Mercado laboral de EUA golpea a México

La economía de Estados Unidos atraviesa un periodo de ajuste que, aunque no apunta a una recesión inmediata, sí muestra señales claras de desaceleración, particularmente en su mercado laboral. Al cierre de 2025, la mayor economía del mundo generó apenas 50 mil nuevos empleos en diciembre, una cifra muy por debajo del promedio mensual observado en años previos y que contrasta con los casi dos millones de puestos creados durante 2024. A pesar de ello, la tasa de desempleo se ubicó en 4.4 por ciento, un nivel bajo en términos históricos, lo que confirma un mercado laboral que se enfría sin colapsar.

Este comportamiento ha sido interpretado por analistas como una señal de que la economía estadounidense está perdiendo impulso. Heather Long, economista jefe de Navy Federal Credit Union, ha señalado que 2025 fue un año marcado por una desaceleración sostenida en la creación de empleo, reflejo de empresas más cautelosas ante costos financieros elevados y una demanda menos dinámica. Este enfriamiento tiene implicaciones más amplias, ya que el empleo es uno de los principales motores del consumo y, por extensión, del crecimiento económico.

La inflación en Estados Unidos sigue siendo otro factor de presión. Aunque se ha moderado respecto a los máximos registrados tras la pandemia, el indicador preferido por la Reserva Federal se mantiene alrededor de 2.7 por ciento anual, por encima del objetivo del banco central. Este contexto ha llevado a la Fed a mantener las tasas de interés en niveles elevados durante más tiempo del previsto inicialmente. Jerome Powell, presidente del banco central, ha insistido en que aún no existen las condiciones suficientes para relajar la política monetaria sin poner en riesgo el control de los precios.

Para México, estos movimientos no son marginales. La economía mexicana mantiene una dependencia estructural de Estados Unidos que se manifiesta en varios frentes, comenzando por el comercio exterior. Más del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas tienen como destino el mercado estadounidense, especialmente en sectores como el automotriz, autopartes, electrónicos y maquinaria. Cuando la demanda en Estados Unidos se desacelera, el impacto se refleja casi de inmediato en la producción industrial mexicana, el empleo manufacturero y la inversión.

El proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) ha añadido un componente adicional de incertidumbre. Aunque el acuerdo sigue vigente, la discusión sobre posibles ajustes en reglas de origen, mecanismos laborales y disposiciones comerciales ha generado cautela entre las empresas. Carlos Capistrán, economista en jefe para México de Bank of America, ha advertido que este proceso puede derivar en revisiones más frecuentes del acuerdo, lo que eleva la percepción de riesgo y retrasa decisiones de inversión de largo plazo.

En el ámbito interno, México enfrenta un crecimiento económico limitado. Las proyecciones para 2025 apuntan a una expansión cercana a 0.4 por ciento, mientras que para 2026 se anticipa un avance de entre 1 por ciento y 1.3 por ciento, siempre condicionado al desempeño de Estados Unidos. Este crecimiento modesto contrasta con las necesidades del país en materia de empleo y desarrollo, y deja a la economía mexicana más expuesta a choques externos.

La inflación también ha vuelto a presionar el panorama nacional. En enero de 2026, la inflación general se ubicó en 3.77 por ciento anual, mientras que la inflación subyacente alcanzó 4.47 por ciento, uno de los niveles más altos para un inicio de año en la última década. Este entorno limita el margen de maniobra del Banco de México para reducir tasas de interés con mayor rapidez y estimular la actividad económica, especialmente cuando las condiciones financieras globales siguen siendo restrictivas.

Otro canal clave de transmisión entre ambas economías es el de las remesas. En 2025, los envíos de dinero desde Estados Unidos hacia México comenzaron a mostrar una tendencia a la baja. Entre enero y noviembre, el país recibió alrededor de 56 mil 469 millones de dólares, una caída de poco más de cinco por ciento respecto al mismo periodo del año anterior. Aunque el nivel sigue siendo históricamente alto, la disminución refleja el enfriamiento del mercado laboral estadounidense y tiene efectos directos sobre el consumo de millones de hogares mexicanos.

BBVA Research ha subrayado que, aun con esta caída, las remesas continúan siendo un amortiguador clave para la economía mexicana, particularmente en estados con alta dependencia de estos ingresos. Sin embargo, una desaceleración más profunda del empleo en Estados Unidos podría traducirse en menores flujos y mayor presión social y económica en regiones vulnerables.

La inversión extranjera directa es otro frente sensible. El fenómeno del nearshoring ha generado expectativas positivas para México, pero su consolidación depende de factores externos como el crecimiento estadounidense, las tasas de interés globales y la estabilidad comercial. 

Analistas de Monex Grupo Financiero advierten que un entorno prolongado de tasas altas, tanto en Estados Unidos como en México, podría limitar nuevos proyectos productivos y frenar la expansión industrial.

En conjunto, los datos más recientes confirman que la relación económica entre México y Estados Unidos es profundamente asimétrica. Mientras la economía estadounidense puede absorber ajustes con mayor resiliencia, México resiente con mayor intensidad cualquier cambio en el ciclo económico de su principal socio. El empleo en Estados Unidos, la inflación y las decisiones de la Reserva Federal influyen directamente en el comercio, las remesas, la inversión y el tipo de cambio en México.

De cara a 2026, el panorama sugiere un entorno externo retador. Un Estados Unidos con crecimiento moderado, inflación persistente y un mercado laboral menos dinámico seguirá marcando el ritmo de la economía mexicana. Para reducir esta vulnerabilidad, especialistas coinciden en que México necesita fortalecer sus motores internos de crecimiento, diversificar mercados y generar condiciones que atraigan inversión productiva. Mientras eso no ocurra, la economía mexicana continuará mirando hacia el norte, consciente de que su desempeño sigue estrechamente ligado a lo que ocurra al otro lado de la frontera.

Te puede interesar: Generación Z, entre el repliegue y el regreso

@yoinfluyo

Facebook: Yo Influyo
comentarios@yoinfluyo.com

Compartir

Lo más visto

También te puede interesar

No hemos podido validar su suscripción.
Se ha realizado su suscripción.

Newsletter

Suscríbase a nuestra newsletter para recibir nuestras novedades.