Tiremos a la basura el concepto de conquistados

Se nos ha inculcado que somos el fruto de una conquista despiadada, por lo que seguimos fracasando como sociedad por la falta de unidad que ha traído como consecuencia una nación con cerca de 60 millones de pobres.



Conquistar lo que no existe, por lógica es imposible, cuando Cortés llegó a lo que hoy es México, nuestro país no existía como tal, pues México Tenochtitlán era una nación que no podemos identificar con el México de hoy.

La historia victoriosa de los aztecas es apasionante y puede ser analizada según los cánones actuales como una historia de éxito, pues ellos llegaron a instalarse en esta región central cuando otros pueblos estaban ya plenamente establecidos, y por lo tanto fueron tributarios, y después se transformaron en los dominadores no solamente de esta región, sino de un amplio territorio en un espacio de tiempo muy corto, creando una espléndida ciudad.

Como en todas las historias de éxito habrá que decir que existió un cerebro genial que fue Tlacaélel, creador de la visión místico-guerrera que los hizo invencibles, y brillantes y valientes ejecutores de la idea hasta culminar con Moctezuma II, cuya espléndida corte sorprendería a los europeos. El territorio que actualmente ocupa México era un mosaico multinacional, que no podía ser identificado sólo con los aztecas como lo hacemos hoy cuando decimos, por ejemplo: la selección azteca, el país azteca, etc. Eso sería muy ofensivo para los tarascos, los tlaxcaltecas, los otomís, los cholultecas, los chichimecas, los mayas, y decenas de pueblos más que no sólo no se identificaban con el imperio, sino que lo consideraban un verdadero enemigo y un tirano.

Es indudable que había muchas cosas notables en la vida de estos pueblos, pero no se puede ocultar que tampoco era un paraíso y que existía una gravísima desviación intelectual y moral al hacer depender de los sacrificios humanos la existencia de todo el orden universal.

Dentro de este mosaico cultural existían también otros pueblos con diferentes grados de desarrollo cultural y otros que los mismos aztecas consideraban bárbaros, con prácticas terribles y una forma de vida verdaderamente primitiva, muy lejana a ese mundo prehispánico que muchos nos presentan como un edén que vinieron a destruir los españoles.

Juzgar la historia fuera de su contexto, es decir de la forma de pensar y ser de las sociedades según su tiempo y hacerlo como si fueran parte del presente, es una manera de analizar equivocadamente. Así hemos creado un estereotipo donde parece que lo peor que nos ha sucedido fue la conquista, pero hay multitud de hechos en esa época que debemos tener presentes para colocar esta historia en su justo contexto, tan sólo me permito poner a manera de ejercicio para la imaginación lo que hubiera sucedido si Cortés y Moctezuma hubieran tenido la oportunidad de entrar al túnel del tiempo y echar un vistazo a algunos hechos del siglo XX: Revoluciones en Rusia y en México, dos guerras mundiales con millones de muertos, bombas atómicas arrojadas sobre poblaciones inermes en ciudades desarmadas donde habitaban mayoritariamente mujeres, niños y ancianos, dictaduras como la de Stalin con 50 millones de muertos de su propia nación, guerras en Vietnam y Corea, invasiones en Irak, terrorismo contra personas totalmente inocentes, campos de exterminio, el aborto como asesinato muy bien visto por una gran parte de la sociedad y hasta declarada derecho, etc. Creo que ambos personajes hubieran pedido que el futuro no llegara nunca.

Nos han enseñado a contradecir nuestro propio origen y a odiar lo hispano que es lo predominante en nuestra cultura, empezando por la lengua, la religión, la arquitectura de nuestras ciudades y pueblos mágicos, la comida y muchas cosas más, para crear un culto falso a los indígenas del pasado, porque después de doscientos años de gobiernos mexicanos los indígenas del presente siguen en condiciones muy marginales y en muchos casos de miseria.

Moctezuma es el personaje culminante de las culturas prehispánicas, que se desmorona víctima de sus propias creencias, nunca por cobardía como se le ha presentado. Cuauhtémoc aparece en el último minuto como héroe, y en verdad lo es, pero no es comparable en grandeza ni en significado con el trágico Moctezuma II para explicar la historia del mítico imperio azteca.

Los hechos narrados reales no ideologizados hablan de Cortés como personaje y genio de la historia. Convencido de su destino, audaz, valiente, estratega genial, hombre con mucha suerte y con los defectos característicos de los grandes conquistadores donde muchas veces aflora la crueldad y la violencia, pero a final de cuentas un visionario.

Se nos ha enseñado una visión destructiva y acomplejada de nuestro origen nacional, exactamente en el sentido opuesto de lo que hizo Tlacaélel para hacer de los aztecas una nación victoriosa, se nos ha inculcado que somos el fruto de una conquista despiadada, y así nacidos según esta teoría de la derrota, seguimos fracasando en muchos de nuestros objetivos como sociedad por la falta de unidad que ha traído como consecuencia una nación con cerca de 60 millones de pobres.

Pero aún con el genio de Cortés la conquista hubiera sido imposible sin la participación mayoritaria de “los otros mexicanos”, o sea de la multitud de pueblos que siguió a Cortés para vengar las afrentas que el imperio les había impuesto, dicen algunos historiadores serios e independientes del oficialismo histórico que la conquista fue hecha por los indígenas y la independencia por los españoles.

Los mexicanos provenimos de muchos pueblos prehispánicos y de los españoles, que en un momento histórico “el destino” enfrentó y unió en forma dramática para dar un giro a la historia donde se terminaría una era y empezaría otra nueva.

Cortés, Malintzin, y sus aliados indígenas y los derrotados en ese momento, los aztecas, fueron los iniciadores de esta nueva nación, y a partir de ese momento, con muchos esfuerzos y durante la colonia se irá empezando a dibujar el nuevo esquema de lo que constituirá México. La caída de Tenochtitlán, dolorosa y heroica, es como el momento del parto, se inicia una vida, pero no hay posibilidad alguna de conocer cómo será de adulto, tiene todo el potencial, pero mucho dependerá desde cuestiones como la alimentación, los cuidados médicos, la educación y el amor que se le den para que pueda llegar a la plenitud como persona, plenitud que nuca logrará si desde que nace se le inculca odio y desprecio ya sea al padre o a la madre porque será siempre un ser acomplejado e incompleto.

Esto es lo que le ha sucedido a México, nos han enseñado a odiar a uno de nuestros progenitores y a sobrevaluar al otro, y nos han mutilado psicológicamente. ¿Cuánto daño nos ha causado esa torpe presentación de nuestro origen que además es históricamente falsa? ¿No deberíamos estar orgullosos de Cortés y de Moctezuma y de Cuauhtémoc como representantes de parte de nuestra naturaleza y encontrar una estatua de ellos por igual en toda la nación?

Desde luego después de la caída de Tenochtitlán muchas heridas profundas quedaron abiertas y muchas nuevas ambiciones se despertaron, no parecía que había nada que pudiera aglutinar a esta gran cantidad de pueblos que vivían en este territorio ahora sin el yugo conductor de los aztecas ni entre sí ni con los nuevos directores de los destinos de la nación venidos de España. Ni cultura, ni lengua ni tradiciones, ni raza podían servir de unión.

Sería imposible desde luego que sólo por coacción de unas leyes que venían del otro lado del mar se pudiera ir conjuntando una nueva nación. Tuvieron que venir personajes fuera de serie y fuera de la política para lograr sembrar un punto común de unión para que fuera la base del México Nación, los mexicanos los hemos olvidado y políticamente nos resultan incómodos y hasta inaceptables en esta época y que son los misioneros, que por una parte contuvieron con valor las desmedidas ambiciones de muchos de los conquistadores y por otro con mucha paciencia y entrega fueron llevando el mensaje del evangelio al alma de los indígenas, además fueron los grandes recopiladores de mucho de lo que conocemos del México prehispánico, ya que no sólo eran predicadores del evangelio, muchos de ellos eran también hombres de ciencia y de arte.

Y no podemos olvidar el evento Guadalupano, para los católicos un milagro, para los no creyentes un hecho que es históricamente muy relevante, a tal grado que fue el símbolo utilizado por Hidalgo y fue también como un emblema nacional de identificación de los mexicanos por muchos años.

Fue hablando desde un punto de vista cultural y no sólo religioso el Evangelio el único puente en torno al cual se fue creando una nueva nación. Esta realidad cultural es otra de las realidades que la historia oficial a desvirtuado.

Tiremos a la basura el concepto de que fuimos conquistados, porque no todos los mexicanos somos exclusivamente descendientes de los aztecas, como mexicanos procedemos de la combinación de la multitud de naciones que vivían en esta maravillosa tierra y de su fusión con los españoles.

Procedemos de naciones orgullosas y victoriosas, representantes de lo mejor de su época, sintámonos orgullosos de nuestra procedencia completa, prehispánica y española y emprendamos una campaña donde nunca se vuelva a decir que alguna vez fuimos conquistados.

 

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