Estamos en vísperas de que se conozca lo que será la propuesta de reforma democrática de la Cuarta Transformación. De acuerdo con lo que se ha verbalizado hasta ahora, se tratará de una reforma legal que vendría a consolidar la primacía de un partido político en los procesos electorales y en los cargos públicos, particularmente en los congresos.
Coautores del sistema actual, cuando muchos de los miembros de Morena eran militantes del PRI o del PRD, ahora con su traje guinda buscan el retorno a lo que elegantemente se califica como un partido hegemónico, aunque en la práctica se convierte en un unipartidismo que controla la vida pública del país, como ocurrió durante los tiempos del poderío del PRI el siglo pasado.
Costó mucho a la sociedad y a la oposición de los finales del siglo XX, lograr un proceso de transición hacia la democracia hasta llegar a la alternancia en los distintos ámbitos del poder en los estados y en la federación, tanto en los distintos niveles del ejecutivo, como en los legislativos.
Uno de los elementos que permitieron este cambio, fue la apertura del poder legislativo, primero en la Cámara de Diputados, luego en las legislaturas de los estados y el Senado, incluyendo a la oposición primero con diputados de partido y luego mediante la representación proporcional que permitió que en la legislatura de 1997 por primera vez el PRI perdiera la mayoría y la oposición unida pudo presionar lo suficiente para que se generara la autonomía del organismo responsable de la organización de las elecciones, el IFE, y de esa manera las elecciones fueron autónomas, confiables y los votos se contaron de manera independiente, sin que el ejecutivo, como había ocurrido en el pasado, metiera las manos.
Célebre fue el fraude “patriótico, en expresión de Manuel Bartlett Díaz, entonces secretario de Gobernación al servicio del PRI y que permitió que Carlos Salinas de Gortari llegara a la Presidencia de la República, en un resultado dudoso del conteo de los votos, ya que se cayó el sistema y se calló la voz del pueblo. No existe forma de demostrar realmente quién ganó en dicho proceso, aunque Cuauhtémoc Cárdenas se atribuyó la victoria. En cambio, Manuel J. Clouthier, más prudente, simplemente señaló que a pesar de tener evidencia de un elevado número de votos a su favor, no podía afirmar con certeza de quién era la triunfo.
Pues bien, la introducción de la representación proporcional en el Congreso, mediante diversas fórmulas, no fue una invención mexicana. De hecho, fue resultado de propuestas que se hicieron tomando en cuenta la experiencia de otros países, ya que la mayoría simple era suficiente con un solo voto para otorgar una victoria, y los perdedores simplemente quedaban sin voz. Podría ocurrir, como de hecho ha sucedido, que la voluntad del cuarenta por ciento de los electores fuera ignorada y, por lo mismo, pareciera que no existen.
No todos han entendido con claridad el hecho de que aún los perdedores con suficientes votos que les dan los ciudadanos, tienen un grado de representatividad y derecho a hacer valer su voz y, si es posible, incidir en las decisiones en la formación de las leyes, especialmente en las reformas constitucionales. Por eso, la sobrerrepresentación con que ha contado Morena durante estos últimos años, ha producido graves daños al Estado de Derecho en nuestro país.
Lo malo, es que de acuerdo con lo que hasta ahora han verbalizado diversos voceros de Morena, la reforma electoral podría retornar al control del proceso electoral por parte del Ejecutivo que, en la práctica, ya lo tiene, pero podría asumir antiguas formas del pasado, con todo lo que ello implica en la realización de elecciones libres, independientes y creíbles.
Parte del proceso de debilitamiento de la democracia es la idea de desaparecer el apoyo a los partidos políticos, que, aunque han encarecido el proceso electoral, permitieron que existiera una mayor competitividad en el proceso, ya que, en tiempos del PRI, éste contaba con el apoyo de los recursos del Estado, en tanto que la oposición dependía de sus solas fuerzas o los donativos que mediante diversos mecanismos podía obtener. Aquí se puede incluir el acceso a los medios de comunicación y el aprovechamiento de franquicias postales.
Las propuestas que están en la mesa, buscan favorecer a Morena y eliminar los apoyos que ayudan a la equidad electoral. Lo mismo que a la desaparición de los diputados de partido o la reforma al sistema mismo para que mediante un mecanismo semejante se elija a todos los legisladores, lo cual es un riesgo para toda la oposición e, incluso, lo aliados con que Morena ha gobernado, el Partido Verde y el Partido del Trabajo. Si éstos perciben un 0peligro en la fórmula que proponga Morena, seguramente se deslindarán y la idea no prosperará y la iniciativa será un fracaso. Lamentablemente hoy está en manos de ellos lo que pudiera ser un sistema más equilibrado, a menos que logren el sometimiento –como ha ocurrido en otros casos- de quienes aún como aliados actuales, pretendan rebelarse.
La moneda está en el aire, e impedir la corrupción del proceso electoral es la última esperanza de que en un futuro próximo no prevalezca la dictadura.
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