Debates profesionales

Ya llegó la época de los debates electorales. Se supone que los mismos fortalecen la cultura democrática y son útiles para conocer a los candidat@s a los puestos de elección popular. La intención es no solamente conocer sus propuestas –como dicen los analistas que creen que la calificación que ellos otorguen a cada contendiente es la que asumirá el electorado–, sino también ver sus resortes, cómo atacan, cómo se enojan, cómo reaccionan, que tan ágiles son y qué apariencia tienen cuando se desenvuelven en público. Todas estas cosas resultan para el electorado más relevantes que la mayoría de sus propuestas. Así es esto.

Si bien es cierto que los debates no necesariamente son el evento en el que se decide una elección, pasar por ellos es importante y, si no se gana el debate, es importante no perderlo (suena tonto, pero así es). En contiendas muy competidas es raro que los debates muevan las intenciones de voto y, normalmente, todos se van del debate como llegaron –lo cual puede considerarse exitoso–. Uno de los puntos centrales de los debates es el evitar los errores, porque esos sí pueden ser muy costosos. Para tal efecto es de vital importancia la preparación, el entrenamiento. Decir todo sin errores es lo principal, atacar de manera certera y, de preferencia, sorpresiva, y contestar puntualmente lo que se considere dañino son tres ejes para los debates electorales. Por supuesto también cuentan los conductores de los debates. Ocasionalmente quienes moderan estos eventos tienen arranques de protagonismo que echan a perder todo. Se les olvida que son invitados y que los principales son quienes estarán en la boleta y no ellos y sus “sesudas” intervenciones.

El domingo pasado se llevaron a cabo los primeros debates de quienes aspiran a gobernar la CDMX y Jalisco. Vi el de la CDMX y me parece que fue una herramienta muy útil para la candidata y los candidatos. Aunque el formato no era precisamente flexible, la bolsa de tiempo para el intercambio fue muy bien aprovechada por los participantes. Considero que Santiago Taboada estuvo muy preciso, tanto en sus ataques como en la soltura que mostró en conocimiento de la ciudad. Quienes creían que Clara Brugada iba a cometer alguna pifia –como las que han sucedido en su campaña– no acertaron. Llegó bien entrenada y no desperdició su tiempo, aunque recibió un buen descontón con lo de la compra de su departamento en poco más de 300 pesos, algo inaudito. Salomón Chertorivski se colocó desde un principio como una tercera alternativa y actuó en consecuencia, mostrando conocimiento de las problemáticas que enfrenta la ciudad; sacó unas palomitas que no se comió, pero que las enseñaba de manera entusiasta, una curiosa forma de demostrar que no a todo el mundo le queda ser gracioso. Hay que mencionar que Blanca Becerril y Víctor Hugo Michel, que fueron los moderadores, hicieron un papel amable y eficaz en el control de los tiempos y muy conscientes de su papel en ese evento.

Vendrán otros debates y, por supuesto, los presidenciales, que serán de gran ayuda, si los saben usar, para Xóchitl y Máynez. Para Claudia será importante limitar su margen de error. Ya hablaremos del evento cuando se acerque el día, pero, por lo pronto, me parece que es evidente que las campañas en México son gestionadas profesionalmente y las candidatas y candidatos, en su mayoría, se preparan y toman en serio sus candidaturas.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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