Bananeros

El video circuló ampliamente en redes sociales. El convoy que llevaba al primer ministro Justin Trudeau se tuvo que detener porque fuerzas de seguridad no lo dejaban pasar. El policía que iba a la cabeza de la caravana gritaba “traigo al de Canadá” y dialogaba con quién sabe quién para que lo dejaran pasar. De risa loca. O de verdadera vergüenza, como se quiera ver.

La anécdota, propia de un país bananero –por cierto: deberíamos plantearnos seriamente si uno de los logros del gobierno de López Obrador es el habernos convertido en un país bananero, en el que suceden cosas que parecen chuscas, pero que, lastimosamente, se han convertido en realidad cotidiana–, retrata el desorden y la anarquía que privan en el gobierno.

Por supuesto, esto no sucedía cuando había un Estado Mayor Presidencial que, supuestamente, desapareció AMLO. Y digo supuestamente porque una de las características del lopezobradorismo es la farsa. Supuestamente se desapareció a quienes se encargaban de la seguridad del presidente y funcionarios del gobierno. Lo cierto es que tienen esquemas de seguridad, muchos de ellos, con personal militar. En el Zócalo se veía gente uniformada de negro y corte de pelo militar que estaba atrás de las vallas de orden. Y está bien, a mí no me parece mal, lo que enoja es la mentira reiterada sobre cualquier cosa: ya sea un esquema de seguridad, un tuit o la aprehensión de un narcotraficante de alta peligrosidad.

La cumbre con Biden y Trudeau ha servido para subrayar nuestro bananerismo. Nuestro presidente es un niño al que le importa que le hagan caso y, si no, arma un berrinche. No otra cosa fue la solicitud pública de que Biden aterrizara en el AIFA. Para el presidente es un gran logro, un triunfo absoluto ese aterrizaje. Para Biden, seguramente fue uno más. La felicidad del niño con su juguete era la cara de nuestro patético presidente en ese aeropuerto. Después, la nota fue que se subió a La Bestia, el coche de Biden. López Obrador habló de que su par estadounidense le había explicado para qué servían los botones y cosas así. Otro logro con otro juguete. Ese es nuestro presidente.

Y aún hay más, como dijera el clásico. Resulta que el fiscal mexicano, el inefable Alejandro Gertz, no asistió a la reunión bilateral estadounidense porque, según la corcholata y canciller, Marcelo Ebrard, “no le avisamos a tiempo”. ¿Qué es eso de “no le avisamos a tiempo”? ¿Qué tenía que hacer el fiscal más importante que hacer? ¿Perseguir ancianas para encarcelarlas? ¿Cobrar rencillas de la infancia? Es increíble que el fiscal no asistiera, más aún cuando se encontraba su homólogo. Ese tipo de cosas, los arranques, las rabietas, son propias de este gobierno, dominado por sentimientos primarios, en el que el jefe es el primero que carece de contención.

Como si fuera poco, en la conferencia de prensa del día de ayer López Obrador dio muestra clara de que no tiene idea dónde está parado. Incapaz de entender que está con pares y que es un evento tripartita en el que él es el anfitrión, monopolizó la palabra, por ¡24 minutos!, en una sola respuesta, para concluir dando por finalizada la conferencia de prensa: “Ya me pasé de tiempo y hace mucho frío”, dijo al lado del presidente de Canadá, que seguro también tenía mucho frío. Biden agregó que él estaba dispuesto a contestar preguntas de la prensa mexicana. Qué pena con las visitas.

La cumbre sirvió para recordarnos que ya somos un país bananero, para orgullo y satisfacción de nuestro presidente.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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