Revolución, apatía y despertar ciudadano

EL 20 de noviembre nuevamente se recuerda la Revolución Mexicana, y se repetirán seguramente los muchos mitos que se han fabricado sobre ella, con la variación de que ahora esta Revolución dicen que ha reencarnado en el presente gobierno, lo cual tiene mucho de verdad, porque la Revolución fue una gran dosis de desorden y vino a demostrar con el tiempo que no fue el movimiento que llevaría a México por caminos de justicia, progreso y paz, al menos en los niveles que se esperaban.

Entre las herencias que tuvimos de este movimiento fue la redacción de la Constitución Mexicana, que si bien representó avances en muchos campos, por otro lado no fue una constitución que realmente respetara la forma de pensar de la mayoría de los mexicanos, sobre todo de ese tiempo, al presentar un texto no solamente laicista,  sino francamente antirreligioso, lo que va contra la libertad, y desembocaría en poco tiempo en la famosa guerra cristera, que el gobierno siempre ha tratado de desprestigiar, pero que en realidad fue un movimiento popular de gran importancia, y que movilizó no solamente a personas en el campo, sino involucró a gran parte de la sociedad civil.

Este es un punto muy interesante, pues pensamos que en general es hoy cuando se empieza a ver un despertar cívico, sobre todo después del éxito de las marchas en defensa del INE, y si bien es cierto que en general la apatía ciudadana es lo que ha privado en nuestra historia, durante esta época de entre 1900 a 1930 hubo un movimiento muy interesante donde se involucró la sociedad civil, por cierto con una participación muy destacada de ciudadanos católicos que motivados por una encíclica del Papa León  XIII llamada Rerum Novarum, un documento extraordinariamente avanzado para su tiempo en cuanto a la búsqueda de la justicia social, que inclusive fue muy criticada por las partes más conservadoras de la Iglesia que llegaron a considerarla socialista, sin embargo basada en la auténtica caridad cristiana es un documento que busca un equilibrio justo entre el capital y los derechos de los trabajadores de asociarse para buscar sus legítimas aspiraciones y era una manera de promover en los laicos la aplicación del Evangelio a la vida social, y en México motivó a muchos intelectuales católicos ha interesarse en el tema incluyendo a muchos jóvenes.

Entre los jóvenes líderes que se interesaron por el tema surgió el Lic. Anacleto Gonzáles Flores, un hombre de extraordinario talento, con un gran amor a la cultura, al arte, a la historia, profundamente religioso y culto, admirador profundo de la cultura Greco Latina, gran estudioso del carácter de los hombres, además con unas cualidades naturales de liderazgo pocas veces encontrado y con una espléndida capacidad en la oratoria, y muy activo en los derechos de la naciente clase obrera, que le preocupaba mucho que fuera arrastrada por los socialistas por su carácter ateo y violento que separaría a los obreros de su destino eterno que para Anacleto era el verdadero sentido de la vida.

Fue un gran organizador social que logró despertar la conciencia de una sociedad dormida para actuar no por intereses propios, sino para el interés de la comunidad, por eso decía que el primer factor crucial que se necesita para levantar este entusiasmo es la palabra, que es la herramienta del orador.

“(El orador) él mismo es la palabra… de ahí que la virtud oratoria, es decir, la palabra que realiza el milagro de la acción sobre los demás, es el orador mismo, él mismo es la palabra elocuente y su propia palabra… será necesario que el orador sea orador y no bastará que parezca serlo, ser o no ser… el orador verdadero es el que enseña la verdad y rechaza la mentira.

La palabra es la misma idea transportada de las regiones intangibles de los entendimientos a las regiones del mundo corpóreo; la palabra es la idea hecha sensible, es la idea en plenitud de su fuerza conquistadora en plenitud de su omnipotencia…Las palabras no han fracasado ni fracasan nunca. Fracasan los que ignoran su alcance su significación y su estrategia. Las palabras son la retaguardia irreemplazable, imprescindible de toda acción.

El día en que la idea secundada por la palabra entra en agitación y se pone en movimiento e intenta abrirse paso a través de las sombras, de las costumbres, de las instituciones, de los tiempos, de los cuerpos, de las almas y se lanza atrevidamente contra todas las trabas y se conjura contra lo que se ha escapado a sus conquistas ¿hay alguna fuerza que pueda oponérsele victoriosamente?  Yo no la conozco”.

El segundo punto que se debía de trabajar es la unidad, dispersar fuerzas es el principio del fracaso, situación que deberán considerar los que ahora están iniciando estos movimientos de defensa y después tendrán que organizar una oposición unida que pueda hacer frente al poder y al mismo tiempo hacer propuestas objetivas sobre como trabajar para un mejor futuro. Pero para que en verdad se pueda llevara cabo un cambio verdaderamente profundo, se debe empezar por el cambio de todos y cada uno de los que componemos la sociedad, volcándonos sobre nuestro propio interior y con sinceridad encontrando si nos hemos aplicado en nuestra propia construcción humana, que nos permita después incrustarnos en la construcción social, y por que no aplicar aquello que en ese momento llevó a la acción una gran parte de la sociedad mexicana: “ Hacer notar que al lado del trabajo de Dios no ha dejado de aparecer el humilde, el oscuro trabajo del hombre, y que a la retaguardia de todas esas banderas desplegadas ha habido un callado y persistente trabajo que se ha hecho sentir principalmente sobre la fuente altiva y fuerte de un grupo de juventud dispuesta a ser modelada bajo la mirada del maestro. La Revolución de lo eterno es el porvenir, esa Revolución debe estar poblada de las vanguardias y las banderas trémuladas por la juventud que reza y canta al joven carpintero que a los 33 años comenzó la única y verdadera Revolución que es la Revolución de lo eterno” según palabras de Anacleto González Flores que pregonaba que todo cambio que quiera permanecer debe estar fundamentado en una profunda convicción espiritual del hombre.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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