Oportunidad educativa

Los padres han de poner límites adecuados a las edades: seguir un horario, vivir el orden, respetar lo de los demás, ayudar a quienes lo necesitan, agradecer los servicios, y muchos más detalles.


Comunicación y confianza


Cuando pensamos en educación reducimos el campo a la escolaridad de los niños y jóvenes. Es tiempo de cambiar la óptica y afrontar las tareas apremiantes. Cada quien debe recordar y practicar algo que hemos escuchado: la educación no termina nunca. Este asunto, ante la pandemia no será igual, pero mucho menos para los padres de familia, ellos volverán a la escuela si toman en serio la educación de los hijos.

Y resulta una bendición que los padres vuelvan a la escuela por muchos motivos que iremos analizando. Aunque antes de hacerlo, conviene eliminar la nube negra del terror -si lo hay- a la complicación de la ya complicada vida, con la carga de nuevas tareas, como será tener a los hijos en casa cuando les toque estudiar en línea.

Para los padres volver a la escuela significa convivir más tiempo bajo el mismo techo con los hijos y tratar de responder dudas sobre algunos temas o tareas pendientes. Si todos están en casa, lógicamente sucederá. Y, lo mejor es no cerrar puertas para cultivar la comunicación y la confianza. Esto no está reñido con poner ciertas medidas de orden, qué hará el padre y qué la madre.

En primera instancia, es necesario aceptar dos hechos. Hemos pasado un período de irregularidad por el encierro, el curso pasado terminó como se pudo y el tiempo de vacaciones no se distinguió. Lo segundo es que gran parte del futuro tiempo escolar será en casa, por tanto, los niños no jugarán con sus compañeros, no contarán con cambios de actividades que ayudan a descansar. En el hogar habrá que adaptar espacios.

Si se aceptan de buen modo estos cambios, los niños ganarán la presencia de sus padres, y éstos entenderán mejor a los hijos porque palparán sus cualidades y defectos, sabrán tratarlos con más acierto y disfrutarán de una compañía insustituible que tal vez se había desdibujado. Y, sobre todo, podrán atajar a tiempo, el grave problema de los contenidos, con los que no están de acuerdo. Los padres aprenderán a hacerlo.

Todas estas circunstancias ofrecen la oportunidad de conservar la identidad espiritual, y fortalecen los derechos de los padres y propician el desarrollo moral, a la vez impiden los adoctrinamientos contrarios a sus convicciones, como pueden ser algunos enfoques del feminismo o de los colectivos LGBTIQ u otras influencias.

Conviene prestar especial atención al tema de la “Educación Sexual Integral”. Este asunto ha estado en las agendas internacionales desde hace varios años, pero ahora, no sólo en nuestro país sino en muchos más, ya impregnó los programas de las asignaturas del nivel básico. Impregna aspectos muy incisivos como son todos los que se refieren a la sexualidad humana: elección de sexo, inicio de la vida sexual y reproductiva a muy temprana edad, técnicas para evitar la procreación, recursos variados para la anticoncepción, aceptación del aborto y la eutanasia.

Como cuando crezcan convivirán con personas que postulan estos adoctrinamientos, solamente la adquisición de virtudes les dará la fuerza para conservar sus convicciones. Para ello el entrenamiento debe provenir desde temprana edad con el apoyo de medios como la disciplina. Los padres han de poner límites adecuados a las edades: seguir un horario, vivir el orden, respetar lo de los demás, ayudar a quienes lo necesitan, agradecer los servicios, y muchos más detalles. Si todo esto lo adoptan habrán adquirido fortaleza y templanza.

El cómo y cuándo del uso de tecnología dará pie a practicar todos estos aspectos.

Para que los padres no se sientan perdidos en este mar de responsabilidad, pueden adoptar unos objetivos que propuso Benjamín Bloom. Tiene seis niveles ascendentes: recordar, entender, aplicar, analizar, evaluar y crear. Los primeros relacionados con el conocimiento y los últimos con las habilidades. En las conversaciones de los padres con los hijos, de manera intencional, pueden reforzar lo que conviene recordar, revisar qué entendieron y aprobar o reorientar. Mediante preguntas accesibles incitarlos a aplicar o a analizar, a evaluar y a crear. Pueden llegar a ser conversaciones muy interesantes y enriquecedoras.

Además, conviene saber que el aprendizaje con recursos tecnológicos tiene sus límites. El uso del papel y tomar notas a mano provoca aspectos insustituibles. Hay sistemas universitarios que, para algunas asignaturas, han prohibido el uso de laptop. Está comprobado que al escribir por medio de un teclado, el cerebro procesa de otro modo, no advierte algunos asuntos, no abstrae ni sintetiza. Tampoco se recuerda con facilidad aquello que se escribió. Por lo tanto, con los apuntes a mano se facilita la abstracción y la síntesis.

Cuando se cuenta con aparatos, la persona se confía en ellos, hace menos esfuerzo para retener porque se apoya demasiado en ellos y rezaga el desarrollo personal. En las etapas de crecimiento no conviene exagerar esa dependencia, en cambio cuando se trata de dar resultados laborales estos recursos no presentan restricciones, ayudan a llegar más lejos.

Una grabadora impide que el cerebro se ejercite, no selecciona ni organiza los datos de acuerdo con elementos del contexto. Al tomar apuntes a mano, el cerebro fija la información contextual, advierte lo que sucede alrededor, y esto le ayuda a recordar porque están muy vivas las emociones. Cuando hay alegría o tristeza, el cerebro recuerda todo lo relativo al momento.

El aprendizaje es mejor cuando el entorno contribuye con emociones positivas. Por eso la gratificación de la aprobación de los padres ante el aprendizaje, es muy importante. El miedo evita aprender, bloquea los centros cognitivos superiores e impulsa a la acción sin reflexión, también para tenerlo en cuenta.

Todas estas consideraciones son posibles para personas que cuentan con ciertos recursos: tiempo, compatibilidad entre obligaciones laborales y atención a los hijos, preparación básica para apoyar los conocimientos requeridos, apoyos tecnológicos. Está pendiente resolver la manera de apoyar a familias que no tienen estas posibilidades, esto requiere creatividad y generosidad para compartir.

 

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