Hablemos de trenes

Hay que hacer estudios científicos que den un sustento sólido a un proyecto que, de no realizarse como es debido, corre el peligro de convertirse en un gigante con los pies de barro.


 Tren Maya


El proyectado Tren Maya –destinado a bordear la península yucateca– ha provocado un sinfín de protestas, que van desde las de las comunidades indígenas de la zona, pasando por grupos ecologistas, hasta culminar en la abierta oposición del antiguo Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) quien, con el subcomandante Marcos a la cabeza, ha manifestado públicamente su desagrado.

Prudente sería que los promotores de dicho proyecto –en este caso el presidente Andrés Manuel López Obrador– estudiasen a fondo tanto los beneficios como los inconvenientes.

Hay que hacer estudios científicos que den un sustento sólido a un proyecto que, de no realizarse como es debido, corre el peligro de convertirse en un gigante con los pies de barro.

Dentro de dichos estudios, hay que tener en cuenta que más del 90 por ciento de las zonas urbanas y poblaciones rurales de la península yucateca carecen de drenaje.

En el momento en que el Tren Maya empiece a operar, aumentará el número de turistas y es aquí donde hacemos la siguiente pregunta: ¿Cómo se manejará el incremento de aguas negras y residuales en unas poblaciones que carecen de drenaje?

Pudieran respondernos diciendo que el problema se resolvería creando un sistema de drenaje profundo. No olvidemos que el subsuelo de la península yucateca es de roca caliza la cual, si se llegase a perforar, el costo de dicha operación sería mucho más costoso que el propio tren.

En el caso de los terrenos fértiles de aquella región, se encuentra una capa de roca caliza y más abajo toda una red de ríos subterráneos conectados entre sí que surten de agua potable a toda la península.

Lo peor que podría ocurrir sería una contaminación total del acuífero subterráneo, lo cual obligaría a los habitantes de los estados de Yucatán, Campeche y Quintana Roo a explotar pozos a gran profundidad buscando agua potable.

No es sencillo el problema como tampoco es sencilla la solución. Más bien lo conveniente sería archivar el proyecto del tan discutido Tren Maya y dirigir la mirada hacia otros objetivos.

Es aquí donde nos hacemos las siguientes preguntas: ¿Por qué no se han reanudado las obras del tren que debería unir Toluca con Santa Fe? ¿Por qué se suspendió el proyecto que planeaba unir por tren la capital del país con la ciudad de Querétaro?

Consideramos que, si se trata de impulsar el transporte ferroviario, lo más adecuado sería concluir la vía México-Toluca.

Y, una vez concluida, el siguiente paso sería reanudad el proyecto que Peña Nieto dejó inconcluso o sea unir Querétaro con la capital del país.

Si ambos proyectos se concluyesen con éxito, las dos autopistas (México-Querétaro y México-Toluca) se volverían más fluidas al ver como disminuyen los congestionamientos causados tanto por el flujo vehicular como por los cierres causados por los manifestantes que se apoderan de las casetas de cobro.

Una vez que ambas ciudades quedasen comunicadas con la capital del país mediante un tren ligero que correría a gran velocidad, el paso siguiente sería extenderse hacia el interior del país.

Y así podría construirse una línea ferroviaria que, saliendo desde Toluca, pasase por Morelia hasta llegar a Guadalajara. Con el tiempo, desde la Perla Tapatía, podrían construirse vías hacia el norte, incluyendo Mazatlán, Durango, Chihuahua y Hermosillo.

Asimismo, saliendo desde Querétaro, otra vía pasando por León podría dividirse allí en dos ramales: Una que pasase por Aguascalientes, Zacatecas y Saltillo hasta llegar a Monterrey; y el otro que pasase por San Luis Potosí y Ciudad Victoria hasta llegar a Reynosa.

Muchísimas son las posibilidades y si todas ellas se llevasen a cabo el país lograría un enorme avance puesto que no solamente el turismo sino incluso el transporte de correspondencia y mercancías sería más rápido y eficiente.

Por supuesto que, desde la capital del país, podrían unirse las ciudades de Puebla, Veracruz, Villahermosa, Campeche y Mérida.

Ojalá que todo esto se medite y que todo proyecto que se elabore se apoye en estudios científicos llevados a cabo con la debida seriedad. Esto deseamos por el bien de México.

 

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