Bioética, Don Justo Aznar y Doña Obdulia Rodríguez

En el mes de junio de este año, Don Justo hizo una defensa de los cuidados paliativos como manifestación de la ética médica, totalmente contrapuesta a la solución de la eutanasia.



Voces preclaras sobre los principios éticos para recorrer la vida humana acaban de callar. Pienso que personas tan comprometidas con el anuncio del modo de afrontar el tesoro de la vida propia y de la de los demás, ahora están comprobando la rectitud de sus consejos y verán que el esfuerzo de ir a contra corriente ha logrado resultados muy certeros en quienes les han escuchado.

El 28 de noviembre dieron la noticia de la muerte de Don Justo Aznar, en Valencia, a los 84 años de edad. Experto en Bioética con una postura firme ante el valor de la vida humana y gran defensor de ella en todas sus etapas. Incansable investigador, científico y médico.

Siempre se escucharon sus valoraciones éticas sobre la experimentación con embriones, el aprovechamiento de los embriones en las vacunas, los vientres de alquiler, las investigaciones a base de modificaciones genéticas de bebés, la selección genética, la eutanasia, la justificación del aborto y cualquier otra propuesta para manipular al ser humano como si se tratara de una muestra más para uso de laboratorio.

Durante años, para abordar de forma divulgativa estos temas de Bioética y defensa de la buena ética médica, la prensa católica ha acudido a Justo Aznar Lucea, doctor en Medicina y bioeticista contundente.

Justo Aznar era a la vez claro en la exposición, valiente en la denuncia de las injusticias y rápido en el análisis de situaciones complejas. Seguirá escuchándose en los escritos que nos deja. Director del Observatorio de Bioética y fundador del Instituto de Ciencias de la Vida de la Universidad Católica de Valencia (UCV), ocupaba además el primer sillón de Bioética de la Comunidad Valenciana, creado por la Real Academia de Medicina.

Su labor científica e investigadora fue reconocida con premios como el “Alberto Sols” (a la mejor labor de investigación en Ciencias de la Salud en 1998), el “Santiago Grisolía” (a la mejor labor de investigación), en junio de 2006 el premio “Salud y Sociedad” (a la mejor Trayectoria Profesional de la Comunidad Valenciana, por la Conselleria de Sanidad) o el premio a la “Trayectoria Profesional” concedido por el Colegio de Médicos de Valencia en 2013.

Fue jefe del Departamento de Biopatología Clínica del Hospital Universitario La Fe de Valencia, desde 1974 hasta su jubilación en julio de 2006. Publicó más de 500 trabajos de investigación en el área biomédica, de ellos alrededor de 300 en revistas de alto nivel científico. En esta misma área dirigió 20 tesis doctorales y publicó 30 capítulos de libros. Sobre Bioética publicó 58 trabajos de investigación y dirigió tesis sobre aspectos de bioética.

El doctor Justo Aznar presidió la Federación Española de Asociaciones Provida durante 21 años, de 1977 hasta 1998, y la Asociación Valenciana para la Defensa de la Vida, que también dirigió durante 33 años, desde 1979 hasta 2012. Además, fue miembro de la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española y desde 2005 era miembro correspondiente de la Pontificia Academia para la Vida.

El funeral por su eterno descanso fue en Valencia el lunes 29 de noviembre a las 12:00 horas en la parroquia de San Josémaría (Calle San Clemente, 14, Valencia).

En el mes de junio de este año, Don Justo hizo una defensa de los cuidados paliativos como manifestación de la ética médica, totalmente contrapuesta a la solución de la eutanasia. Su exposición puede verse en el siguiente enlace:

https://www.religionenlibertad.com/ciencia_y_fe/348433041/muere-justo-aznar-experto-bioeticista-cientifico-medico-voz-provida.html 

Siete horas después, por la localización geográfica, pero con muchas coincidencias en el horario, el mismo día 28 de noviembre, supe de la muerte de la Dra. Obdulia Rodríguez Rodríguez. Eminente médica dermatóloga, especialista en lepra. Publicó varios artículos y eliminó errores sobre ese mal, de modo que el tratamiento llegó a ser certero y, de hecho, prácticamente está erradicado. Su libro sobre la lepra fue el texto de las clases que impartió en la UNAM. Allí declara que la lepra no es contagiosa.

El pasado 11 de septiembre cumplió cien años. Como hija única, al terminar sus estudios, su madre ya era viuda, tuvo la sensibilidad de hacer compatible los inicios como profesionista con una atención llena de cariño por su progenitora. Pronto murió su madre y se dedicó de lleno a su profesión con una sin igual preocupación por la salud corporal y espiritual de sus pacientes.

Era clara su inclinación por la investigación enriquecida con una gran capacidad de acertado diagnóstico. Elaboró la fórmula de la pasta de Lasar que contrarresta problemas de la piel. Además, se preocupó por el buen uso de los cosméticos femeninos.

Participó como ponente en innumerables Congresos en distintas partes del mundo. Trabajó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y puso en marcha la Escuela de Enfermería. Años más tarde fue consejera y docente en la Escuela de Medicina de la Universidad Panamericana. Esa institución le dio el Doctorado Honoris Causa.

Ganó el Premio Zazil, promovido por los Laboratorios de Avon. Formamos parte del Jurado de los premios de Avon, diseñados para concederlos a las mujeres mexicanas, destacadas por su trayectoria laboral, su compromiso social o su incursión en el campo del arte. Allí palpé su calidad humana y su honestidad. Además, gozó de un definitivo ascendiente entre los demás miembros del Jurado.

Siempre guardó una gran admiración y respeto por el Doctor Latapí, el “Maestro” como ella le llamaba. Trabajó bajo sus órdenes en el Centro Dermatológico Pascua y cuando él se retiró a ella la eligieron como la siguiente Directora, cargo que ocupó hasta su jubilación y que combinó con la docencia en esa misma institución. En ese Centro siguió impartiendo -hasta que sus fuerzas se lo impidieron-, una conferencia al mes y también le pidieron su asesoría para las compras de libros y revistas de la biblioteca, y así poder conservar un alto nivel.

Sus consultas estaban abiertas a personas de todas las condiciones sociales y con gran generosidad y desprendimiento atendió a las personas carentes de recursos.

Cuando la invitaron a la ceremonia de inauguración del Hospital que lleva su nombre, en el sur de la Ciudad de México, desde lo más hondo de su corazón agradeció el hecho a las autoridades, pero también manifestó al Director del Hospital, su preocupación de que allí se autorizaran abortos. Él le prometió que mientras estuviera al frente no los permitiría.

El funeral por su eterno descanso fue en Ciudad de México el lunes 29 de noviembre a las 12:00 horas en la parroquia de San Josémaría (Calle Joaquín Gallo 101, Santa Fé, Álvaro Obregón).

 

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