Transformación o destrucción

Desde hace varios sexenios se ha utilizado algún lema para identificar al nuevo gobierno, por poner algún ejemplo podemos recordar aquel: “Arriba y adelante” de Luis Echeverria, que al final fue un abajo y hacia atrás, y hoy en día nos encontramos envueltos en un lema que es: “La 4 T”, o “cuarta transformación”, que en si no nos dice nada, pero que en la práctica estamos viendo sus resultados.

Pero tal parece que no se trata de transformar, sino de destruir una identidad que trabajosamente se fue forjando a través de los años, y que, aunque nunca terminó por concluirse, al menos llegó a tener ciertos rasgos de lo que llamamos la cultura mexicana.

Sobre la acción de los llamados revolucionarios, o en este caso transformadores decía el Lic. Anacleto González Flores algo que bien podemos aplicar a nuestro presente: “Nadie: ni hombre, ni familia, ni raza, ni patria, ni pueblo alguno han carecido de su casa espiritual. La han formado a lo largo de los tiempos, bajo la mirada de los siglos, de los héroes y de los oráculos, bajo la mano desdoblada de los maestros, filósofos, literatos, legisladores, sacerdotes y lo han hecho para guarecerse contra todas las crisis de la vida, contra todos los terremotos y los sacudimientos y para tener siempre rebosante de ilusión, de esperanza, de ideal, de luz, de justicia y de paz todas las alforjas de todos los peregrinos que se han juntado bajo la  misma tienda a platicar antes de internarse en el desierto. Cada hombre, cada familia, cada tribu, cada raza, cada patria, tiene su tienda de lona firme y gruesa para resistirle al sol y al viento. Y cada hombre y cada patria y cada raza tienen también su tienda espiritual desde donde resiste a la bestia y de dónde busca todos los días el camino para poseer permanentemente y en abundancia los dones más altos del espíritu: verdad, belleza, justicia, libertad… cuando alguien hombre o pueblo, invade nuestra casa de piedra nosotros no tenemos más que una palabra en nuestros labios: intruso. Cuando algún hombre o pueblo, conquistador o innovador, invade nuestra casa espiritual nosotros afianzamos nuestros pies en la Tierra que pisamos y pronunciamos la misma palabra: intruso… el revolucionario de la época moderna no tiene. ni casa de piedra ni de espíritu.

En México se ha seguido el mismo camino. Han jurado primero demoler nuestra casa, esta casa luminosa y sonora donde se juntaron todas las barcas de Occidente pobladas de misioneros y de maestros y donde por espacio de tres siglos sudaron y se desangraron cuerpos y espíritus para edificar cimientos y techos que hasta ahora no han podido ser ni siquiera mal remendados, luego han esbozado el plan de la otra casa, la del porvenir y por fin, vencidos por las leyes inflexibles de la vida y por su impotencia para edificar han acabado por meterse a sangre y fuego, a bayoneta calada a la casa ajena, a nuestra casa, sí a nuestra casa… ellos son los invasores,  ellos son los intrusos, nosotros nos encontramos en nuestra propia casa, nosotros la edificamos con lodo y argamasa regados con nuestro sudor y con nuestro pensamiento. Ellos, los innovadores nunca han podido edificar nada, nunca han hecho otra cosa que entrar a saco a nuestra casa y a nuestras casas y siempre que han intentado alcanzar la gloria de arquitectos no han provocado más que derrumbes… pero hoy comienzan a abrirse nuestros labios y nuestra primera palabra nuestra eterna palabra para los innovadores, para los intrusos será está:  estamos en nuestra casa, vosotros sois los invasores, vosotros sois los intrusos”.

Entonces es tiempo de trabajar para reconstruir con nuestra palabra y con nuestra acción ese camino para buscar las bases de una nación que en vez de transformarnos en una sombra del pasado mezclada con doctrinas fracasadas y engañosas, sentemos las bases para poder trabajar en paz, para que se respeten los valores humanos, espirituales y morales bajo los cuales nos fuimos forjando y haya un ambiente de justicia y seguridad para que todos tengan oportunidades y México se reconstruya bajo un espíritu de generosidad y no de odio y de una falsa transformación.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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