El inicio de 2026 ha confirmado que la llamada cuesta de enero no es solo una percepción colectiva, sino una realidad que impacta de manera directa en los bolsillos de millones de familias en México. En los primeros días del año, la presión económica se ha intensificado, impulsada por una combinación de gastos decembrinos, alza de precios y una planeación financiera insuficiente que deja a los hogares con márgenes cada vez más reducidos.
Una encuesta realizada por Research Land, la agencia de investigación de mercados de Grupo UPAX, revela que seis de cada 10 mexicanos enfrentan dificultades económicas al comenzar el año. El principal detonante sigue siendo el gasto realizado durante diciembre, especialmente en regalos, celebraciones y reuniones familiares, que absorben buena parte de los ingresos disponibles y dejan poco margen para afrontar los compromisos de enero.
El estudio muestra que una proporción importante de personas reconoce haber gastado más de lo planeado durante las fiestas. Para algunos, el problema se originó en una mala administración del aguinaldo o de bonos de fin de año, mientras que otros señalan que sus ingresos extraordinarios fueron menores a los esperados o simplemente no los recibieron. También hay quienes arrastran pagos derivados de compras previas, realizadas incluso desde el Buen Fin, lo que complica aún más el arranque del año.
A esta situación se suma el entorno inflacionario. Aunque los indicadores oficiales muestran una inflación relativamente contenida, el impacto en el consumo cotidiano es evidente. En los primeros días de enero se han registrado aumentos en productos básicos, especialmente alimentos frescos y servicios esenciales, lo que obliga a las familias a destinar una mayor proporción de sus ingresos a gastos indispensables como comida, transporte y energía. Esta presión sobre el gasto diario amplifica la sensación de ahogo financiero característica de la cuesta de enero.
Desde la perspectiva de Research Land, el problema no se limita al exceso de consumo estacional. La encuesta advierte que muchos hogares llegan a diciembre con una situación financiera frágil, sin ahorros suficientes ni estrategias claras para enfrentar los gastos de fin de año. De hecho, menos de la mitad de los encuestados aseguró haber elaborado un plan financiero que realmente les funcionara. Una parte importante reconoció no haber planeado nada o haber diseñado un presupuesto que no logró seguir, mientras que otro segmento recurrió al crédito para cubrir compromisos inmediatos, trasladando la presión económica a los meses siguientes.
Las expectativas sobre la duración de la cuesta de enero también reflejan la incertidumbre. Aunque casi la mitad de las personas considera que las dificultades se concentrarán únicamente en enero, un grupo significativo anticipa que el impacto se extenderá hasta febrero o incluso marzo, especialmente entre quienes acumularon deudas o enfrentan incrementos constantes en precios y servicios.
En conjunto, los datos dibujan un panorama en el que la cuesta de enero 2026 se presenta como un fenómeno estructural más que circunstancial. La combinación de ingresos limitados, hábitos de consumo poco sostenibles y un entorno de precios elevados mantiene a las familias bajo presión desde los primeros días del año. Más allá del calendario, el inicio de 2026 confirma que la estabilidad financiera sigue siendo un desafío pendiente para una parte importante de la población, que enfrenta cada enero con menos margen de maniobra y mayores exigencias económicas.
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