Rescatemos el Tepeyac

Revisando el decreto original, con objeto de establecer la ruta que debe seguirse para su rescate y conservación, observamos una serie de datos contradictorios y difíciles de entender. Para empezar, el polígono de la superficie del parque nacional nunca incluyó al cerro del Tepeyac ni la totalidad de los cerros que lo conforman.


Imagen del Parque Nacional del Tepeyac


El Parque Nacional El Tepeyac se encuentra invadido y prácticamente destruido. Es una vergüenza que el decreto presidencial de 1937 que ordenó la creación del parque nacional durante la presidencia de Lázaro Cárdenas del Río haya sido violado y olvidado prácticamente desde su promulgación.

Revisando el decreto original, con objeto de establecer la ruta que debe seguirse para su rescate y conservación, observamos una serie de datos contradictorios y difíciles de entender. Para empezar, el polígono de la superficie del parque nacional nunca incluyó al cerro del Tepeyac ni la totalidad de los cerros que lo conforman. De manera inexplicable, la línea que lo delimita por el norte sólo incluye la mitad de los cerros del Gachupín, del Guerrero y de Santa Isabel.

En 1939, sólo dos años después de la publicación del decreto y siendo todavía presidente el general Cárdenas, de manera inexplicable se inició la explotación de una cantera para materiales de construcción que separó a los cerros del Tepeyac y del Gachupín, formando un tajo por donde hoy pasa el Eje 5 Norte-Cantera. Deliberadamente se destruyó un paso natural de peregrinaje a través de la Sierra de Guadalupe de mucha gente procedente de Cuautitlán, Tultitlán y Coacalco.

Esta acción imperdonable nunca fue atendida por los subsecuentes gobiernos y por el contrario, las invasiones de asentamientos irregulares y la destrucción del parque nacional continuaron hasta llegar a una situación verdaderamente lamentable.

Tepeyacac (Tepeyac) en náhuatl significa “extremo” o “punta” y se refiere a la última porción de una serranía que terminaba justo en el gran Lago de Texcoco.

Apenas unos años después de fundada la ciudad de Tenochtitlán, en el año 1325 en un islote al poniente del Lago de Texcoco, se construyeron calzadas desde la isla hasta la tierra firme. Entre los años de 1325 y 1420 se inauguraron las calzadas de Tacuba, Nonoalco y Tenayuca. Hacia el año 1470 la de Coyoacán y en 1490, antes del arribo de Colón a tierras continentales, ya existía la calzada de Tepeyacac.

Esta última unía Tlatelolco con el cerro del Tepeyac, misma que hoy conocemos como la calzada de Guadalupe. Era una ruta muy importante porque en el cerro del Tepeyac los mexicas adoraban a la diosa Tonantzin que en náhuatl significa “nuestra madre venerada” o también “madre de todos los dioses” y “madre de todos”.

Corresponde al mismo sitio donde el 9 de diciembre de 1531 el indio Juan Diego, procedente de la comunidad de Tulpetlac, cuando se dirigía a Tlatelolco, tuvo las apariciones de la Virgen de Guadalupe. Desde entonces, El Tepeyac, independientemente de creencias religiosas, es un sitio donde todos nos identificamos y unimos como mexicanos.

Un grupo de estudiosos urbanistas, historiadores, arquitectos, ingenieros y ambientalistas nos hemos unido para sumar y coordinar los esfuerzos de muchas personas y asociaciones que buscamos juntos rescatar el Parque Nacional El Tepeyac y la Sierra de Guadalupe, con objeto de reconstruir los pasos de Juan Diego y a la vez, revitalizar y mejorar la Villa de Guadalupe en un proyecto muy ambicioso que hemos llamado “Camino de Juan Diego”.

 

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