Las oportunidades pasan

La vida está llena de oportunidades que no vemos por estar ocupados o porque no queremos salir de nuestra zona de confort y arriesgarnos para probar algo nuevo.



Podemos fácilmente caer en una rutina de vida, en la cual realizamos nuestras actividades por inercia, sin pensar, pero sobre todo sin ser conscientes de que como seres humanos tenemos un abanico de caminos.

Nos sentimos tan agobiados por nuestras obligaciones y miedos, nos aferramos a lo que tenemos sin contemplar otras alternativas.

Nuestra vida está llena de oportunidades que pasamos por alto, que no vemos por estar ocupados, o bien, no nos conviene verlas, porque implican salir de nuestra zona de confort y arriesgar para probar algo nuevo.

Incluso en tiempos de crisis, como las que estamos viviendo, surgen las oportunidades. Pero para poder verlas, hay que dejar de pensar en clave de limitaciones para empezar a pensar en clave de posibilidades.

Winston Churchill afirmaba: “Una persona optimista es aquella que ve una oportunidad en toda calamidad; una persona pesimista es quien ve una calamidad en toda oportunidad”.

Si solo te resignas a lo conocido y no te atreves a poner en marcha tus sueños, estás limitando tus posibilidades. En cualquier momento puede presentarse una oportunidad que cambie tu vida.

Algo muy cierto: pasan delante de nosotros, pero no vuelven, Si no las aprovechaste, las perdiste. Considero que el verbo hubiera, no debía existir. Los verbos: hubiera, podría, tendría… no nos llevan absolutamente a nada, más que a justificarnos por no haber aprovechado una buena oportunidad.

Si revisamos las biografías de los grandes inventores, veremos que muchos de ellos no tuvieron una vida fácil. Tal vez fueron las mismas dificultades que padecieron lo que les hizo especialmente soñadores, empujados a imaginar una realidad mejor que la que habían conocido.

Todos los hombres y mujeres que han logrado grandes cosas… han sido grandes soñadores.

Te platico de un caso muy significativo. Graham Bell que en 1876 patentaría un aparato tan insólito como revolucionario: el teléfono. Su infancia estuvo marcada por la temprana sordera de su madre, para quien la familia inventó un lenguaje de signos. El interés por la comunicación hizo que Graham estudiara acústica y fuera un experto ventrílocuo, además de aprender a tocar solo el piano.

Sus dos hermanos ya habían muerto de tuberculosis cuando Bell se centró en la experimentación con la electricidad para transmitir el sonido.

Todos sabemos adónde condujeron sus esfuerzos, puesto que utilizamos diariamente el teléfono de una forma u otra. En un primer momento fueron muchos los que dudaron de la utilidad del invento. Hubo quien incluso lo calificó como un aparato sin valor con el que nadie desearía comunicarse, pues ¿quién querría hablar con alguien a quien no veía?

Te invito a que no te quedes en tu zona de confort, en tu rutina diaria. Mejor atrévete a soñar alto, siempre con los pies en la tierra, y cuando se te presente una buena oportunidad: no dejes pasarla.

Y si te equivocas, no pasa nada, aprenderás y no lo volverás a repetir. De lo que si estoy segura es que podrás arrepentirte de grandes posibilidades que has dejado pasar.


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