A propósito de la matanza de Uvalde

El único responsable de la matanza en la escuela de Uvalde fue Salvador, ya que él y solamente él planeó la masacre, marchó hacia el colegio con intención de causar el daño que causó y fue él, solamente él, quien apretó el gatillo.



La terrible matanza que tuvo lugar en Uvalde (Texas) en la cual Salvador Ramos, un adolescente de dieciocho años, mató a 19 niños y 2 maestras es ya una tragedia a nivel mundial.

Y como era de esperarse, tan terrible tragedia ha dado mucho de qué hablar y lo dará hasta que otra de iguales o peores dimensiones la opaque haciéndola caer en el olvido. No olvidemos que, apenas diez días antes de lo ocurrido en Uvalde, otro desquiciado mental mató a diez personas de raza negra en un supermercado en Búfalo.

Una sangrienta masacre que, al provocar comentarios condenándola, hace que corramos el riesgo de caer en lugares comunes que, por no indagar las causas, poco ayudan a evitar que dichas tragedias vuelvan a repetirse en el futuro.

Y es que alguna de esas frases repetitivas son las siguientes: Que el adolescente es algo mucho peor que un monstruo, que los padres de las víctimas jamás olvidarán lo ocurrido, que no es justo privar de la vida a niños inocentes que ningún mal hacían, que se deben prohibir la venta de armas, que si acaso dicha venta no pudiera evitarse, al menos, se vea a quienes se les venden, etc.

Como podemos observar, a propósito de la matanza de Uvalde, esto es lo que se ha venido diciendo.

Y lo peor del caso es que volverá a repetirse lo mismo cuando –quizás antes de un par de meses- vuelva a ocurrir algo parecido o mucho peor.

Preciso será poner cada cosa en su lugar.

Empezaremos diciendo que NO HAY NADA QUE JUSTIFIQUE LO OCURRIDO. El asesino se llamaba (y decimos “se llamaba” porque lo abatieron a tiros) Salvador Ramos y suya, solamente suya, es la culpa.

No obstante, preciso será tener en cuenta una serie de elementos que no justifican pero que tal vez expliquen la conducta de un sujeto que, aunque se llamaba Salvador, nada tenía de salvador.

Según hemos sabido, el sujeto era exalumno de dicha escuela y, durante los años que allí permaneció, fue objeto de burlas e incluso de bullying debido a que tenía dificultad para hablar y que su familia atravesaba por una difícil situación económica.

Antes de seguir adelante: No queremos que nos malinterpreten y piensen que estamos diciendo otra cosa.

Repetimos: el único culpable es Salvador y no hay nada que justifique sus crímenes.

Ahora bien, siempre que se den episodios de burlas e incluso bullying en una escuela, en una empresa, en un sindicato, en una institución cultural, en un equipo deportivo o en cualquier otra comunidad donde sea inevitable la convivencia… ¿No se estará fomentando un ambiente de resentimiento?

Un resentimiento que –sumado a los complejos de inferioridad- va creando un peligroso caldo de cultivo que puede terminar del mismo modo que terminó en Uvalde.

Desde luego –repetimos una vez más- el único responsable fue Salvador puesto que él y solamente él, con toda frialdad, planeó la masacre, marchó hacia la escuela con intención de causar el daño que causó y fue él, solamente él, quien apretó el gatillo.

Sin embargo, eso no impide que lo califiquemos como un pobre resentido lleno de complejos que erróneamente pensaba que la sociedad todo se lo debía y, al sentirse acreedor, decidió cobrar unas deudas que no existían.

Aparte de su difícil situación económica, quisiéramos saber: ¿Cuál era su ambiente familiar? ¿Estaban divorciados sus padres? ¿Recibió una buena educación tanto en su hogar como en el ambiente escolar? ¿Cuál habría sido su conducta si procediese de un matrimonio bien integrado? ¿Sería un tipejo lleno de traumas si hubiera recibido una buena formación educativa? ¿Qué clase de elemento sería si, en lugar de haberse deformado conviviendo con los golfos del barrio, hubiese tenido por educadores a maestros lasallistas, salesianos, jesuitas, maristas y gente buena en general?

Repetimos: Salvador y solamente Salvador es el culpable.

Y concluimos con una pregunta: ¿Cuántos resentidos, carentes de una educación en valores, vagan por el mundo esperando que se presente la primera oportunidad para desahogar traumas y complejos?


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