¿Por qué tanto odio contra Iturbide?

Sin embargo, pretender borrar de la historia de México el nombre de Iturbide es algo tan absurdo como pretender tapar el sol con un dedo.


México independiente


Toda persona que se precie de tener una mediana cultura estará de acuerdo con nosotros en que fue don Agustín de Iturbide y Aramburu el único e indiscutible autor de la Independencia de México.

Durante muchísimos años, su figura fue relegada al olvido con la intención de que el común de la gente, por carecer de memoria histórica, se olvidase de este gran personaje que realizó la Independencia en tan sólo nueve meses y sin que se derramase una sola gota de sangre.

Sin embargo, pretender borrar de la historia de México el nombre de Iturbide es algo tan absurdo como pretender tapar el sol con un dedo.

Al ver como tan mudo sabotaje resultaba un fracaso, decidieron cambiar de táctica.

Ya no relegarían a Iturbide al olvido. Era preferible atribuirle a otro su gran hazaña, y fue así como decidieron que era Vicente Guerrero el verdadero autor de la independencia.

Afirmación ridícula que cae por su propio peso puesto que, cuando Iturbide proclamó el Plan de Iguala, Guerrero era un tosco guerrillero que peleaba contra los realistas en las perdidas montañas del sur.

Quien más se empeñó en atribuirle a Guerrero el mérito de haber conseguido la Independencia fue el entonces presidente Luis Echeverría quien, en septiembre de 1971, por medio de un decreto, le dio todo el mérito al guerrillero del sur.

Eso es lo que fue conocido como hacer historia por decreto, según comentaron ilustres intelectuales por aquellos días.

Sin embargo, el odio de Echeverría fue mucho más allá al disponer que el pueblo tamaulipeco de Padilla –donde Iturbide fue fusilado– fuese inundado para construir allí una presa que lleva precisamente el nombre de “Vicente Guerrero”.

Dentro de muy pocos meses, en 2021, se celebrará el Bicentenario de la verdadera Independencia la cual se consiguió con broche de oro el día 27 de septiembre de 1821 cuando Iturbide, al mando de 16 mil hombres, entró triunfalmente en la Ciudad de México.

Todo hace suponer que, con motivo del verdadero Bicentenario de la Independencia, vuelvan a oírse voces atacando a Iturbide, así como atribuyéndole a Guerrero el mérito de haber logrado la Independencia.

Todos estos antecedentes sirven para que apoyemos la pregunta con la cual titulamos este comentario: ¿Por qué tanto odio contra Iturbide?

Pues, simple y llanamente, porque Iturbide echó a perder los planes de quienes deseaban para México otro tipo de Independencia.

Cuando el virrey don Juan Ruíz de Apodaca jura en la Nueva España la Constitución de 1812, abiertamente perseguidora de la Iglesia, el pueblo –católico en su inmensa mayoría, se alarma y decide separarse de una España decadente que había renegado de sus tradiciones–.

Deseando pescar a río revuelto, grupos masónicos buscaban también otro tipo de Independencia por medio de la cual se implantase un sistema liberal y anticatólico. Estos grupos estaban apoyados por los Estados Unidos.

Es entonces cuando Iturbide aparece en escena proclamando un Plan que, a la vez que buscaba la Independencia, defendía también la religión católica y fomentaba la unión entre mexicanos y españoles.

Al mismo tiempo, nacía un nuevo país que poseía un inmenso territorio que bien podría haber servido de dique de contención a los afanes expansionistas de la Unión Americana.

Esto era más, mucho más de lo que masones, liberales anticatólicos y proyanquis podían soportar.
Es entonces cuando todos estos grupos se unifican dirigidos por Joel R. Poinsett, enviado especial del gobierno de los Estados Unidos.

Coordinados con una astucia que bien podemos calificar de diabólica, todos estos grupos logran acabar en unas cuantas semanas con un régimen que, de haberse mantenido, le hubiera marcado otro rumbo a la nación mexicana.

Pues bien, por ser católico, partidario de la unión entre mexicanos y españoles y por mostrarse partidario de la unión de todos los pueblos hispánicos del continente, fue que las mafias decidieron derrocarlo.
Lo derrocaron, lo desterraron y no pararon hasta fusilarlo.

Era tal el miedo que le tenían que aún hoy –a casi dos siglos de su muerte– le siguen temiendo.

Sí, porque, aunque Iturbide ya no existe, perduran aún los ideales de la fe católica, del sentido de hermandad entre mexicanos y españoles y el deseo de verse libres de cualquier tipo de injerencia extranjera.

Ni duda cabe que, de no haber sido traicionado, derrocado y fusilado, Iturbide habría cumplido dichos ideales a plenitud.

Sin embargo, quienes aún le calumnian dos siglos después temen –y con justa razón– que esos ideales broten como semillas en tierra fértil echándoles a perder sus planes.


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