El 2 de julio, muchos nos tendremos que comer nuestras palabras. Lo que creíamos imposible, habrá ocurrido.
Los protagonistas de la estampida olvidan el viejo dicho priista: “Ahora es el tiempo de sumar. Ya después vendrá el tiempo de restar.”
Con cualquier resultado que tengamos de este 2018, el interés por la conducción del Estado no debe perderse.
Es imprescindible que los políticos escuchen en vez de hablar y que permitan que haya cuestionamiento de sus posturas políticas.
Ciudadano, no deje que lo convenzan de que usted es tonto.
Es grave el hecho, que muchos han comentado, de que la Procuraduría General de la República esté siendo usada para un golpeteo político contra candidatos de oposición.
No dejemos que nos asusten, no dejemos que nos manipulen. Seguirán intentándolo, porque no tienen argumentos.
Hay que volver a principios sanos de filosofía política y recuperar el papel de la razón en las campañas políticas.
En la sociedad y sobre todo en el campo de lo electoral, la amargura se expresa en la frase: “¿Para qué? Todos son iguales. Todo seguirá igual.”
Termina la “precampaña” y las pre propuestas de los pre candidatos ya han establecido, salvo alguna sorpresa de última hora, que en sus plataformas no hay mucho o nada para la clase media. O tal vez hay demasiado.
¿Cuándo seremos un país democrático? Cuando nosotros, los ciudadanos, seamos demócratas en nuestra vida diaria.
El Sr. Rajoy se creyó su propia propaganda y pensó que los catalanes opinan igual que él.
Es, tristemente, el voto del hígado el que se está promoviendo. El voto del enojo, del desquite, del castigo, de la desconfianza, o el de la ilusión sin más base que las simpatías o los prejuicios.