Dimisión por presión y sujeción

Sheinbaum ha demostrado sin inmutarse que en esta administración, la sujeción y devoción al Ejecutivo están por encima de la veintena de muertos en el Metro de la Línea 12.



DIMISIÓN DE FACTO

“La jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, dijo este miércoles que, por acuerdo con el presidente López Obrador y el empresario Carlos Slim, el mandatario será el único que dará información sobre los acuerdos que tomen con relación a la Línea 12 del Metro”. Así señala la nota periodística captada por el equipo de Animal Político (https://www.animalpolitico.com/2021/06/acuerdo-amlo-informara-trabajos-linea-12-slim-sheinbaum) que, por su obvio contenido, envía un mensaje que va desde lo anecdótico, pasando por lo lúdico y terminando por ser patético.

Es de dominio público que, quien defiende a los pobres desde el lujo de un palacio, le encana –tiene cierta fascinación- por brincarse cuanta legislación se oponga a sus reales intenciones. Eso ya va siendo una práctica costumbrista.

El dilema es que, con el mensaje de la Jefa de Gobierno, el fondo, la forma y la división marcada por la Constitución de la República, el marco jurídico puede irse por la alcantarilla. Por lo mismo, don Pepe Medina Mora, presidente nacional de Coparmex, hace bien en impulsar la defensa de nuestra Carta Magna.

Dicho de otra forma, la doctora Sheimbaum claudicó o, cuando menos, dimitió de sus atribuciones propias de su encargo republicano. Tampoco es un tema de comunicación para situaciones de crisis. Es, en buen romance, entregarle la jefatura de gobierno de la ciudad capital, al mandatario mexicano. Y esa acción, contraría de frente, el espíritu del constituyente.

EN ADICIÓN

Y lo peor del tema es que, el mensaje que ha enviado es dramático, porque ya se sabe que es la favorita de la Cohorte por estar en primera línea de ascensión al trono del zócalo capitalino. Es de dominio público también que, jamás moverá un dedo sin la voluntad superior que le muestra lo que tiene que hacer. Ella, jamás se separará de esas directrices y nunca tendrá la osadía de contravenir las órdenes “de arriba”.

Ha demostrado sin inmutarse que en esta administración, la sujeción y devoción al Ejecutivo, está por encima de la veintena de muertos en el Metro o de las familias que tienen a alguno de sus miembros con serios y graves padecimientos de cáncer.

Hay que celebrar el “semáforo en verde” aunque la tercera ola de COVID ya se hizo presente en las escuelas; planteles en donde se hicieron diversos esfuerzos para dotarlas de agua, para limpiarlas, para que los docentes en muchos casos, tuvieran que poner dinero de su bolsa para comprar gel antibacterial y sanitizantes. Todo para abrir las escuela, recibir a los chicos… y de nuevo, por órdenes de la ticher Delfinita, se volvieran a cerrar por el rebrote.

LA PRESIÓN

Sin duda, para la jefa de gobierno, entre gente que le mueve a las ballenas del Metro para que se caigan, entre incendios en las estaciones y manoseos para muchas mujeres; entre las derrotas del movimiento del presidente en donde la señora Sheimbaum dice que gobierna; los asaltos, robos a transeúntes, vehículos, a casa habitación, calles inundadas, inmuebles atascados con lodo y aguas negras, se conforma una gran bola de nieve que afecta directamente, las expectativas presidenciales y la coloca en desventaja grave ante el Secretario Ebrard, que ha estado muy calladito.

La otra parte del mensaje de la jefa es que, cuando el presidente asume el papel de vocero que a ella le corresponde, pone de manifiesto un cierto grado de ineptitud para manejar las crisis.

Si bien, es cierto que el mandatario ya cubrió con su manto al empresario Carlos Slim, fue necesario comprometer “su palabra” para que dentro de un año se “re-estrene la Línea 12”. Remarcó que ése era “su” compromiso”.

El tema dará qué pensar y mucho. ¿El ejército será el re-constructor de la Línea Dorada o el presidente asumirá la función de Secretario de Obras Públicas para dirigir la reconstrucción y que todo esté listo en tiempo y forma?

Como dice uno de mis entrañables lectores: “Ese es el México surrealista”.


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