Un nuevo orden aparece en el escenario internacional. No es el del policía del mundo que hace mucho quedó atrás, sino el del Agente de las Fuerzas Especiales para el mundo. En lugar de llamar la atención, de prevenir sobre ciertas conductas, infraccionar o cosas por el estilo -como hace un policía-, el agente de las Fuerzas Especiales se instala enfrente del país que está sujeto a evaluación -según el comandante de las FE-, y procede no a una invasión militar sino a una operación quirúrgica que deja descabezado al gobierno del país en situación de riesgo.
El operativo de sustracción de Nicolás Maduro y su esposa de Venezuela tiene que ver con lo que tenemos en la cabeza sobre la capacidad y posibilidades de los cuerpos de élite militares de EU. Un operativo en el que entran helicópteros, lanzan bombas, apagan la luz de una ciudad grande mientras entran por el presidente del país y se lo llevan para trasladarlo a una prisión en New York. Eso es algo que todavía no aparece en ninguna serie televisiva. Por si había una duda de su inmensa capacidad y sorprendente eficiencia, las fuerzas especiales estadounidense han dejado sin habla al mundo.
No hay mucho para donde hacerse ante la operación enviada por Trump. Si eres jefe de Estado te toca condenarla, por si algún día se le ocurre ir por ti, pero es claro también que sujetos que se mofan del orden internacional como lo hacía sistemáticamente Maduro no podían estar impunes toda la vida. No hay que detenerse en defender a un criminal con vocación de payaso como Maduro que no solamente persiguió a sus opositores, sino que llevó a la miseria a su pueblo y provocó la migración más fuerte de América Latina en este siglo.
Sí hay que pensar cómo y con quién aliarse para poder sobrevivir a las amenazas de las Fuerzas Especiales. Todo indica que los amigos políticos del gobierno de México hasta el sábado pasado no son precisamente lo más recomendable. Es hora de que la presidenta redefina su diplomacia y sus aliados. Hay que saludar que en el comunicado conjunto que firmó México junto con otros países también estuviera España. Es hora de dejarse de las tonterías del anciano delirante de Palenque y abordar de manera práctica y eficaz la problemática internacional.
Por supuesto no estamos ante ninguna operación con intenciones democráticas. Nada más lejos. Al contrario, ha quedado claro que los motivos tienen que ver con el dinero y con el petróleo. Todo lo gastado por Trump en el despliegue de portaaviones, navíos, helicópteros, aviones y movilizaciones de tropas para el operativo de captura será pagado con creces por petróleo venezolano. No fue de a gratis.
Por eso el sorprendente esquinazo que le puso Trump a María Corina Machado negándole rotundamente la posibilidad de gobernar. Al parecer la flamante Premio Nobel ya se hacía despachando en palacio de gobierno con la bandera venezolana flanqueándola. Será para otra ocasión.
Ahora gobernará quien sea cómodo a los estadounidenses y por el momento será la chavista-madurista Delcy Rodríguez que garantiza cooperación y sumisión plena, por un lado, y por otro sabrá mantener el orden interno para evitar descontrol. Ya parece que Trump iba a hacer todo el teatrito para que llegara una consentida de democracias europeas con ínfulas de independiente. Se trata del orden estadounidense no el del mundo.
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