El encuentro que marcó el inicio de nuestra nación

Los corazones de miles de hombres latían apresuradamente, ninguno sabía lo que podría pasar al instante siguiente. Moctezuma se había preparado honrando por varios días a Huitzilopochtli y Cortés escuchando misa, la Gran Tenochtitlán era el centro y capital de ese vasto territorio.


Encuentro entre Moctezuma y Cortés


La historia es la narración de hechos del pasado que generalmente tiene un impacto en el presente, y por lo tanto es bueno conocer esos hechos los mejor posible de acuerdo a las narraciones de su época, tal vez no puedan conocerse los hechos con toda precisión, pero si con bastante certeza investigando las diversas fuentes, pero existe un problema, muchas veces la historia ha sido secuestrada por los gobiernos y ha sido presentada más como una ideología que como un recuerdo de lo que sucedió, y trágicamente en México se nos ha manipulado por intereses políticos de una forma que ha sido un factor que en lugar de impulsarnos a ser una nación exitosa nos ha llevado a ser una nación que hoy se encuentra en una situación crítica, y el inicio de esa concepción parte desde la forma como se nos presenta el inicio de nuestra nación, con la imagen de que nacimos bajo la mentalidad de que somos unos conquistados y sometidos por un invasor extranjero. Ahora haremos algunas reflexiones sobre nuestro origen.

El ocho de noviembre de 1519 se vive un hecho del cual no hay otro semejante en toda la historia universal, trasladémonos con la mente y el corazón vivos y seamos testigos de este hecho en donde se encuentra un hombre que hasta hace poco no era nadie, con un personaje que era tal vez el hombre más poderoso de su tiempo, porque no era solo el dueño de un gran imperio, sino una especie de semidios al que nadie se podía dirigir si no era con su venia plena, nadie lo podía mirar de frente sin exponer su vida, y aún con permiso debería hacer tres profundas reverencias y decir: “Señor, señor, gran señor”. Pero era además el encuentro del Dios de los cristianos con los dioses de la América, era el encuentro de los hombres barbados con los de bronce, era el encuentro de los que surcaban el mar llenos de ambiciones entremezcladas con ideales religiosos con los que vivían en un gran imperio, pero que llevaban una vida un tanto melancólica sumergidos en una religión sangrienta, era el encuentro de dos mundos que hasta hacía pocos años ni siquiera se habían imaginado que existiera el otro. Desde el 12 de octubre de 1492, en que otro soñador, el almirante don Cristóbal Colón descubría lo que sería su paraíso o su pesadilla, no había ningún otro suceso que se pudiera comparar a este descubrimiento.

Los corazones de miles de hombres latían apresuradamente, ninguno sabía lo que podría pasar al instante siguiente. Moctezuma se había preparado honrando por varios días a Huitzilopochtli y Cortés escuchando misa, la Gran Tenochtitlán era el centro y capital de ese vasto territorio.

Cortés ya desde lejos había admirado la gran ciudad, más grande en extensión que cualquiera de España, en su marcha se detuvo a la entrada de la calzada evaluando la situación desde su caballo, sus soldados lucían sus brillantes armaduras, sus relucientes espadas y lanzas, y lo acompañaban sus aliados indígenas, los Tlaxcaltecas se sentían felices de ser recibidos en la ciudad de sus grandes enemigos, miles de canoas lo miraban con curiosidad, tomó el mayor riesgo y sabiendo que de una actitud puede derivarse el triunfo o la derrota con gallardía envidiable sacudió las riendas y hundió los talones en el caballo para seguir adelante. Multicolor espectáculo, donde estandartes de todos colores lucían en el magno desfile. Seguramente los cuatrocientos españoles y los seis mil tlaxcaltecas, aunque lo disimulaban muy bien estaban temblando de miedo, estaban entrando en la inexpugnable, orgullosa e invencible capital azteca y se dirigían a ver al personaje más extraordinario de todas esas tierras, conocido por su gran valor.

Fueron apareciendo nobles de diversos rangos, pero todos muy elegantemente ataviados con plumas y joyas, hasta que por fin apareció Moctezuma con Cacama y Cuihtláhuac todos incluidos estos grandes señores iban descalzos, excepto Moctezuma que lucía sandalias con suelas de oro y correas de piel adornadas con piedras preciosas. Cortés desmontó ante el monarca y pretendió saludarlo con un abrazo, Cacama y Cuitláhuac se lo impidieron con energía. Espléndidamente ataviado el monarca lucía un poco cansado, ya alejado de las batallas en que anteriormente tanto participara, ambos se miraron con detenimiento.

Moctezuma dijo a Cortés honrando la tradición hospitalaria de recibir a los invitados importantes con mucha cortesía: Habéis llegado a vuestra casa México, ni estoy dormido ni soñando: con mis ojos veo vuestra cara y vuestra persona. Días ha que yo esperaba esta. Días ha que mi corazón estaba mirando aquellas partes donde habéis venido de entre las nubes y de entre las nieblas lugar a todos escondido. Esto es por cierto lo que nos dejaron dicho lo reyes que pasaron… seáis muy bien venido”. Cortés interpretó este discurso casi como si Moctezuma le cediera su casa, pero como ya lo dijimos, era más bien una tradición.

Hernán Cortés no podía rivalizar con Moctezuma II en cuanto a su origen, ni en cuanto a su estatus utilizando términos modernos, pero tenía algo que lo haría ser uno de los grandes capitanes conquistadores de la historia; genio, determinación y un valor a toda prueba.

Estamos acostumbrados por la historia oficial de México, que es casi exclusivamente la que conocemos la mayoría de los habitantes de este país a menospreciar o a despreciar a Cortés, y eso es un error histórico enorme, si Moctezuma, como lo he venido describiendo era el Gran Emperador, Cortés será quien derrote al casi semidiós, y lo hará basado en su genialidad y valor.

Cortés no disponía de un poder ilimitado, ni era adorado por millones de súbditos, pero tenía ideas muy claras, no quería ser uno más de los colonizadores del Nuevo Mundo, es de esos seres humanos que saben que están destinados para dejar huellas en la historia. Quería fama y gloria y además ser un factor determinante en la extensión del cristianismo.

Esos terribles complejos que hemos heredado los mexicanos nos han impedido reconocer el papel fundamental que tiene Cortés en la formación de nuestra patria, y aunque el destino enfrentó de una forma trágica a Moctezuma y a Cortés, ambos forman una parte central de nuestro patrimonio histórico y cultural.

Hernán Cortés no era un salvaje iletrado como algunos lo presentan, había estudiado el bachillerato en Salamanca y salió para América cargado de sueños. Ningún hombre puede vivir fuera de su época y de su entorno, y Moctezuma y Cortés vivían en la misma época, pero en ambientes totalmente diferentes, y esto sería clave para el desarrollo de los acontecimientos.

Transcribo unos renglones de José Fuentes Mares sobre la personalidad de Cortés: “Tipo de muchas caras, porfiado, seguro de contar con Dios a su lado, Cortés fue ante todo un actor excepcional, simulador fuera de serie … Cuidadoso en el cultivo del amigo, inclemente con el enemigo… Único en la multiplicidad, múltiple en la unidad de su ambición sin límites, cabe hablar de tantos corteses como las circunstancias lo aconsejaron. Blanco de mil acechanzas, no hubo trampa india o blanca donde cayera. Nadie como él combinó perdones y castigos, y nadie como él fue objeto de perdones y castigos. Muy pocos jugaron más con las pasiones de los demás, y muy pocos han sido heridos por las pasiones ajenas. Varón excepcional, de los que nacen para llenar de guerra las almas… fue sobre todo el primer mestizo de Tierra Firme; primer bípedo con cerebro europeo y corazón americano… creo que Cortés fuera, antes de otra cosa, un predestinado, pues su genio no basta para explicar sus hazañas. Fray Juan de Torquemada acentúa que al momento de nacer nuestro hombre en Medellín nacía Martín Lutero en Eisleben villa de Sajonia, éste para turbar al mundo y meter debajo de la bandera del demonio a muchos fieles que de padres y abuelos y mucho tiempo atrás eran católicos; aquél para traer al gremio de la Iglesia Católica Romana infinita multitud de gentes”.

Me gustaría hacer hincapié en este hecho, tenemos en nuestra historia a dos personajes a la altura de cualquier otro de la historia universal: “Moctezuma II y Hernán Cortés”.

Los grandes conquistadores de la historia, Alejandro, Julio César, Napoleón, nunca se caracterizaron por ser hombres suaves, y Cortés tampoco será la excepción, así como Moctezuma o los guerreros mayas tampoco lo fueron cuando consolidaron la grandeza de sus civilizaciones, y sin embargo han pasado a la historia como grandes personajes. Aquí en México los historiadores de corrientes oficiales y revolucionarias se han dado a la tarea contraria, queriendo favorecer un indigenismo que además como ya lo hemos dicho en la práctica resulta totalmente falso aún por quienes lo han impulsado, pues lo usan como posición ideológica, pero hay que decir con toda claridad que en este territorio habían muchos pueblos sin ninguna idea de unidad, por lo tanto no hay propiamente una historia mexicana antes de éstos acontecimientos, hay una historia de pueblos originarios con diferentes culturas, tradiciones y religiones, con un imperio azteca dominante que tenía sometidos a muchos de estos pueblos, lo que supo aprovechar Cortés, pero nuestra historia empieza con este acontecimiento, y debemos nuestro origen a estos dos grandes personajes que deben ser reivindicados, y debemos reconocer que somos orgullosos descendientes de los pueblos originarios del territorio que hoy es México y de los españoles, nuestro origen no es de conquista porque México no existía como tal y por lo tanto nuestra mentalidad no debe ser de conquistados, sino del fruto de la fusión de dos grandes pueblos de su época y otros más también muy destacados.

 

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