La familia es el mejor regalo

La fuente de la vida humana, lugar de pertenencia y de convivencia relajada, donde hay espontaneidad y confianza pues todos se conocen profundamente. Esto y mucho más podemos decir de la familia.

Con estas características deberíamos asombrarnos de nuestra superficialidad por no apreciar suficientemente a la propia familia. Es un regalo que nos hacemos unos a otros de modo gratuito y constante si la cuidamos. En este último mes del año es buena idea no solamente ver qué regalaremos a otras personas sino también ver nuestros regalos y especialmente el más grande que tenemos: el lugar donde habitamos con los nuestros.

Además, no es un entorno cerrado, se caracteriza por trascender, en todas las épocas se le reconoce como la base de la sociedad y la estructura más adecuada para garantizar a las personas el bien integral necesario para su desarrollo permanente. No se trata de un grupo privado es un hecho social, es la base de la sociedad, ninguna deja de serlo. Y la suma de todas da un rostro típico a los pueblos.

Por ese motivo el cuidado no solamente es de los integrantes de cada familia sino también el cuidado de unas familias con las otras, y además el cuidado de los gobernantes hacia ese tesoro insustituible. Este es el motivo del apoyo de los particulares y de las asociaciones. Es muy importante cuidar a esa pequeña sociedad, ayudar a cada una a resolver sus respectivos desafíos.

Como la familia incluye a otras personas, los cuidados benefician a muchos, todos consiguen pinceladas de felicidad. Cuando alguien se siente feliz difícilmente provoca agravios. Ésta es la razón de procurar multiplicar buenos resultados y de propagar el bienestar. Cuando en un lugar hay inseguridad o desmanes puede asegurarse el malestar de los habitantes.

Un país donde se consiguen logros los trabajadores, tiene vitalidad y proyectos, difícilmente se da la masificación o la manipulación. Este es un termómetro que no falla. Cada persona desde sus ocupaciones está contenta. Alcanzar las metas y experimentar la satisfacción van de la mano. Esta experiencia también contrarresta las envidias.

Un lugar con ciudadanos satisfechos, cada uno en su lugar e integrado a un equipo de trabajo, es capaz de ayudar a quienes tienen alguna dificultad. Como tienen las necesidades básicas cubiertas, pueden abrirse a la sociedad y sentirse corresponsables de la mejora de sus compañeros. Por el contrario, quienes se dejan manipular caen en la masificación y son incapaces de actuar por su cuenta.

No hay peor grupo social que el compuesto por personas ignorantes y dependientes de la ayuda de los demás. Estas personas matan el espíritu de lucha, de emprendimiento. Una comunidad en estas circunstancias no es solidaria, sigue a quien les ofrece más aunque sólo sea momentáneamente.

Un pueblo es auténtico cuando valora la vida y eso se aprende en la familia. Los cuidados para dar los primeros pasos o los últimos, se reciben en la familia. Esta es la condición para tener una sociedad que respete la vida ajena. También será posible que el Estado prevea recursos para ayudar a quienes tienen alguna dificultad para gozar de esta ayuda básica. Es la responsabilidad elemental del bien común.

En el hogar se pueden sanar las heridas de un mal gobierno y buscar medios, con la ayuda de otras familias, para ver el modo de lograr, además de la demanda del buen desempeño de las dependencias del Estado y la aplicación de medidas extraordinarias a quienes no han sabido corresponder a la confianza que el pueblo ha puesto en sus manos.

Las familias han de estar atentas para rechazar todo lo que pueda dañar a la sociedad. Especialmente delicado es el respeto a la libertad de las conciencias y el equilibrio con el bien común. Pero ´para tener este sentido de responsabilidad social es indispensable contar con una sociedad pensante y no una sociedad masificada.

Indudablemente un mal gobierno fomenta la masificación. Una familia bien conformada nunca tendrá miembros masificados.  Por lo tanto, este tipo de familias es el contrapeso del mal social.

Las familias bien conformadas forjan un pueblo digno. Los ciudadanos son conscientes de su papel, de sus deberes y de sus derechos, de su propia libertad unida al respeto de la libertad y de la dignidad de los demás. Todo esto es condición para lograr acuerdos suficientemente sólidos para señalar el buen rumbo del gobierno y de las instituciones.

La fuerza de las familias crea pueblos dignos. En ellos se buscan remedios para resolver las desigualdades. El modo de resolver será justo y equitativo, no producto de utopías sino del estudio concienzudo de los problemas y la voluntad expresa para resolverlos.

Naturalmente se respetarán las desigualdades que provienen del modo de resolver los propios problemas y de elegir las metas. Aunque, a la vez, se facilite a todos el acceso a la educación, a la cultura y a poder adquirir los recursos necesarios para tener una vida digna: Esto equivale a la igualdad civil, con el deber de vivir honradamente.

Bajo este panorama, es de desear el propósito de cuidar a mi familia, de formar mi propia familia, y de disfrutarla. Es el mejor regalo para mí y para los demás. Sin olvidar el hecho de tener momentos difíciles, hay una alegría que proviene precisamente de ser familia, percibida como un regalo. Hay momentos felices y otros dolorosos, pero compartidos se gozan más o duelen menos. Los cuidados mutuos han de ser abundantes, pero mayores entre el padre y la madre.

El testimonio de querer a la propia familia es un regalo para las demás porque las inspira a seguir ese ejemplo. Ninguna familia puede olvidarse de las demás, toda familia fundada en el amor está abierta y busca ayudar y acoger a las otras.  La familia está llamada a ser un factor de fraternidad y amistad social, en su territorio y abierta al mundo.

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* Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no constituyen de manera alguna la posición oficial de yoinfluyo.com

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