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Bicentenario del Plan de Iguala

Agustín de Iturbide y la Bandera, que nació junto con el Plan de Iguala, están íntimamente unidos.



Dentro de las efemérides dignas de conmemorarse en este 2021, la primera cronológicamente es la que se celebra el 24 de febrero, que tradicionalmente se conoce como “Día de la Bandera”, pero que en esta ocasión la recordaremos como el Bicentenario del Plan de Iguala.

Efectivamente, fue el 24 de febrero de 1821 cuando en la pequeña población guerrerense de Iguala, don Agustín de Iturbide proclamó el Plan que traería como resultado que México se convirtiera en un estado libre y soberano.

El Plan de Iguala ofrecía tres garantías:

*La unidad religiosa teniendo al catolicismo como única religión.

*La independencia absoluta con respecto de España con una monarquía constitucional como forma de gobierno, ofreciéndose la corona al rey Fernando VII o en su defecto a cualquier otro miembro de su familia.

*La unión de todos los habitantes sin distinción de razas.

Estas tres garantías: RELIGIÓN, INDEPENDENCIA y UNIÓN cobraron vida en una bandera de tres colores que fueron respectivamente blanco, verde y rojo; colores que, a partir de entonces, dieron origen a nuestra enseña nacional.

Como se podrá observar, el Plan de Iguala pedía una independencia basada no solamente en el respeto a la fe del pueblo, sino evitando las discordias que hasta entonces –al calor de las luchas de Hidalgo y de Morelos– habían enfrentado a insurgentes y realistas.

El Plan de Iguala ganó muy pronto adeptos tanto por parte de los jefes realistas de alto nivel como de los antiguos insurgentes. Era un espectáculo digno de admiración ver como en masa se incorporaban voluntarios al Ejército Trigarante, así llamado por defender las Tres Garantías contenidas en dicho Plan.

El caso es que –como si se tratase del fenómeno de la “cargada” – cada día se sumaban más y más adhesiones.

Hasta llegar el momento en que el gobierno virreinal tan sólo contaba con la Ciudad de México, el fuerte de Perote y los puertos de Acapulco y Veracruz.

Es entonces, el 24 de agosto del mismo año, cuando el recién llegado virrey don Juan O Donojú se entrevista con Iturbide y, ante los hechos consumados, firman ambos los Tratados de Córdoba.

Un mes después, al frente de dieciséis mil hombres, Agustín de Iturbide entra en la Ciudad de México en medio del clamor popular.

Recordando dicho acontecimiento, el historiador Mariano Cuevas, S.J. nos dice que “el pueblo prodigó sus aplausos a todos los cuerpos del ejército, y en cada uno de los soldados contemplaba a un fundador de la Independencia Nacional” (Historia de la Nación Mexicana. Editorial Porrúa. Página 500).

En poco más de siete meses y de un modo pacífico, Iturbide había conseguido la Independencia.

Aunque la gran mayoría lo ignore y aunque un puñado de mafiosos se empeñen en distorsionar la verdad dando origen a una Historia Oficial que es más falsa que un billete de veintitrés pesos, la realidad es que el único autor de la Independencia de México es don Agustín de Iturbide, un personaje fuera de serie que, por medio del Plan de Iguala, supo interpretar el anhelo de paz y libertad de todo un pueblo.

Y no solamente interpretó dicho anhelo, sino que, actuando con la destreza propia de un militar exitoso, Iturbide supo jugar con gran habilidad diplomática hasta conseguir las adhesiones necesarias para el triunfo de su causa.

El Plan de Iguala –aunque autores sectarios sostengan otra cosa– fue obra exclusiva de Iturbide, circunstancia que él mismo confirma en su Testamento redactado en Liorna (Italia) durante su destierro: “Formé mi plan conocido por el de Iguala; mío porque sólo lo concebí, lo extendí, lo publiqué y lo ejecuté: me propuse hacer independiente a mi patria, porque este era el voto general de los americanos, voto fundado en un sentimiento natural y en los principios de justicia”.

Doscientos años, dos siglos se cumplen el 24 de febrero de este 2021 de que fuera proclamado el Plan de Iguala.

Un Plan que –como antes dijimos– marcó tanto el final del Virreinato de la Nueva España como el nacimiento de México como Estado Libre y Soberano.

Celebramos el Bicentenario de un Plan que dio origen a unos colores que interpretan la esencia misma de la Mexicanidad.

Unos colores que se plasman en nuestra Enseña Patria, motivo por el cual también nuestra bandera está celebrando su Bicentenario.

Iturbide y la Bandera que nació junto con el Plan de Iguala están íntimamente unidos.

Y concluimos reconociendo cuánta razón tenía el poeta Amado Nervo cuando, refiriéndose a Iturbide, verdadero Padre de la Independencia, hizo la siguiente pregunta: “¿Quién borrará tu nombre de la Historia sin borrar de tu enseña sus colores?”.


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