El ““Chapo”” y la cuatroté

Después de la fuga de miembros del Cártel de Sinaloa en un penal de Ciudad de México ¿significa existen nexos de los colaboradores de AMLO, de su gobierno, con el “Chapo”? Con seriedad, no hay manera siquiera de insinuarlo.


Cuatroté 


Para desgracia del gobierno de López Obrador, el nombre del “Chapo” lo va a perseguir como lo hizo con otros gobiernos. Si el gobierno de AMLO ha festinado con fanfarrias las acusaciones de la justicia estadounidense contra García Luna, de recibir sobornos del “Chapo” para operar, es muy probable que la fuga de subalternos del peligroso narcotraficante de un penal de la CDMX –gobernada por Morena– quede vinculada a la cuatroté, junto con los sucesos de Culiacán, en los que ese grupo de criminales liberó al hijo de Guzmán, en una operación paramilitar que le dio la vuelta al mundo.

¿Significa esto que hay nexos de los colaboradores de AMLO, de su gobierno, con el “Chapo”? Con seriedad, no hay manera siquiera de insinuarlo. Pero es claro que la ineptitud del gobierno en materia de seguridad, la carencia de una estrategia eficaz y el pavor que tienen para hacer valer su papel de autoridad ante los criminales, ha sido aprovechado de manera sistemática y eficiente por parte de los grupos que conforman la delincuencia organizada.

La fuga de destacados miembros del Cártel de Sinaloa hace un par de días, ha sido otra de las efemérides que documentan la inusitada exhibición de fuerza que ha hecho esa organización delictiva en tan sólo unos meses. Si la “toma” de Culiacán por parte del cártel sinaloense, que concluyó con la liberación del hijo del “Chapo”, fue un escándalo, la fuga no se queda atrás, y no por su espectacularidad, sino, al contrario, por su simpleza. Es, quizá, una de las fugas menos espectaculares de que tengamos noticia en las últimas décadas. Ni siquiera tuvieron que brincar una reja o esconderse disfrazados.

El presidente López Obrador dijo que lo de la fuga estaba “muy raro ¿no?”, pero, al parecer, no es raro lo que está pasando: al esconderse la autoridad, al escoger la inacción como estrategia de combate, quienes están del otro lado eligen salir y tomar acciones, lo mismo responder un ataque, liberar a uno o fugarse para no ser extraditados. Lo que está raro es que el gobierno no los combata, que a situaciones alarmantes, como la evasión de los reos mencionados, el titular de Seguridad diga que las fuerzas criminales “se están reacomodando”.

Los penales son un problema añejo en nuestro país. Las riñas colectivas, que normalmente acaban con muertos y decenas de heridos, los amotinamientos violentos, la venta de cada espacio y beneficio que se logre en los penales, que son fruto de la corrupción; la extensión que se practica adentro y afuera de los reclusorios, las bandas criminales que prácticamente administran varias cárceles, no son problemas nuevos que se le deban adjudicar a los nuevos gobiernos de Morena. Sin embargo, hay que subrayar que no entraron al gobierno hace dos semanas, que llevan más de un año y que, en general, sus resultados en seguridad dejan mucho que desear, y que, día con día, se agrava la situación.

Por lo pronto, los adversarios de la cuatroté ya tienen cómo ligar al “Chapo” con este gobierno, cosa que en el pasado los de Morena hacían con singular alegría. La vida da vueltas.


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