Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios

En la actualidad, los diputados, senadores, gobernadores, jueces, presidentes y primeros ministros se han dado a la tarea de ir asumiendo el papel de Césares que disponían de todo el poder para imponer su voluntad hasta sentirse dioses.



Es una frase de la Biblia que se ha hecho muy popular y socorrida por muchos políticos para manipularla a su entera conveniencia en un mundo donde el Estado, aún en los países llamados democráticos cada vez se apodera más de la vida de los ciudadanos en todos los aspectos de su vida, no solamente en las cuestiones económicas y legales sino aún en las personales y familiares. En la modernidad se considera que en el pasado la Iglesia impuso sus doctrinas y fue una limitante para la libertad y el desarrollo de las ideas, sobre esa línea hay un sentimiento general que Dios debe estar encerrado en sus templos y en las conciencias y, el Estado ocupar esos espacios, porque el vacío no existe en la vida, siempre es llenado por algo o alguien.

Encontrar la aplicación de esta frase en su justa dimensión no es fácil, pero muy importante para encontrar el justo equilibrio que es lo que permite que una sociedad se pueda desarrollar lo más armónicamente posible, donde se den las oportunidades a todos y éstas sean aprovechadas con libertad por sus ciudadanos en un ambiente de seguridad y de justicia.

Sin embargo en esta ecuación hay un problema y es que en estos tiempos modernos el Estado cada vez ha venido ampliando sus prerrogativas y sus diferentes miembros llámense diputados, senadores, gobernadores, jueces, hasta llegar a los presidentes y primeros ministros se han dado a la tarea de ir asumiendo el papel de Césares que disponían de todo el poder para imponer su voluntad hasta sentirse dioses, y ahora el papel que antes tenía la Iglesia de ser una guía moral se la han ido adjudicando estos personajes y cada vez legislan más sobre cuestiones que no solamente rigen sobre temas sociales, económicos, de seguridad, de impuestos, de relaciones comerciales, de salud y otras en donde es necesaria la participación del Estado como regulador y Juez, sino que cada vez intentan legislar más sobre los principios morales en los que las familias consideran que deben educar a sus hijos, y pretenden imponer legalmente y obligatoriamente conceptos sobre si se debe respetar la vida desde su inicio o arbitrariamente, sin ningún fundamento biológico o científico, determinar si se puede quitar a un ser humano la posibilidad de llegar a nacer dependiendo de cuantas semanas tiene de existir, y cada vez amplían más el período hasta prácticamente en algunos lugares pretender que mientras no haya nacido puede ser eliminada esta vida como si fuera simplemente una especie de tumor, así como determinar que se tiene que educar en la llamada ideología de género, y si no se acepta tal adoctrinamiento acusar a los padres de estar fomentando doctrinas de odio en sus hijos, o no permitir que se hable de lo que es biología pura en cuanto a que hay hombres y mujeres como un hecho de la misma naturaleza, y si se habla en términos religiosos acusar a los padres también de oscurantismo. etc.

Los valores tradicionales humanos y religiosos se han ido diluyendo por la influencia de los medios de comunicación globalizados y por los programas docentes que el monopolio educativo de los gobiernos ha venido implantando en casi todos los países que van de acuerdo a las tendencias políticas de quienes tienen el poder, y también de los grandes poderes económicos, y esto va derivando cada vez en mayores crisis que se manifiestan de diversas maneras en diferentes regiones, pero que alarmantemente vemos que se están reflejando en unos índices de violencia nunca antes vistos, como lo que acabamos de vivir en el fútbol en el estadio de Querétaro y vemos a diario en las noticias, pero también en la corrupción que padecemos y no solamente en el gobierno, la falta de solidaridad entre muchos de los ciudadanos, y no digamos la falta de políticos verdaderamente interesados en servir al bien común.

Me parece que requerimos repasar la famosa frase que encabeza este artículo para ver si no hemos dejado demasiados privilegios al César y requerimos regresar mayor espacio a Dios en nuestras vidas y en la sociedad para reflexionar en nuestra propia vida sobre la trascendencia de nuestra existencia y revisar los principios educativos sobre los que debemos trabajar en nuestras propias familias y, las facultades que el Estado pueda tener sobre la educación, que debe ir más de acuerdo con los principios de la sociedad, que sobre imposiciones de otros intereses políticos locales o internacionales, es decir debemos dejar la pasividad para tomar iniciativas y acciones que enderecen el rumbo por el que vamos, sobre todo considerando que el actual gobierno se basa sobre principios cada vez más autoritarios encarnados según declaración de ellos mismos en una sola persona.


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