Millennial que busca independizarse, el reto es monumental. La canasta básica del CONEVAL mide el umbral de pobreza, pero un “salario para una vida digna” debe considerar gastos que la métrica oficial a veces subestima: el costo real de una renta en zonas urbanas, el acceso a servicios de salud privados ante las deficiencias del sistema público, y el derecho al ocio y la cultura. Cuando el 60% del ingreso se destina exclusivamente a la alimentación, la movilidad social se detiene y el trabajador queda atrapado en un ciclo de “pobreza laboral”.

La Justicia Social y el humanismo trascendente

Desde la perspectiva del humanismo trascendente, el trabajo no es una mercancía sujeta meramente a las leyes de la oferta y la demanda. El trabajo es una expresión de la dignidad humana. El Papa Francisco y sus predecesores han insistido en que el “salario justo” debe permitir al trabajador y a su familia llevar una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual.

En el México de 2026, la DSI nos invita a mirar el Bien Común. Un sistema donde el crecimiento económico se basa en salarios de hambre es un sistema éticamente fallido. La Solidaridad nos obliga a reconocer que si una parte de la población no puede cubrir sus necesidades básicas, todo el tejido social se debilita, aumentando la inseguridad y el resentimiento social. El respeto a la legalidad debe ir acompañado de un imperativo moral: no basta con pagar el mínimo legal si este no es suficiente para la decencia humana.

El drama humano: “Vivir al día no es vivir”

En la Central de Abastos de la Ciudad de México, “Roberto”, un joven de 22 años que trabaja en logística, resume el sentimiento de muchos: “El aumento se siente bien el primer día, pero cuando vas a pagar el gas o compras los útiles de los niños, te das cuenta de que el dinero ya se evaporó. No trabajamos para progresar, trabajamos para no caer más bajo”.

Este testimonio evidencia que el poder adquisitivo real es el verdadero indicador de éxito económico. En 2026, la precariedad no solo se mide en hambre, sino en la falta de tiempo. Muchos mexicanos se ven obligados a tomar dos empleos o jornadas de 12 horas para cubrir la canasta básica, sacrificando el tiempo en familia, que es la base de nuestra sociedad.

El papel del empresariado con sentido humano

La solución a la brecha entre salario y canasta básica no puede venir exclusivamente de decretos gubernamentales, los cuales a veces disparan la inflación en un círculo vicioso. Aquí es donde entra el papel crucial del empresariado con sentido humano.

En 2026, estamos viendo el surgimiento de una nueva clase empresarial en México que entiende que el capital humano es su activo más valioso. Organizaciones como COPARMEX y diversas asociaciones civiles han promovido la iniciativa de “Empresas por un Salario Digno”, donde las compañías se comprometen voluntariamente a pagar por encima del mínimo legal, buscando cubrir la línea de bienestar familiar.

Un empresario con visión humanista sabe que:

 * Productividad y bienestar van de la mano: Un trabajador bien alimentado, con vivienda segura y sin el estrés constante de las deudas, es un colaborador más creativo y eficiente.

 * El mercado interno se fortalece: Si los trabajadores tienen mayor capacidad de consumo, la economía local florece, beneficiando a las mismas empresas.

 * Responsabilidad Social Real: El compromiso con la comunidad empieza “casa adentro”, garantizando que quienes generan la riqueza de la empresa también participen de ella de manera justa.

Propuestas para cerrar la brecha en 2026

Para que el salario mínimo deje de ser una cifra de supervivencia y se convierta en una plataforma de desarrollo, es necesario:

 * Desvincular el aumento salarial de la inflación de servicios: Evitar que los aumentos al sueldo se usen como pretexto para subir injustificadamente precios de servicios básicos.

 * Incentivos fiscales a empresas responsables: Que el Estado premie con beneficios fiscales a aquellas unidades económicas que certifiquen salarios de bienestar.

 * Inversión en servicios públicos de calidad: Si el Estado garantiza educación y salud eficientes, el “salario de bolsillo” del trabajador rinde más, pues no tiene que gastar en servicios privados para cubrir carencias públicas.

Hacia un México de prosperidad compartida

Al cerrar este análisis, recordamos que la grandeza de México no se mide por la acumulación de capital en unas pocas manos, sino por la capacidad de que cada mexicano, a través de su esfuerzo honesto, pueda ver cumplidos sus sueños.

El salario mínimo en 2026 debe ser el piso, no el techo. El reto de este año es transitar hacia una economía que valore a la persona por encima del algoritmo de rentabilidad. Cuando el empresariado, el gobierno y la sociedad civil se unen bajo el principio de la Justicia Social, la canasta básica deja de ser una preocupación diaria para convertirse en la base sobre la cual construimos una nación más fuerte, unida y, sobre todo, humana.

El Bien Común empieza en el sobre de nómina. Es hora de influir para que la prosperidad llegue a todas las mesas de México.

Fuentes y Referencias:

 * CONEVAL. Informe de Pobreza Laboral e Índice de la Canasta Básica 2025-2026.

 * INEGI. Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) – Reporte Enero 2026.

 * Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia. El derecho a una remuneración justa (Capítulo VI).

 * COPARMEX. Iniciativas para el Salario Digno y la Productividad.

 * Organización Internacional del Trabajo (OIT). Informe Mundial sobre Salarios 2025.

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