El proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación para 2026 marca un punto de quiebre para la Red Nacional de Refugios (RNR). El programa específico que durante años garantizó recursos directos para la operación de refugios especializados para mujeres víctimas de violencia fue eliminado como partida autónoma y absorbido en un rubro general, sin etiquetado claro. En términos reales, esto implica que no existe garantía presupuestal directa para los refugios en 2026, a pesar de que organizaciones estiman que se requieren al menos 510 millones de pesos para sostener su operación mínima a nivel nacional.
La desaparición del programa ocurre después de un recorte previo. En 2025, los refugios ya habían recibido alrededor de 484 millones de pesos, una reducción real frente al año anterior y sin ajuste inflacionario. Para 2026, el problema ya no es sólo el monto, sino la incertidumbre total: los recursos quedan diluidos en una bolsa amplia destinada a prevención y atención de violencias, lo que debilita la planeación, la rendición de cuentas y la continuidad de servicios. En los hechos, el recorte presupuestal se traduce en menos espacios disponibles, menor capacidad de atención y mayor riesgo para mujeres y niñas que buscan protección urgente.
El recorte y la reconfiguración del presupuesto federal rumbo a 2026 colocan a la Red Nacional de Refugios en una zona de riesgo en un momento en el que la violencia contra las mujeres no da señales de retroceso. No se trata de un ajuste técnico ni de un cambio administrativo neutro: es una decisión que impacta directamente en la capacidad del Estado para ofrecer protección efectiva a miles de mujeres y a sus hijas e hijos que viven violencia extrema.
Durante 2025, la Red Nacional de Refugios atendió a más de once mil mujeres víctimas de violencia, acompañadas de niñas y niños, a través de refugios especializados, centros de atención externa y líneas de emergencia. La cifra refleja la magnitud de una demanda que crece en un país donde la violencia familiar, las agresiones sexuales y el riesgo feminicida siguen siendo una constante. Estos espacios se han convertido, en muchos casos, en el último recurso disponible cuando otras instituciones no lograron contener la violencia.
Ese volumen de atención contrasta con el escenario presupuestal que se perfila para 2026. Al desaparecer el programa específico para refugios, los recursos pierden visibilidad y los espacios de protección pierden certidumbre. Las organizaciones ya no saben con claridad cuánto dinero recibirán, cuándo llegará ni si será suficiente para sostener su operación, aun cuando la violencia que atienden permanece intacta.
La preocupación se sostiene en la experiencia reciente. En 2025, el presupuesto reducido obligó a los refugios a operar con márgenes cada vez más estrechos. A pesar de ello, continuaron funcionando, muchas veces con apoyos extraordinarios, donaciones y ajustes internos que llevaron al límite a equipos especializados. Para 2026, el riesgo es mayor: la falta de etiquetado abre la puerta a retrasos, recortes discrecionales y reasignaciones que pueden dejar a los refugios sin capacidad de respuesta.
Los refugios no ofrecen únicamente alojamiento temporal. Son espacios especializados que brindan atención integral: protección física inmediata, atención psicológica especializada, acompañamiento legal, servicios de salud, apoyo educativo para niñas y niños y procesos orientados a la autonomía económica. Cada uno de estos componentes requiere personal capacitado, infraestructura y continuidad. Cuando el presupuesto se reduce o se vuelve incierto, los efectos son acumulativos y profundos.
Los datos de atención muestran que los refugios operan bajo presión constante. En 2025, una parte significativa de las mujeres atendidas llegó después de haber solicitado ayuda a otras instancias sin obtener protección efectiva. Muchas ya habían denunciado a sus agresores o buscado apoyo institucional sin resultados. En ese contexto, los refugios funcionan como el último eslabón de una cadena de protección que falla antes de tiempo.
La eliminación del etiquetado específico rumbo a 2026 también complica la rendición de cuentas. Sin un presupuesto claramente identificado, resulta más difícil medir cuánto se invierte realmente en la protección de mujeres víctimas de violencia, cuántos refugios pueden operar con estabilidad y cuántas personas quedan fuera por falta de recursos. La opacidad presupuestal no es un detalle técnico: es un riesgo estructural.
El impacto no se limita a las mujeres adultas. Miles de niñas y niños que ingresan a los refugios junto con sus madres dependen de estos espacios para recibir atención psicológica, continuar con su educación y vivir en un entorno seguro. Cuando un refugio reduce su capacidad o suspende servicios, la afectación alcanza a infancias que también son víctimas directas de la violencia.
Especialistas advierten que debilitar los refugios equivale a aumentar el riesgo. En un país donde persisten los feminicidios y donde la violencia familiar sigue siendo una de las principales causas de emergencia, reducir la capacidad de protección implica dejar a más mujeres expuestas a regresar con sus agresores o a permanecer en contextos de alto peligro.
Por ello, la Red Nacional de Refugios ha exigido que para 2026 se restituya un presupuesto etiquetado, suficiente y entregado de manera oportuna, cercano a los 510 millones de pesos. La demanda se basa en el volumen real de atención que brindan estos espacios y en la necesidad de garantizar continuidad en servicios que no admiten interrupciones.
El debate presupuestal rumbo a 2026 deja al descubierto una tensión de fondo entre el reconocimiento público de la violencia de género y la voluntad real de financiar las políticas que la enfrentan. En esa brecha se define si los refugios seguirán siendo una red de protección efectiva o si quedarán reducidos a una prioridad secundaria dentro del gasto público.
Para miles de mujeres y niñas, esa decisión no es abstracta. La existencia de un refugio operativo puede ser la diferencia entre salir con vida de la violencia o no tener ninguna salida.
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