El gobernador contra la candidata

En Chihuahua, el gobernador panista Javier Corral está en contra de la candidata panista María Eugenia Campos, quien desea gobernar esa entidad.



Como en cualquier otro tema del acontecer nacional, el presidente se lleva la marca del asunto que sea. Él mismo se mete y trata, la mayoría de las veces con éxito, de controlar el tema y manejarlo a su favor. En ese sentido, muy pocas cosas no le han salido. El tema de las mujeres claramente le opera en contra. Básicamente por su necedad, él solito ha decidido pelearse con ellas, menospreciarlas como personas y ningunear su movimiento. Lo cierto es que el presidente no entiende la dimensión del problema.

Es tal el pleito que trae, el coraje que le da un movimiento auténtico en el que no está metido liderando y que no le agradece absolutamente nada, sino que al contrario, le reclama su cerrazón, que ha opacado lo mal que están las cosas en otros lados. El caso de Salgado Macedonio, por la gravedad de las acusaciones en su contra, es un tema central sobre las mujeres y las elecciones, las mujeres y los partidos. Es, inevitablemente, un rasero para Morena y el presidente. Las demandas de las mujeres tampoco pueden ser contestadas por algún partido político que desde hace tiempo permanecen escondidos sin decir nada, señalados por el poder y despreciados por la sociedad. Pero tampoco tienen mucho qué presumir sobre la temática femenina.

En Chihuahua se vive un caso de acoso político, de violencia política de género. Se trata del gobernador panista en contra de la candidata panista a gobernar esa entidad: Javier Corral contra María Eugenia Campos. Corral hizo todo lo que pudo para que Campos no ganara la elección de su partido. Para eso postuló a un hombre rancio como Gustavo Madero. Ambos emprendieron una campaña de desprestigio en contra de su compañera. María Eugenia tiene todo para que le teman: es popular, ha ganado con votos dos veces la alcaldía de la ciudad de Chihuahua y tiene ahí una aprobación por arriba del 60%, mientras que Corral está abajo del 35% de aceptación entre sus gobernados. Las encuestas tienen tiempo que marcan a Maru como la posible ganadora de la elección para gobernar el estado. ¿Quién es su peor enemigo? No sus adversarios, sino un hombre de su partido: el gobernador.

Quien conoce a Corral sabe que se trata de alguien de mala entraña, un hombre proclive a la traición, incapaz de la menor lealtad para sus cercanos, un hombre inteligente pero amargado, sagaz y a la vez mezquino, de retórica aguda, pero de alma retorcida; un macho con las mujeres como Maru Campos que luchan por ganar, pero un cobarde con los poderosos como López Obrador a quien incluso le ha horneado “galletitas” en su casa. Durante cuatro años, Corral ha hostigado a Maru Campos. Abiertamente ha dicho que la va a meter a la cárcel, ha puesto al aparato de gobierno estatal en contra de ella, usó la estructura del partido y gubernamental para ganarle la elección y aun así Maru le ganó ampliamente. Una y otra vez Campos ha ido a defenderse legal y políticamente también. Pero Corral insiste en su venganza. ¿Y qué dice la directiva del PAN? ¿Qué dice el PAN ante la violencia política de su compañero de partido en contra de una militante? ¿Qué dice la directiva del PAN de la ofensiva de un gobernador contra la candidata de su partido? ¿Qué dice la directiva del PAN de los desplantes de macho de Corral frente a la lucha de una mujer como Campos que le ha ganado todas? Nada, en el PAN no dicen nada.

Cierto, los vientos huracanados que provoca la candidatura de Macedonio son inadmisibles, pero en el PAN también hace aire.

 

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