Ayotzinapa: retrato del régimen

La consigna de “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” resultó muy eficaz para de ahí brincar a “crimen de Estado”.



Entre las muchas lanzas que el actual titular del Ejecutivo blandió para llegar a la presidencia, el caso de los normalistas de Ayotzinapa fue uno de los que más dividendos logró; incluso por encima del escándalo de la Casa Blanca y de la Estafa Maestra. Pero al igual que resultó eficaz para catapultar al triunfo, está siendo eficaz para retratar al régimen.

El éxito en la campaña se basó en que emotivamente es fácil conectarse con la idea de que unos pobres muchachos que hacían un gran esfuerzo ellos y sus familias para llegar estudiar y que fueron desaparecidos sin que se encontraran sus cuerpos. La consigna de “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” resultó muy eficaz para de ahí brincar a “crimen de Estado”.

En el otro lado, el gobierno de Peña fue completamente ineficaz pues su lentitud para contener el tema para que quedara como un asunto meramente regional. Fallaron en exponer el perfil, personalidad y actividades —que se presume no estaban exentas del tufo del narcotráfico en algunos casos— de los muchachos a los que alguien —nadie ha respondido quién fue— mandó a secuestrar autobuses —cosa que hacían con regularidad y no recibía castigo— para unirse a las marchas tradicionales del 2 octubre donde se rememora lo ocurrido con estudiantes en 1968.

Esa incapacidad para la revertir la narrativa, los llevó a tomar a una salida que hoy, a ocho años, también pinta por entero al último gobierno priista “genuino” y la debacle institucional que se estaba viviendo: crearon una versión que el procurador calificó anticipadamente como “verdad histórica” apostando a que el asunto se olvidara. El cierre de ese discurso explicativo con su “ya me cansé” dirigido a los periodistas que seguían cuestionando lo condenó al escarnio público y alimentó al monstruo que se había creado.

Ese debilitamiento alimentó la campaña, tuvo el mismo efecto que el azúcar cuando es consumido en grandes cantidades por los pequeños: les causa una hiperactividad. Además, el azúcar con exceso acaba causando otros daños. Esos daños los está experimentando el actual régimen, en lugar de alejarse de la “maldición” del caso como reflejo de sus demonios interiores está cayendo en sus garras y no le está gustando.

La supuesta solución del caso fue incluso uno de los 100 compromisos lanzados desde el Zócalo en aquel 1 de diciembre de 2018 y resulta muy extraño que no haya aprovechado los primeros meses del entusiasmo ciego y arrollador con el que empezó para desentrañar el “misterio” de la desaparición de los jóvenes. Al contrario, dejó pasar cuatro años —¿sería parte del famoso pacto con Peña?— y la elección intermedia para que como preámbulo al cuarto informe de gobierno se diera a conocer una versión que en primera instancia repetía lo mismo de la verdad histórica. En su momento se difundió un documento testado, es decir, ocultan con marcas negras cierta información por considerarla personal. El documento sin testar se le hizo llegar a una periodista famosa por un libro donde expone a García Luna y era aplaudida por eso. Peniley Ramírez en su columna sabatina difundió los extractos más reveladores. Y curiosamente, un día después de que el titular del Ejecutivo en uno de sus desplantes mañaneros dijera que eso debería hacerse… para revirar el lunes siguiente cuando lo que se trató de suavizar pues el Ejército quedó expuesto.

Las revelaciones dejan mal parado al Ejército; se les involucra en las desapariciones y en el asesinato de por lo menos de los jóvenes que hoy se sabe seguía vivos el 30 de septiembre y el posible ocultamiento de restos de algunos en el campo militar no. 27. Además de no dejar dudas de la culpabilidad en el caso y de sus lazos con el narcotráfico de José Luis Abarca, presidente municipal de Iguala, quien llegó a su cargo con las siglas del PRD de entonces, y directa y explícitamente —aunque insisten en que fue un apoyo casual— por el actual titular del Ejecutivo. En pocas palabras, las redes de este caso llegan al titular del Ejecutivo y a la institución capaz, según él, de proteger a la Guardia Nacional de cualquier corrupción…

El caso, por otra parte, también ha mostrado las luchas internas que hay en la Fiscalía General de la República y con otras instancias. Desde la presentación de los cargos para la detención de Murillo Karam ha sido evidente el traslape de las áreas encargadas, al grado, que el fiscal especial del caso Omar Gómez Trejo ha presentado su renuncia. Alejandro Gertz Manero lleva meses de enfrentamientos con Alejando Encinas, quien encabezó la comisión de la verdad y es subsecretario de Gobernación, asunto que no si no es atizado; sí ha sido poco contenido por el titular del Ejecutivo que parece tener menos control del que se quiere suponer porque el tercero en discordia es el Ejército. En medio de todo esto, se dio a conocer que Gertz retiró 16 órdenes de aprehensión que ya había contra 16 militares de varios rangos y 5 más de diversos funcionarios de la época.

Las reacciones en redes a las revelaciones de Ramírez también pintan a los fieles de Morena de cuerpo entero, pues se centraron en condenar a la periodista. Las condenas tenían dos versiones: La primera se centra en una supuesta revictimización de los jóvenes y sus familias al revelar cómo murieron y el destino de sus cuerpos; pese a que Ramírez explica que su fuente le aseguró que los padres ya conocían la versión. La segunda se centra en condenar el uso de fuentes filtradas, amenazando con proceso e indignándose cuando se les recuerda que Julian Assange difundía precisamente documentos filtrados.

Finalmente, las imágenes que recorren los medios y las redes de un Palacio Nacional con varios perímetros de vallas ante la “tradicional” marcha de los padres de los normalistas y sus apoyadores, las cuales contrastan con la desprotección que se vio ante los ataques de hace tres días al Campo Militar no. 1 que permitió la vandalización de las instalaciones y fue hasta horas después que se intervino. Una ambigüedad que bien refleja cómo se ha apapachado a manos llenas a los altos mandos de las Fuerzas Armadas, pero se ha maltratado mucho más de lo que vemos al soldado de a pie.

Ayotzinapa cobijó sus aspiraciones presidenciales, hoy parece estar dejando ver sus más profundas debilidades porque el Ejército estaba en la mitad del conflicto y hoy, al parecer, está en el centro de toda la política nacional.

 

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