Reflexiones sobre el gobierno de un pueblo

La corrupción más grave del gobierno es la tiranía. Porque el tirano se hace dueño de todo y de todos.



Todo grupo requiere de alguien que le conduzca, si desea permanecer unido. Además, no se trata de cualquier modo de llevar las riendas. Se desean cuidados sin excluir a nadie, respeto y seguridad para alcanzar el desarrollo personal y colectivo. Las necesidades humanas son ricas y han de considerarse todas.

Como nos muestra la experiencia, en el fondo deseamos lo mejor. Pero hay transgresores que, por diversos motivos, buscan el bien particular a costa del legítimo de los demás. Y, el gobierno ha de tomarlo en cuenta ´para combatir estas tendencias.

No soy experta en gobierno, pero formo parte de los gobernados y, tengo mis opiniones, no solo por las propias experiencias sino por las vividas por mis contemporáneos y por las de otras épocas.

La historia amplia nos enseña las variadas soluciones para conducir, para convivir con personas amables y con otras oportunistas. Con quienes se encuentra comprensión y ayuda, con quienes se aprovechan de los más desprotegidos y les explotan. Aprendemos de la existencia de épocas de bonanza y otras de guerras.

Pero también está la propia historia. Recuerdos encantadores y otros tristes y dolorosos. Sin embargo, todo forja. Es un aprendizaje para saber a quién y cuándo pedir ayuda, así como a quién ayudar. Recuerdos de nuestra actuación solidaria y otros de haber dejado pasar la oportunidad. Momentos para agradecer y momentos para pedir perdón.

Sin embargo, quien acepte la responsabilidad de gobernar, de conducir a otros, asume una gran responsabilidad. Su vida queda irremisiblemente ligada a su pueblo. En los múltiples exámenes profesionales donde fui sinodal, quien obtiene el grado, se compromete a servir con su trabajo a la sociedad, y si no lo hace, que esas personas se lo demanden. Pues ese compromiso, elevado a un nivel absoluto, les corresponde a los gobernantes. Ellos juran sobre la Constitución. Pero el pueblo debe exigir que se gobierne bien.

La relación es recíproca para hacerlo bien. Desgraciadamente cuando se trata de privilegiar a pocos, o incluso se pervierte la noble tarea del gobierno y también la del pueblo, siempre hay surgen esfuerzos para enderezar le actividad del gobierno y del pueblo, porque ambos son necesarios.

Los esfuerzos para llegar al poder no se coronan con ganar la elección, ese es un momento de inicio de grandes responsabilidades. En sus manos quedan las esperanzas de mejora de cada uno de los gobernados, sin excluir a nadie. Unos requerirán oportunidades otros, apoyo a sus iniciativas algunos, ayuda para reformar su estilo de vida, y muchas otras especificaciones. Todos son bien común para los demás, todos deben entender ese papel.

La igualdad de las personas está precisamente en ser bien común, la irrepetibilidad de cada uno está en el modo de ser y en el puesto que cada uno ocupa. En el caso de la política a unos les toca el gobierno y a otros desempeñar los trabajos necesarios para la buena marcha del país de acuerdo a los lineamientos del gobierno. El gobierno no es nada sin los gobernados. Los gobernados son eficaces con un buen gobierno.

La corrupción más grave del gobierno es la tiranía. Porque el tirano se hace dueño de todo y de todos. Para impedir esta tendencia es necesario tener contrapesos y escuchar las distintas voces para elegir la mejor opción. Quien no escucha porque no necesita a nadie, pues cree tener siempre la razón, está labrando su propia desgracia y también la de los demás.

Un buen gobierno busca el bien de todos. Poner los medios para lograr el desarrollo personal propio de la dignidad humana. Por eso, se requiere un entorno social facilitador. Por medio de la educación, la salud física y espiritual, trabajo digno justamente remunerado y seguridad.

Como también hay transgresores, es necesaria la justicia preventiva y la restaurativa. Esta última ha de enfocarse a las víctimas y a los victimarios. Con las víctimas: la restitución por medio de la reparación del daño y el restablecimiento de la verdad. Con los victimarios: la oportunidad de reformarse, reparar el daño causado, compromiso de no reincidir. Resarcir con trabajo constante y adecuado.

Hay modelos de buenos gobernantes y su ejemplo puede inspirar las acciones de quienes tienen esa tarea. Precisamente el 1 de abril de este año, fue el centenario de la muerte del Beato Carlos de Austria. Vivió sus deberes de gobernante con gran fortaleza y justicia. Accidentalmente llegó a ser el Emperador del Imperio Austro-húngaro, cargo que correspondía al Archiduque Francisco Fernando quien fue asesinado en Sarajevo, hecho que provocó la primera guerra mundial.

En diciembre de 1916 fue coronado. Con espíritu de servicio hacia su pueblo afrontó las consecuencias de la guerra. Hizo reformas legislativas para el beneficio de todos. En política exterior, no cesó de promover la paz.

Estados Unidos apoyó la independencia de los pueblos que integraban el Imperio Austrohúngaro. El 11 de noviembre de 1918 el Emperador Carlos firma la renuncia a la administración de Austria, y el 13 de noviembre otra para Hungría. Como temía la expansión del comunismo por Centroeuropa, en dos ocasiones intentó restablecer su autoridad en Hungría. Pero desistió para evitar una guerra civil.

Con su familia fue exiliado en la Isla de Madeira. Soportó insobornablemente su sufrimiento y murió en la pobreza, en presencia de su esposa, el 1 de abril de 1922.

Su beatificación se celebró el 3 de octubre de 2004.

 

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