Una revolución educativa muy peligrosa

Consecuencia gravísima de este modelo educativo será que las futuras generaciones serán gente adocenada y sin el criterio necesario para distinguir entre lo bueno y lo malo y con riesgo de elegir siempre lo peor.



Marx Arriaga, el mismo funcionario que presentó hace meses una reforma a los libros de texto gratuito, presenta ahora el proyecto de un nuevo modelo educativo.

Un nuevo modelo educativo que, más que un modelo, es una auténtica revolución porque acaba poniéndolo todo patas arriba.

Por lo pronto –juzguen nuestros amigos lectores- se dispone que la enseñanza y el aprendizaje ya no tendrán como escenario la escuela sino la comunidad. ¿Cómo se interpreta esto?

Asimismo, se dispone que aprender Matemáticas o cualquier otro tipo de ciencia tendrá el mismo valor que aprender las creencias, tradiciones, rituales y fiestas de la comunidad. ¿Significa esto que estudiar las supersticiones de un pueblo perdido allá en la más lejana serranía será equivalente a conocer las leyes fundamentales de Química o de Física?

Desde luego que, en el proyectado modelo educativo, se dispone que desaparezcan tanto las asignaturas como los grados académicos. ¿Significa esto que dará lo mismo cursar cuarto de Primaria que segundo de Secundaria?

También se dispone que los maestros no estarán obligados a cumplir con los planes de estudio oficiales, sino que podrán transformarlos como mejor les venga en gana. ¿Estamos en la antesala del caos?

Y viene ahora la cereza del pastel: Serán los alumnos, y no los maestros, quienes pondrán las calificaciones. Que nadie se sorprenda si en lo sucesivo salen todos con promedio de DIEZ, pero con un nivel de conocimientos muy por debajo del menos cero.

Quisiéramos saber quién fue el resentido que elaboró modelo tan macabro.

Porque ni duda cabe que fue un peligroso resentido social –enemigo del progreso de las futuras generaciones- a quien se le ocurrió tal cúmulo de barbaridades.

Y lo peor del caso es que, aparte de hundir en el subdesarrollo a niños y jóvenes, habrá otra consecuencia: cuando quienes aquí hayan cursado Primaria y Secundaria pretendan que les revaliden sus estudios en el extranjero lo más probable será que –aunque muestren su Certificado de Secundaria- después de presentar un examen de conocimientos, no sean admitidos ni en el kínder.

Y todo porque la más sectaria de las ideologías se impone sobre el progreso científico que descubre nuevas maravillas cada día que pasa.

Una escuela de bajísima calidad es la que pretenden imponernos. Ya podemos imaginarnos el triste futuro que nos espera.

Habrá miles, quizás millones de egresados (eso sí, todos con promedio de DIEZ) que se enfrentarán a los retos de la vida con la misma indefensión que se enfrente quien llegue al campo de batalla con un fusil sin balas ni bayoneta.

Consecuencia gravísima de este modelo educativo será que las futuras generaciones serán gente adocenada y sin el criterio necesario para distinguir entre lo bueno y lo malo y –consecuencia lógica- con riesgo de elegir siempre lo peor.

En fin, que ya se han oído voces protestando como lo hicieron en un desplegado firmado por cerca de trescientas personalidades entre las que destacan el exsubsecretario de Educación Gilberto Guevara Niebla, Carlos Tello Macías, Cecilia Soto, Diego Valadez, el exrector de la UNAM Francisco Barnés de Castro, Héctor Aguilar Camín, Jean Meyer, José Woldenberg, Soledad Loaeza y Luis Arturo Solís Bravo, presidente de la Unión Nacional de Padres de Familia.

Una auténtica revolución educativa (por cierto, muy peligrosa) que, por el bien de México deseamos que no siga adelante.


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