Un continente a la deriva

Un fenómeno alarmante no sólo en México, sino en el resto de América Latina es el hecho de que los movimientos de izquierda estén financiados por el narcotráfico.



Si echamos un ligero vistazo a esta región del mundo conocida por unos como Hispanoamérica y por otros como América Latina, nos encontraremos con que un vasto, inmenso y muy poblado continente parece marchar a la deriva.
Empezaremos por América Central…

De todos es sabido que todos los países que forman parte de la cintura continental (excepto Costa Rica) padecen hambre, epidemias y el azote de pandillas asesinas, de las cuales la más peligrosa en la región es la terrible “mara salvatrucha”.

Tanta calamidad provoca el éxodo de miles de personas que lo dejan todo buscando lo que se conoce como “el sueño americano”.

Un sueño que está muy lejos de convertirse en realidad puesto que Kamala Harris, vicepresidenta de los Estados Unidos, fue muy clara al advertirle a esos miles de emigrantes salvadoreños, guatemaltecos y hondureños que se abstengan de viajar al norte.

En Nicaragua, las cosas van de mal en peor puesto que varios candidatos opositores al régimen sandinista han sido encarcelados con lo cual Daniel Ortega, al quedarse sin rivales, se convierte en un dictador mucho peor que la que en otros tiempos fuera la familia Somoza.

De Venezuela sale sobrando hablar, pues todo mundo sabe que el dictador Nicolás Maduro se endurece cada vez más a la vez que su pobre pueblo ve aumentar el hambre y las privaciones.

En Colombia, al haber ganado las elecciones el conservador Iván Duque, los grupos de izquierda tomaron la represalia causando infinidad de desmanes intentando ganar en la calle lo que habían perdido en las urnas. Afortunadamente, el ejército respalda al gobierno y esto hace que los agitadores se encuentren bajo control.

En Ecuador, la victoria del conservador Guillermo Lasso causó que los seguidores del expresidente izquierdista Rafael Correa sufriesen un duro descalabro.

En el Perú, la apretada victoria del comunista Pedro Castillo no augura nada bueno. Aquí la esperanza pudiera encontrarse en el hecho de que gobernará un país sumamente dividido que no está dispuesto a perder sus libertades.

El triunfo de Pedro Castillo quizás no sea definitivo para los grupos marxistas puesto que, dada la inestabilidad del país (varios presidentes en menos de cinco años) nada extraño sería que el nuevo presidente perdiese el poder, se realizasen nuevo comicios y… sólo Dios sabe que pasaría.

En Chile, la izquierda se salió con la suya al apoderarse de las calles puesto que lograron que el nuevo congreso constituyente (encargado de redactar una Constitución) esté dominado por elementos socialistas.

Aquí la esperanza radica en que la sensatez que siempre ha caracterizado al pueblo chileno influya en los diputados de tal modo que la Constitución que redacten no sea tan radical como los extremistas pretenden.

En Argentina, donde gobierna un payaso que odia a los pueblos indígenas que responde al nombre de Alberto Fernández, las cosas tampoco marchan bien; especialmente cuando -con el pretexto de la pandemia- pretende que le concedan unos “superpoderes” que convertirían al Poder Legislativo en algo tan inútil como un florero que solamente sirve de adorno.

Bolivia -que parecía haberse librado del populismo- volvió a tropezar en la misma piedra con la cual nada bueno puede esperarse, especialmente si se alía con el peruano Pedro Castillo.

Brasil, a pesar de que cuenta con un Jair Bolsonaro, presidente que apoya a la libre empresa, no ofrece ninguna garantía debido al torpe manejo que ha hecho de la pandemia, lo cual pudiera ocasionar que, en las próximas elecciones, Lula da Silva volviese al poder.

Aquí en México, a pesar de que, en las elecciones del 6 de junio, las cosas no le salieron a López Obrador como esperaba, la realidad es que nada extraño sería que intentase sobornar a diputados opositores para que le ayuden a aprobar sus reformas.

Un fenómeno alarmante no sólo en México, sino en el resto del continente es el hecho de que los movimientos de izquierda estén financiados por el narcotráfico.

Un apoyo que no solamente es económico, sino que va más allá al asesinar a todos aquellos que consideran un peligro para los gobiernos de izquierda.

Aunque nos duele reconocerlo, esa es la dramática situación por la que atraviesa Hispanoamérica, un continente que marcha a la deriva…

 

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