Sin la transformación humana no hay transformación social

Para poder gozar de la libertad siempre estaremos sometidos a pruebas, tanto personales como sociales, y solamente enfrentándolas, no rehuyéndolas podremos conservar y disfrutar de esa libertad.



El 1° de abril de 1927 fue hecho prisionero un hombre extraordinario en compañía de otros mexicanos admirables; Luis Padilla y los hermanos Jorge y Ramón Vargas González, sus amigos y discípulos que por defender la libertad fueron cruelmente ejecutados sin juicio alguno por el gobierno del presidente Calles, es triste que un episodio tan cruel y heroico al mismo tiempo sea tan poco conocido, lo mismo que sus protagonistas, y en un momento histórico como este sería muy bueno impulsar conocer a personajes que se comprometieron hasta dar la vida por la libertad y la grandeza de México.

Anacleto González Flores representa la figura de un ciudadano extraordinariamente completo, y aunque es más conocido en el medio religioso, en realidad su lucha cívica, social y política y comprometida con todos los valores humanos lo hacen un personaje para todos los mexicanos, ya que luchó dentro de lo humanamente posible para crear una sociedad justa y libre, proponiendo que los ciudadanos lo lograran con responsabilidad y trabajo, sin la óptica de la verborrea política de todas las corrientes que hemos conocido, cualquiera que sea la denominación que sus dirigentes y propagandistas quieran darle y, que no nos han traído a una situación de progreso real y justo para todos, sino a un mundo de promesas que jamás se cumplen.

Pero uno de los puntos sobre los cuales partía “El Maestro”, que así se le conocía en su época, es que lo primero que se debe de formar o de transformar es el hombre en sus más profundas raíces de la conciencia, para que así los vientos, las tormentas, los temblores o cualquiera otra fuerza a la que tenga que enfrentarse no lo dobleguen y lo mantengan con la vista fija en la meta que se ha propuesto llegar, y esta meta no sea con fines egoístas, sino que esté basada en el seguimiento de la verdad, la justicia y el bien, cosa desde luego nada fácil.

Como antecedente diremos que Anacleto proviene de la clase más humilde, pero con unos talentos sobresalientes que supo aprovechar cultivando su inteligencia y enfocando su alma hacia los mayores ideales humanos, abarcó en su formación la religión, el derecho que fue además su profesión, la literatura, la historia, la filosofía, desde los grandes filósofos de la Grecia antigua hasta sus contemporáneos como Marx o Friedrich Nietzsche, también el arte formaba parte de su patrimonio cultural y sobre todo el compromiso social y la búsqueda de todos independientemente de su nivel social o cultural, pero sobre todo comprendió que el hombre debe forjarse y construirse así mismo a base de esfuerzo y sacrificio, algo ya muy poco valorado hoy en día.

La libertad era uno de sus valores más preciados, y sobre el tema nos deja las siguientes reflexiones:

“La libertad considerada como poder psicológico, como fuerza efectiva, como libre albedrío, es intangible, no puede padecer ni caer jamás; pero considerada como cristalización de la justicia y del derecho en nosotros mismos y en las relaciones sociales y políticas, es casi siempre obra de la prueba… la prueba es elemento providencial que nos revela nuestra pequeñez. Nos da a conocer lo que verdaderamente podemos y valemos y nos empuja hacia la altura que dignifica y engrandece o nos precipita ruidosamente en el abismo en que se hallan los rebajamientos. La prueba y la libertad tienen estrecha relación de tal manera que rendirse ante la prueba es caer en esclavitud; crecer, agigantarse, erguirse serenamente ante ella, pasar sobre ella llevando el estandarte de la victoria, es ser libre de hecho, de verdad y no de nombre solamente”.

El texto nos lleva a la reflexión de que para poder gozar de la libertad siempre estaremos sometidos a pruebas, tanto personales como sociales, y solamente enfrentándolas, no rehuyéndolas podremos conservar y disfrutar de esa libertad.

En otras ocasiones hablará sobre la importancia de la libertad para el desarrollo pleno del hombre: “La libertad considerada en las relaciones que hay entre los hombres, es medio indispensable para que los corazones se pongan en contacto, para que las almas se encuentren y para que de este modo haya una efusión, un derramamiento de ideas y de afectos que despierten por todas partes el ansia de unirse estrechamente al bien, de practicarlo con apasionamiento desbordante”.

Es decir, primero tenemos que conquistar la libertad personal conquistándonos a nosotros mismos, y después asociarla a la de otros hombres libres para que este sea un elemento que permita el desarrollo pleno de una sociedad, por eso hablando de la historia de la humanidad plantea una perspectiva más profunda y trascendental sobre el tema: “… alentada y sostenida por el amor de Dios, a la justicia y a la libertad buscará a lo largo de su peregrinación dolorosa y difícil un sistema que conozca las verdaderas aspiraciones de los pueblos, que conozca profundamente la estructura de las sociedades, que esté en posición del verdadero concepto de la igualdad”.

En estos tiempos de profunda crisis que realmente nos plantean ya casi un estado de emergencia resultan muy útiles esta reflexiones en donde podemos concluir que no bastan los discursos políticos ni las buenas intenciones, sino que se requiere de un trabajo personal profundo para comprometerse con la libertad, primero por la más difícil que es la transformación personal para optar por una actitud de compromiso social, y después cada quien en lo posible, en su medio y en los aspectos que nos permite la sociedad y la ley participar activamente en las decisiones que sean claves para nuestra nación, de esa manera procuraremos poner al menos nuestro grano de arena en la marcha de este país para que nuestros hijos no hereden un México con una perspectiva borrascosa sino con un rayo de esperanza.


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