A cien años de distancia

Este año se cumplirán 100 años del movimiento que se recuerda como “La Cristiada” muy calumniado y vilipendiado por la historia oficial y muy olvidado y poco conocido por los católicos, y bien podemos decir sin lugar a duda que debería de ser uno de los pasajes más reconocido por todos porque fue un movimiento popular por la defensa de la libertad religiosa, factor fundamental de los derechos humanos.

Una definición que me parece muy acertada acerca del movimiento es una de Jean Meyer, con la que abre una edición gráfica de la Cristiada y que dice: “La Cristiada es el nombre que la voz popular dio a la gran guerra entre el gobierno del presidente Calles y una buena parte de la cristiandad mexicana. La Cristiada, voz de epopeya que nos hace recordar la Ilíada. La Cristiada o la historia dramática y conmovedora de un pueblo que se siente agraviado en su fe y que, por lo tanto, desafía a un gobierno de hierro y a un ejército que lo aventaja en todos los terrenos menos en uno: el sacrificio. Lucha desigual, lucha bíblica. David contra Goliat”.

Como cuando se lee la Ilíada, se puede estar del lado de los griegos o de los troyanos, pero no dejará de sentir una profunda emoción esas páginas de sangre y oro escritas por la nación mexicana.

Y como resumen de lo sucedido hay una carta de Francisco campos un campesino de Bayacora, Durango, que en su lenguaje sencillo hace un resumen del acontecimiento y que aparece en el libro de la Cristiada del mismo autor.

El 31 de julio de 1926, unos hombres hicieron porque Dios nuestro señor se ausentara de sus templos, de los hogares de los católicos, pero otros hombres hicieron que volviera otra vez; esos hombres no vieron que el gobierno tenía muchísimos soldados, muchísimo armamento, muchísimo dinero para hacerla guerra; eso no vieron ellos, lo que vieron fue defender a su Dios, a su religión, a su madre que es la Santa Iglesia; eso es lo que ellos vieron. A esos hombres no les importó dejar su casa, sus padres, sus hijos, sus esposas y lo que tenían; se fueron a los campos de batalla a buscar a Dios Nuestro Señor. Los arroyos, las montañas, los montes, las colinas, son testigos de que aquellos hombres le hablaron a Dios Nuestro Señor con el santo nombre de Viva Cristo Rey; viva la santísima Virgen de Guadalupe, viva México, los mismos lugares son testigos de que aquellos hombres regaron el suelo con su sangre y, no contentos con eso, dieron sus mismas vidas porque Dios Nuestro Señor volviera otra vez. Y viendo nuestro Señor que aquellos hombres de verdad lo buscaban, se dignó venir a sus templos, a sus altares, a los hogares católicos, como lo estamos viendo ahorita, y encargó a los jóvenes de ahora que si en lo futuro se llega o ofrecer otra vez que no olviden el ejemplo que nos dejaron nuestros antepasados.

Con estas sencillas palabras nos damos una idea de que el movimiento fue realmente popular, No fue como dice la versión oficial un movimiento encabezado y dirigido por la Iglesia como institución. Ya habrá tiempo durante el año de repasar ciertos pasajes del movimiento incluyendo muchas acciones de laicos que sin ir al campo de batalla trabajaron en sus ciudades a favor de la causa de la libertad.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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