Nueva ofensiva de la ONU contra la vida y la familia

Ha sido por las políticas públicas para prevenir el aborto, que éste ha disminuido en algunos países de Europa estos últimos veinte años.


Planned Parenhood


La próxima Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (CIPD25) convocada por la ONU, se llevará a cabo en Nairobi, Kenia, del 12 al 14 de noviembre. En dicha Conferencia se tratará, una vez más, de imponer en todos los países el aborto como si fuera un “derecho humano” añadiendo ahora, con mayor descaro, un ataque frontal a los derechos humanos de los niños en el programa (ideología de género) que, entre otras cosas, propone: acceso a la “plenitud de los derechos de los niños” que incluyen: “libertad sexual y reproductiva” (incluido el aborto, por supuesto), “asesoramiento confidencial”, “educación sexual” (comprehensive sexual education). Por supuesto que sin el conocimiento y, por lo mismo, sin el consentimiento de los padres o tutores legales. Todo ello sustentado en el supuesto derecho al “desarrollo de la personalidad”.

El lema de esta Conferencia no puede ser más elocuente: “Acelerando la Promesa”, pues hasta la fecha la ONU no ha logrado que se considere el “derecho a la salud sexual y reproductiva”, a través del “aborto legal y seguro”. En este sentido, la Comisión de Población y Desarrollo de la ONU (ICPD) exige (en su 52ª. Sesión) la “Cumplimentación plena, efectiva y acelerada del Programa del ICPD y agenda 2030 de la ONU, para el desarrollo sostenible”. El proyecto de compromiso de la cumbre de Nairobi trata de cumplir con su agenda en los siguientes términos: “Para lograr el acceso universal a la Salud Sexual y Reproductiva como parte de la cobertura universal de salud, nos comprometemos a garantizar el acceso de los jóvenes (entiéndase niños) a la información, la educación y los servicios para que puedan tomar decisiones informadas sobre su sexualidad y vida reproductiva”.

La lucha contra la vida de los no nacidos tiene una larga historia que empezó en 1927 (antes de la existencia de la ONU), con la activista a favor del aborto, Margaret Sanger, fundadora de la organización abortista más grande del mundo: Planned Parenthood. Más de una década después de la fundación de la ONU, sus diferentes organizaciones empezaron a ser tomadas por los partidarios de la contracepción y del aborto (neo malthusianos y anticristianos), como es el caso del Fondo de las Naciones Unidas para la Población (UNFPA), encargada de organizar ésta y las precedentes conferencias.

Sin embargo, no fue sino hasta la Conferencia del Cairo, en 1994, cuando el debate sobre el aborto se hizo más intenso y la situación se volvió más crítica. Ahí fue cuando se utilizó por vez primera la expresión “derecho a la salud sexual y reproductiva” de las mujeres, para tratar de convencer a los gobiernos de implantar en sus respectivos países políticas públicas favorables al aborto. Sin embargo, una coalición de naciones encabezada por el Vaticano finalmente triunfó y logró que el aborto no se presentara como “un derecho”. Los gobiernos se comprometieron entonces a “reducir el recurso al aborto y a tomar las medidas adecuadas para ayudar a las mujeres a evitarlo”. De hecho, ha sido por las políticas públicas para prevenir el aborto, que éste ha disminuido en algunos países de Europa estos últimos veinte años.

Los fracasos continuos de los promotores del aborto en la ONU, los han convertido en encarnizados enemigos de los defensores de la vida y, sobre todo, de los países que no han despenalizado el aborto. Son recurrentes las presiones y las amenazas que, contra los países pobres, ejerce la ONU, amenazando con retirarles los apoyos que reciben, por ejemplo, a través de los programas de la UNICEF.

Uno de los instrumentos de la ONU para lograr imponer la ideología antivida (y ahora la ideología de género) es la organización de conferencias internacionales con los más diversos pretextos, sobre todo cuando se tratan temas cercanos a sus intereses. Entre los principales invitados a este “summit” en Nairobi se encuentran, además de altos funcionarios de la ONU, organizaciones civiles proaborto, y de manera especial Planned Parenthood, así como Women Deliber e incluso IPAS (fabricante de las “aspiradoras”, espantosos aparatos que sirven en muchas clínicas para realizar abortos). Afortunadamente, también estarán presentes organizaciones civiles provida que tienen status permanente ante la ONU, pero no deja de ser significativo que otras organizaciones provida, las que no tienen status permanente, no han sido autorizadas a participar, seguramente porque en la Conferencia anterior las organizaciones provida superaban a las antivida.

La Conferencia a celebrarse en Nairobi, más que tratar temas relativos a los graves problemas del desarrollo de la población mundial, pretende enfocarse en un supuesto control de la natalidad, con una visión neomalthusiana y anticristiana, que trata de convencer a los gobiernos de que legislar a favor de la anticoncepción y del aborto, como un derecho, es fundamental para corregir sus desequilibrios políticos y económicos (sobre todo en los países pobres). En este sentido, un grupo de 19 Estados, entre los cuales se encuentran Polonia, Hungría, Rusia, Brasil, Estados Unidos, Egipto, el Congo y otros países africanos y asiáticos, hicieron una declaración conjunta, el 23 de septiembre pasado, por la cual le pidieron a la ONU abandonar la “ideología del derecho al aborto”, para concentrarse sobre los retos concretos para mejorar sustantivamente el verdadero acceso a la salud para todos los pueblos. Estos gobiernos responden de esta manera a los “expertos” del Comité de los Derechos Humanos de la ONU, que adoptaron el año pasado un texto de referencia presentando el aborto como un derecho humano (Observación general n°36).

Por otra parte, resulta cada vez más evidente que la adopción de la agenda de los grupos LGTBI por la ONU, que pretende introducir en Nairobi, en los próximos días, está alineada también con el propósito de reducir el crecimiento de la población mundial. Esto de ajusta a su idea de que, a mayor promoción de la homosexualidad –sobre todo desde la niñez– y de todos los “géneros” que comprende la perversión de la sexualidad humana, menor probabilidad de reproducción de los seres humanos. Este nuevo ataque a la civilización cristiana está enfocado a la parte más débil y vulnerable de la sociedad, los niños y los adolescentes, sobre los que hoy están enfocadas las poderosas baterías del Fondo de la Naciones Unidas para la Población (UNFPA).

Es necesario decir que, al día de hoy, así como en El Cairo en 1994, la Iglesia Católica (representada por el Vaticano) y otras iglesias cristianas, así como el bloque de los países africanos, Estados Unidos (ahora, porque el partido demócrata es proaborto), Rusia y Polonia, siguen estando a la cabeza del movimiento mundial de la defensa de la vida. Esperamos que, una vez más, la ONU se encuentre con la oposición a que sea considerado un “derecho”, el crimen de matar a los niños por nacer en el vientre de su madre.

 

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