El socialismo, un mal producto que se vende bien

La política muchas veces se convierte en un mercado, donde gana el que tiene mejor mercadotecnia y publicidad para presentar sus ideas y su imagen.


Mercadotecnia comunista


Un producto se vende muchas veces bien o mal, más que por su calidad o por su utilidad por la mercadotecnia o la publicidad que se hace sobre el mismo, sin embargo, a la larga los malos productos acaban siendo olvidados y conducen a las empresas a tener pérdidas y en casos extremos hasta llegar a quebrar, aunque se lleguen a corregir los defectos de origen.

En el caso de la política, aunque esta debería ser una actividad destinada al servicio de los ciudadanos para buscar siempre mejorar y vivir en un ambiente de justicia, de seguridad y de oportunidades equitativas, en la práctica sin embargo, muchas veces se convierte en un mercado, donde gana el que tiene mejor mercadotecnia y publicidad para presentar sus ideas y su imagen.

Hablando en cuanto a sistemas políticos los expertos en el tema pueden presentar muchas alternativas, pero para los ciudadanos de a pie como somos la mayoría, nos podemos concentrar en los dos sistemas mejor conocidos y claramente antagonistas como son el capitalismo y el socialismo.

Para hablar sobre su origen me voy a remitir a una breve exposición del maestro Anacleto González Flores de allá por los inicios del siglo XX en donde decía:

“La teoría liberal llegó a sostener con Kant que la misión del Estado debe limitarse a procurar la coexistencia de los derechos, sin intervenir jamás en las relaciones especiales que ligan a los diversos grupos que forman el organismo social […] Pero por desgracia sucedió lo que era de esperarse: las clases proletarias víctimas del individualismo, y por lo tanto impotentes para triunfar de los fuertes en la lucha que constantemente se libra entre los distintos elementos que forman la sociedad, tuvieron que sucumbir, y los hechos han venido a poner en claro que esta teoría es funesta y por lo mismo hija del absurdo:

[…] y fue preciso formar otro sistema […] Y entonces surgió el socialismo y en tono solemne y al mismo tiempo terrible dijo: el individualismo, con la libre concurrencia, ha provocado la lucha entre el capital y el trabajo, y como se ha abandonado al proletariado a su debilidad, el resultado final ha tenido que ser contra este último. Pero ya no verán los siglos un espectáculo semejante ni pesará sobre los hijos del trabajo la tiranía de los capitalistas, y si hubo un día en que por miedo a la esclavitud económica se quiso que el Estado fuese un simple gendarme, en lo sucesivo la producción estará bajo su dominio y de este modo terminará la libre concurrencia, se reestablecerá en equilibrio y nadie lo romperá jamás […] El Estado regulará las relaciones del capital y el trabajo y en una forma tal, que la propiedad respecto a los elementos de la producción será colectiva y de ninguna manera individual […] Todo esto se dice muy fácilmente, no cabe la menor duda; pero no se realizará jamás porque es una utopía. Pero en fin, concedamos por un momento que la visión de Carlos Marx toma forma y que los elementos de la producción caen bajo el dominio del Estado […] Las generaciones de la época presente que han visto romper tantas tiranías […] ¿Tolerarán la organización de la sociedad según el criterio socialista? No, porque la libertad perecerá y el género humano jamás ha renunciado ni renunciará a la libertad”.

Así podemos ver que ninguno de los dos sistemas representa el ideal que la sociedad y los hombres buscamos para poder desarrollarnos, sin embargo, como se dice popularmente según lo antes expuesto, parece que el remedio al mal resultó peor que la enfermedad.

Es que si bien el sistema capitalista generó una serie de situaciones de injusticia, sin embargo, el llamado socialismo no solamente no las mejoró, sino que además las agravó, porque en general a los males les adicionó en muchos casos sistemas de gobierno autoritarios y hasta dictatoriales, y es que al concentrar todo el poder político, económico y financiero en unas mismas manos. Pese a eso fracasar en su intento de mejorar el nivel de vida, no le quedó más remedio que imponer el control de todo y de todos, y así vemos que el llamado mundo del sueño proletario presentó resultados muy adversos, si por ejemplo comparamos el nivel de vida que se tenía en Estados Unidos y países de Europa como Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Italia, Bélgica etc., contra los de la llamada Unión Soviética y sus satélites, a tal grado que tuvieron que prohibir que sus ciudadanos viajaran al llamado mundo opresor capitalista para ver las diferencias.

Y hoy se mantiene estas mismas situaciones, cuando vemos un resurgimiento del socialismo radical sobre todo en Latinoamérica, y vemos los resultados de países como Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, etc., dónde los gobiernos socialistas están siendo un fracaso rotundo, por no mencionar la ya conocida amarga experiencia cubana.

Sin embargo, vemos que la utopía socialista sigue siendo un mensaje muy atractivo, y prueba de ellos somos actualmente los mexicanos que votamos por un presidente y un partido abiertamente socialista, inscrito inclusive como miembro de la agrupación más radical de izquierda que es el llamado Foro de San Pablo, donde participan los partidos y agrupaciones más radicales.

Al desplome de la Unión Soviética y sus satélites, y al final la caída del emblemático Muro de Berlín, parecía que esta corriente política estaba muerta por todos sus antecedentes, sin embargo por no poca responsabilidad también del sistema capitalista que no ha podido establecer a nivel mundial un mejor nivel de vida, y en lo particular el caso mexicano y su último gobierno que se distinguió por su gran corrupción fue fácil de vender la utopía socialista, también por la falta de análisis y cultura política e histórica de nosotros los mexicanos, que en una forma verdaderamente mayoritaria colocamos en el poder al actual sistema y su ideología.

Y es verdaderamente importante darnos cuenta que esta ideología no es solamente económica, sino que va mucho más a fondo, porque influye sobre la forma de pensamiento, de actuación y de vida de la sociedad, proponiendo leyes sobre el aborto y la llamada ideología de género que van contra nuestras tradiciones familiares y sociales.

La concentración del poder y las acciones emprendidas van en línea con el llamado Foro de San Pablo, del cual forma parte activa Morena, y pretende una dominación del Estado sobre todo en cuanto a la libertad de la libre empresa, del libre trabajo, de la libre educación, de la inversión y hasta de la propiedad, lo que ya se va viendo claramente.

No se trata de defender a capa y espada al sistema capitalista; pero sí de buscar trabajar por un sistema que respete la libre iniciativa empresarial, la propiedad privada, la libertad de expresión y de educación, con un Estado que sea responsable de mantener el orden, de expedir leyes justas que protejan a todos, de tener un sistema de salud eficiente y digno, de brindar protección y seguridad, donde sociedad y Estado trabajen en la misma línea y con los mismos objetivos.

Pero aquí es donde se presenta el mayor de los retos: los ciudadanos debemos ser personas con una conciencia ética profunda y bien orientada hacia el bien común, porque el problema en el fondo no es el Estado, o la empresa, o las instituciones, sino las personas que los conforman, porque como decía el maestro Anacleto González Flores: “Se sabe y se ve que las sociedades perecen cuando el deseo de sacrificarse por los demás y la ley del amor son devorados por la fiebre del placer y por la hoguera del egoísmo y se quiere volver a los hombres al sistema único que ha sabido hacer del amor a la humanidad un deber ineludible y una de las más hermosas virtudes, se sabe que es necesario reconstruir totalmente al hombre interior y al hombre exterior y que, este, aparte de ser ciudadano, debe ser una verdadera unidad social y que para esto urge que las energías de la sociedad vuelvan al cauce del orden y que el talento, la riqueza, la propiedad y el poder sean fuente rica e inagotable de luz de justicia y de bienestar para todos, se ha llegado a comprender que solamente así será posible contener la corriente desbordante de las revoluciones e inaugurar una verdadera era de paz en el mundo”.

 

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